- Que algunos que se negaron a firmar, por ejemplo, el pronunciamiento de Teatristas por la democracia, lo hayan querido hacer cuando ya los resultados de las elecciones eran inobjetables. Es decir cuando ya estaba acabada esa situación, y la lista para siempre cerrada.
- Que gente de cultura ahora crea que es posible hacer colectivos de todo, sin programa: botemos a Keiko, peguemos a Alan, salvemos la tierra. Es un "activismo" que se ha quedado fosilizado, que está bien, pero que me temo que no conducirá a solucionar la aguda falta de representatividad que las elecciones evidenciaron.
Cuando muchos alegamos que hay que seguir siendo vigilantes y giuardianes y etc. dudo que eso se deba traducir en organizarse como piquetes virtuales de ataque a la gente, como palomillas de ventana. Hay que pensar en formas de organización gremial: sindicatos, uniones, asociaciones. Punto. Lo demás es recurso de urgencia, cuando no, perdonen, simple pajazo.
-Que algunos de los que sienten que fueron protagonistas de la "gesta pro democrática" (gesta bastante menos santa de lo que aparece y algo huachafa en las redes) ahora busquen legitimarse con ese crédito, o sea, decir "pero nosotros sí fuimos frontales, pero yo sí me manifesté". Absurdo. El único crédito posible es el hay que otorgar a la gente que votó, 500 mil votos de diferencia! en favor de Humala, o en contra de Keiko, nunca lo sabremos.Ellos hicieron el cambio. Relativizo la influencia de las redes y blogs en ese efecto, la verdad.
-Que por ejemplo señoras y señores que se escondieron bajo siete polleras para no hacerse cargo de su responsabilidad gremial en nombre del teatro independiente, o de los artistas e intérpretes, ahora se manden a decir que forman parte de un frente cultural del nuevo partido de gobierno. Esto ya no solo es absurdo, es indignante.
-Que pasada la elección, y sentido el alivio de no haber elegido a la mafia fujifascista, ahora no estemos tratando de discutir EN SERIO por qué Humala no tiene un plan de trabajo cultural, y proponer desde organizaciones gremiales democráticas de trabajo cultural (no, no esas de vacas sagradas que se han quedado atrapadas en la alambrada) reales alternativas. No oportunismo.
No se trataba de cambiar de jugadores, sino de cambiar de juego, ¿alguien recuerda bien eso?
domingo 12 de junio de 2011
martes 7 de junio de 2011
Personajes sin autor, otra vez.
No fue una tragedia griega, ni nada menos. Creo que se acercó más a una pieza didáctica, una de esas que te deja cuentas por saldar con la propia conciencia, y desde luego, la propia memoria. Las elecciones peruanas no dejaron a ningún peruano indiferente, eso sí, lo que prueba que saliera como saliera, el espectáculo creado fue bastante importante. Importancia es un valor mayor, tratándose del teatro de la vida, que la calidad estética.
Aquí una visión de los personajes. Breve, inexacta, mal intencionada como todas. Nadie tiene la obligación de ser un santo cuando el mundo es un infierno. De todos modos, ellos son:
Dramatis Personae
Ollanta Humala. Con el nombre más teatral que el Perú jamás podría producir, Humala es un militar a pesar de sí mismo con algo del soldado Schweik y mucho de antihéroe llegado al lugar preciso en el momento preciso. Parece un personaje de Brecht, nadie lo puede defender sin sonrojarse un poco, nadie lo puede acusar sin dudar en el fondo. Pero creo que la personalidad del padre hizo lo suyo, además de nombrarlo como el personaje romantizado de un guerrero que se subleva contra Pachacutec por amor y luego en lugar de ser ejectuado es redimido y puesto a administar una provincia. Los nombres marcan. Recuerdo haberle dicho a mi padre en 2000, con lo de Locumba, con ese nombre será difícil olvidarlo. Hay nombres que hacen a las gentes, sin duda. Qué buscó siempre Humala: poder, y lo ha conseguido. Ha cumplido el desginio que el megalomano padre le asignó con el nombre. No sabemos lo que el poder hará de él, en qué lo convertirá el Palacio maldito de Pizarro, lugar de encuentro de los fantasmas de los Conquistadores: o será el primer sublevado de la nación, o será el último eslabón de la ignominia colonial. Ollanta es una pregunta. Si fuera un personaje de teatro, diría que depende de quién lo interprete para saber adonde llevarlo.
Keiko Fujimori. Nada más teatral que la hija atrapada en los brazos del padre: Antígona, Electra, y por supuesto Cordelia, la favorita del Rey. Algo de honor que necesita ser lavado se teje debajo de su acción política. Pero el honor no es un valor en sí, como se sabe, y como demuestra la zaga de Francis Ford Coppola. Limpiar un nombre, encontrar sepultura honrosa a un padre, entenderse solo a través de él. Keiko se movió como una buena hija, una buena discípula, una buena estudiante. Nunca como una buena madre: la maternidad le hubiera dado otro poder, quizás más independiente, pero prefirió dejar esa parte conflictiva detrás. Avanzó y perdió, perdió por dos opositores gigantes, la memoria de los males que como maldiciones seguirá para siempre el régimen de su padre; y su propia incapacidad de tomar el control de la banda presdiencial. Quizás cuando el rey viejo se muera, Keiko pueda por fin hallar grandeza para expulsar a todos los gángsters que su padre le hizo ver como tíos. O quizás cuando eso suceda, ella, suelta de una atadura, tome un rumbo menos público y tal vez más feliz.
Vargas Llosa, padre. Más padre que nunca, avalando un hijo suyo reconocido a último minuto, aunque a ratos suene a la estratagema con que convencen al desmemoriado conde en El perro del Hortelano de que el plebeyo Teodoro era en verdad también su hijo. Pero el Conde, como VLL, sabía que no era así. Adalid de las causas perdidas, novelista de su propia vida, Vargas Llosa nos ha regalado un capítulo mejor que el del Nobel. Fue crudo, amenazante e incombustible. Pegó y corrió, pero no dejó de ser perseguido, tampoco. Un personaje hecho a la medida de los premios a actuaciones secundarias.
Fujimori. Encerrado en la DIROES veía desfilar sus camiones con propaganda como quien ve despachar sus productos al mercado: con fe, con miedo, con malicia. Fujimori ha probado no ser tan eficaz sin su alter ego, o quizás es su alter ego el que ha probado que ya no puede hacerle los trabajos sucios tan bien como antes. En Death of a salesman, de Miller, Willy Loman el enloquecido vendedor que se cree dueño de un estrella personal, para eludir los fracasos, inventa un mundo paralelo en que todo le sale: los grandes contratos, la incripción de su hijos en la universidad, la mujeres furtivas en su cama, ¿como las filmadas por Kenyi?). Pero sabe que su tiempo se ha agotado y espera reconocimiento, prestigio: ese que fue quizás su único deseo pasional, prestigio a través del dinero, prestigio para borrar la deshonra de ser un paria, un japonés que soñaba volver a su aldea un día lleno de regalos y medallas.
García. No 1 ni 2, simplemente García. Salido este sí de un vodevil, ha evolucionado hasta ser protagonista de varias fechorías, aunque nunca de antología. Menos alambicado que Fujimori, menos diestro que Montesinos, García ha jugado su única carta: la de salvar el pellejo. En el fondo se sabe débil, frágil, por eso se exigió ser tan grande y gordo, ser tan agresivo y deslenguado. A diferencia de Vargas Llosa, del que se puede hacer una obra entera sobre sus iras santas, las rabietas de García no dan sino para un sketch, que sería chistoso si no jugara con la vida y el futuro de tanta gente.
En la pieza hay varios pasantes, personajes ocasionales, furtivos, a veces solo gobernados por el rol que les tocó mostrar:
-los dos directores de El Comercio, uno democrático y otra dictatorial, pero ambos, por supuesto, súbditos de la publicidad y el precio barato del papel. Nota a los directores de escena: pueden ser presentados por uno, por dos o por ningún actor. Una voz en off cumplirá su rol fácilmente.
-Nadine Heredia, escurridiza, más aún que su propio marido, será sin duda una figura si los productores le dan su propio show. Será figura, no dije que eso será para bien, necesariamente.
-Antauro. Aparecerá solo para aguar la fiesta, para mear en la pileta. Pero aparecerá. Y si no aparece, se encargarán los medios de que aparezca. Será una prueba para el escurridizo Comandante para ver hasta dónde va el compromiso filial.
-Vargas Llosa, hijo. Otro soñador de ojos abiertos, quisiera ser Horacio pero Ollanta no es Hamlet. Quisiera ser Vladimir, pero Ollanta no es Estragón. Ante la ausencia de una dupla, este otro hijo tutelado tendrá la dura prueba de decidirse a ser lo que siempre quiso. Tal vez tendremos unas cuantas líneas memorables con este personaje, ojalá no las del propio suicidio como es su costumbre.
-Rafael Rey y cardenal Cipriani.. Esta pareja debe aparecer siempre junta, pues juntos operan, como Castor y Pólux. Nada sale de la boca estudiada y maquillada de Rey Rey que no haya sido bendecido por Monseñor, y nada sale de ambos que no haya sido faxeado a través de una Prelatura personal. La ultraderecha de la Iglesia quiere un rol más directo (acciones en la Bolsa?) en el auge económico peruano. Nota al actor: evite ante todo actuarlos como si fueran solo la copia "pulp" del Tartufo. Son más complicados.
-Toledo. Abatido por el alcohol, envilecido por su propio ego trabajado cuidadosamente por la academia americana sobre la base de su complejo de inferioridad, Toledo es una personaje entrañable de lejos, y abominable de cerca. Sin dudas el más teatral de todos, en el mal sentido, claro: nada parece salir de sus labios que no haya sido pasado primero por un delicado proceso de engolamiento. Lo salvará estar cerca de los que ganan, eso es algo que hizo siempre bien: salir en la foto de los blancos.
-De Soto. Decidió llamarse como un viejo conquistador español, cuando en Arequipa nunca ha habido familias de ese apellido. Este es su punto de inflexión: Volvemos al nombre, arquetipo del hombre. De Soto se ha inventado a sí mismo, se ha reinventado siempre, y aparece a la diestra de quien sea que tenga el dinero para pagarle. Es su trabajo. Tal vez el personaje más raro de esta elección: no cambió, no se despeinó (no es broma) no hizo casi nada. Y salió en las portadas. Larga vida a los saben jugar al poker con cuatro cartas mediocres en la mano.
-PPK. Sigla en lugar de nombre, indice bursátil en lugar de alma. Al actuarlo, evitar la exageración de su invalidez. Es real.
-La embajadora de la potencia extranjera: Dos líneas fáciles que cualquiera puede decir. Amenazar es fácil: finge el carácter.
Un grupo grande de periodistas dignos de una película de Fellini, o de una obra de Pavlovsky. Aldo, Rosa M, Althaus, Rospiglosi, Bayly. No molestarse en contratar actores para esto, en verdad cualquiera lo puede representar.
Mucha gente más. Muchas protestas, muchas manchas en la red. Mucha bronca contenida y desbordada.
La acción en Lima y todas las demás ciudades que no son Lima, mayo-junio de 2011.
La luz sigue siendo mortecina.
Aquí una visión de los personajes. Breve, inexacta, mal intencionada como todas. Nadie tiene la obligación de ser un santo cuando el mundo es un infierno. De todos modos, ellos son:
Dramatis Personae
Ollanta Humala. Con el nombre más teatral que el Perú jamás podría producir, Humala es un militar a pesar de sí mismo con algo del soldado Schweik y mucho de antihéroe llegado al lugar preciso en el momento preciso. Parece un personaje de Brecht, nadie lo puede defender sin sonrojarse un poco, nadie lo puede acusar sin dudar en el fondo. Pero creo que la personalidad del padre hizo lo suyo, además de nombrarlo como el personaje romantizado de un guerrero que se subleva contra Pachacutec por amor y luego en lugar de ser ejectuado es redimido y puesto a administar una provincia. Los nombres marcan. Recuerdo haberle dicho a mi padre en 2000, con lo de Locumba, con ese nombre será difícil olvidarlo. Hay nombres que hacen a las gentes, sin duda. Qué buscó siempre Humala: poder, y lo ha conseguido. Ha cumplido el desginio que el megalomano padre le asignó con el nombre. No sabemos lo que el poder hará de él, en qué lo convertirá el Palacio maldito de Pizarro, lugar de encuentro de los fantasmas de los Conquistadores: o será el primer sublevado de la nación, o será el último eslabón de la ignominia colonial. Ollanta es una pregunta. Si fuera un personaje de teatro, diría que depende de quién lo interprete para saber adonde llevarlo.
Keiko Fujimori. Nada más teatral que la hija atrapada en los brazos del padre: Antígona, Electra, y por supuesto Cordelia, la favorita del Rey. Algo de honor que necesita ser lavado se teje debajo de su acción política. Pero el honor no es un valor en sí, como se sabe, y como demuestra la zaga de Francis Ford Coppola. Limpiar un nombre, encontrar sepultura honrosa a un padre, entenderse solo a través de él. Keiko se movió como una buena hija, una buena discípula, una buena estudiante. Nunca como una buena madre: la maternidad le hubiera dado otro poder, quizás más independiente, pero prefirió dejar esa parte conflictiva detrás. Avanzó y perdió, perdió por dos opositores gigantes, la memoria de los males que como maldiciones seguirá para siempre el régimen de su padre; y su propia incapacidad de tomar el control de la banda presdiencial. Quizás cuando el rey viejo se muera, Keiko pueda por fin hallar grandeza para expulsar a todos los gángsters que su padre le hizo ver como tíos. O quizás cuando eso suceda, ella, suelta de una atadura, tome un rumbo menos público y tal vez más feliz.
Vargas Llosa, padre. Más padre que nunca, avalando un hijo suyo reconocido a último minuto, aunque a ratos suene a la estratagema con que convencen al desmemoriado conde en El perro del Hortelano de que el plebeyo Teodoro era en verdad también su hijo. Pero el Conde, como VLL, sabía que no era así. Adalid de las causas perdidas, novelista de su propia vida, Vargas Llosa nos ha regalado un capítulo mejor que el del Nobel. Fue crudo, amenazante e incombustible. Pegó y corrió, pero no dejó de ser perseguido, tampoco. Un personaje hecho a la medida de los premios a actuaciones secundarias.
Fujimori. Encerrado en la DIROES veía desfilar sus camiones con propaganda como quien ve despachar sus productos al mercado: con fe, con miedo, con malicia. Fujimori ha probado no ser tan eficaz sin su alter ego, o quizás es su alter ego el que ha probado que ya no puede hacerle los trabajos sucios tan bien como antes. En Death of a salesman, de Miller, Willy Loman el enloquecido vendedor que se cree dueño de un estrella personal, para eludir los fracasos, inventa un mundo paralelo en que todo le sale: los grandes contratos, la incripción de su hijos en la universidad, la mujeres furtivas en su cama, ¿como las filmadas por Kenyi?). Pero sabe que su tiempo se ha agotado y espera reconocimiento, prestigio: ese que fue quizás su único deseo pasional, prestigio a través del dinero, prestigio para borrar la deshonra de ser un paria, un japonés que soñaba volver a su aldea un día lleno de regalos y medallas.
García. No 1 ni 2, simplemente García. Salido este sí de un vodevil, ha evolucionado hasta ser protagonista de varias fechorías, aunque nunca de antología. Menos alambicado que Fujimori, menos diestro que Montesinos, García ha jugado su única carta: la de salvar el pellejo. En el fondo se sabe débil, frágil, por eso se exigió ser tan grande y gordo, ser tan agresivo y deslenguado. A diferencia de Vargas Llosa, del que se puede hacer una obra entera sobre sus iras santas, las rabietas de García no dan sino para un sketch, que sería chistoso si no jugara con la vida y el futuro de tanta gente.
En la pieza hay varios pasantes, personajes ocasionales, furtivos, a veces solo gobernados por el rol que les tocó mostrar:
-los dos directores de El Comercio, uno democrático y otra dictatorial, pero ambos, por supuesto, súbditos de la publicidad y el precio barato del papel. Nota a los directores de escena: pueden ser presentados por uno, por dos o por ningún actor. Una voz en off cumplirá su rol fácilmente.
-Nadine Heredia, escurridiza, más aún que su propio marido, será sin duda una figura si los productores le dan su propio show. Será figura, no dije que eso será para bien, necesariamente.
-Antauro. Aparecerá solo para aguar la fiesta, para mear en la pileta. Pero aparecerá. Y si no aparece, se encargarán los medios de que aparezca. Será una prueba para el escurridizo Comandante para ver hasta dónde va el compromiso filial.
-Vargas Llosa, hijo. Otro soñador de ojos abiertos, quisiera ser Horacio pero Ollanta no es Hamlet. Quisiera ser Vladimir, pero Ollanta no es Estragón. Ante la ausencia de una dupla, este otro hijo tutelado tendrá la dura prueba de decidirse a ser lo que siempre quiso. Tal vez tendremos unas cuantas líneas memorables con este personaje, ojalá no las del propio suicidio como es su costumbre.
-Rafael Rey y cardenal Cipriani.. Esta pareja debe aparecer siempre junta, pues juntos operan, como Castor y Pólux. Nada sale de la boca estudiada y maquillada de Rey Rey que no haya sido bendecido por Monseñor, y nada sale de ambos que no haya sido faxeado a través de una Prelatura personal. La ultraderecha de la Iglesia quiere un rol más directo (acciones en la Bolsa?) en el auge económico peruano. Nota al actor: evite ante todo actuarlos como si fueran solo la copia "pulp" del Tartufo. Son más complicados.
-Toledo. Abatido por el alcohol, envilecido por su propio ego trabajado cuidadosamente por la academia americana sobre la base de su complejo de inferioridad, Toledo es una personaje entrañable de lejos, y abominable de cerca. Sin dudas el más teatral de todos, en el mal sentido, claro: nada parece salir de sus labios que no haya sido pasado primero por un delicado proceso de engolamiento. Lo salvará estar cerca de los que ganan, eso es algo que hizo siempre bien: salir en la foto de los blancos.
-De Soto. Decidió llamarse como un viejo conquistador español, cuando en Arequipa nunca ha habido familias de ese apellido. Este es su punto de inflexión: Volvemos al nombre, arquetipo del hombre. De Soto se ha inventado a sí mismo, se ha reinventado siempre, y aparece a la diestra de quien sea que tenga el dinero para pagarle. Es su trabajo. Tal vez el personaje más raro de esta elección: no cambió, no se despeinó (no es broma) no hizo casi nada. Y salió en las portadas. Larga vida a los saben jugar al poker con cuatro cartas mediocres en la mano.
-PPK. Sigla en lugar de nombre, indice bursátil en lugar de alma. Al actuarlo, evitar la exageración de su invalidez. Es real.
-La embajadora de la potencia extranjera: Dos líneas fáciles que cualquiera puede decir. Amenazar es fácil: finge el carácter.
Un grupo grande de periodistas dignos de una película de Fellini, o de una obra de Pavlovsky. Aldo, Rosa M, Althaus, Rospiglosi, Bayly. No molestarse en contratar actores para esto, en verdad cualquiera lo puede representar.
Mucha gente más. Muchas protestas, muchas manchas en la red. Mucha bronca contenida y desbordada.
La acción en Lima y todas las demás ciudades que no son Lima, mayo-junio de 2011.
La luz sigue siendo mortecina.
domingo 29 de mayo de 2011
Perú 2011: Ser o no ser, o... todas las opciones anteriores!
Un célebre amigo de teatro me hace saber por email que no firmará el comunicado de Teatristas por la democracia, aunque ya se ha manifestado en contra de Keiko, y aunque me asegura que votará por Ollanta sin dudar. ¿La razón? Él cree que manifestar en público la decisión personal de votar por alguien, vulnera la idea democrática del voto secreto y que esos pronunciamientos le faltan el respeto a los demás diciéndoles cómo es mejor votar. Me quedo con la sensación de que mi amigo, que es todo menos un tonto, argumenta con coherencia pero sin convicción. Más bien me deja la impresión de estar siendo muy "sneaky" para rehusarse a suscribir un documento en el que como él sabe bien no hay cálculo político, ni propaganda escondida.
Estos días finales antes de las elecciones he conocido de primera mano estas historias, varias, algunas francamente increíbles, que me han enseñado cómo hay cosas que se presentan como oro, parecen oro, son tomadas por tal, pero en el fondo no lo son. Digo eso porque no puede caberme en la cabeza que alguien, por ejemplo mi amigo, abomine del régimen Fujimorista, apoye sin duda a Humala, y no quiera firmar un pronunciamiento junto a colegas que opinan casi 100% igual. Es como una ausencia de espíritu de cuerpo, o la incapacidad de deponer las mínimas diferencias en pro de exponer en público una idea. ¿O es que nos faltó glamour?
En serio, dudo que ni los teatristas, ni los escritores, artistas plástico, historiadores, politólogos, etc., que han decidido hacer cartas abiertas, pronunciamientos lo hagan para enseñarle a otros cómo votar. O que lo hagan para exhibir una superioridad de ninguna naturaleza. Creo que ha habido en todos esencialmente urgencia de expresarse, de hacer concreta una opinión, y una conciencia clara que es doblemente importante hacerlo colectivamente cuando los medios masivos orquestan una campaña de desinformación en favor de Fujimori. Entonces, creo que un ciudadano coherente siente que necesita hacer más que solo esperar la soledad de la urna para masacrar a la dictadura con una equis en contra. Además era importante decir algo en público también porque reina el desconcierto, la ausencia de compromisos, y sobre todo, la ausencia de ejemplos de compromisos, incluso si ellos al final resulten equivocados en el futuro. Por ejemplo, no sé si Humala sería efectivamente el gobierno que yo puedo desear para mi país, pero sí sé que me tranquiliza más pensar que aposté y perdí, jugando mis cartas todas abiertas, que calculando todo el tiempo mis jugadas. Calcular la conducta social se parece a una especie de contención intestinal, y quizás es algo que está mejor para momentos menos graves, y situaciones menos urgentes.
Pero algunas cosas son siempre sorprendentes, y siempre recuerdo la frase que dice el loquillo de la obra esa, "en el cielo y en la tierra hay más de lo que puede soñar tu filosofía". Y no fue Shakespeare el primero en insibuármelo, sino otro amigo "teatrero" en la calle, cuando al conocer el primer borrador del comunicado me dijo sin ambages: "no esperes peras del olmo, en este país nadie quiere estar mal con nadie". Eureka! Entonces si Humala gana y yo voté por él en silencio, o al menos no dije claramente que lo haría, de todas formas puedo acercarme y decir "ey, muchachos, siempre fui de los vuestros". Y si gana Keiko, podré decir "discúlpenme, anduve desconcertado, como casi todos, pero al menos nunca apoyé 100% a ese chavista". Exactamente eso: calcular el paso, no andar mal con nadie, no sabes de quién dependenrán tus frejoles en el futuro, ni quién será tu nuevo amo. A este punto entiendo un poco mejor: calcular los gestos sociales te asegura no ser avasallado. Paradoja cruel, ¿no?: precisamente haciendo eso muchos demuestran hasta qué punto su conciencia está secuestrada, avasallada. Ni modo. Solo desearía no haber perdido en estos días algún verdadero amigo.
Estos días finales antes de las elecciones he conocido de primera mano estas historias, varias, algunas francamente increíbles, que me han enseñado cómo hay cosas que se presentan como oro, parecen oro, son tomadas por tal, pero en el fondo no lo son. Digo eso porque no puede caberme en la cabeza que alguien, por ejemplo mi amigo, abomine del régimen Fujimorista, apoye sin duda a Humala, y no quiera firmar un pronunciamiento junto a colegas que opinan casi 100% igual. Es como una ausencia de espíritu de cuerpo, o la incapacidad de deponer las mínimas diferencias en pro de exponer en público una idea. ¿O es que nos faltó glamour?
En serio, dudo que ni los teatristas, ni los escritores, artistas plástico, historiadores, politólogos, etc., que han decidido hacer cartas abiertas, pronunciamientos lo hagan para enseñarle a otros cómo votar. O que lo hagan para exhibir una superioridad de ninguna naturaleza. Creo que ha habido en todos esencialmente urgencia de expresarse, de hacer concreta una opinión, y una conciencia clara que es doblemente importante hacerlo colectivamente cuando los medios masivos orquestan una campaña de desinformación en favor de Fujimori. Entonces, creo que un ciudadano coherente siente que necesita hacer más que solo esperar la soledad de la urna para masacrar a la dictadura con una equis en contra. Además era importante decir algo en público también porque reina el desconcierto, la ausencia de compromisos, y sobre todo, la ausencia de ejemplos de compromisos, incluso si ellos al final resulten equivocados en el futuro. Por ejemplo, no sé si Humala sería efectivamente el gobierno que yo puedo desear para mi país, pero sí sé que me tranquiliza más pensar que aposté y perdí, jugando mis cartas todas abiertas, que calculando todo el tiempo mis jugadas. Calcular la conducta social se parece a una especie de contención intestinal, y quizás es algo que está mejor para momentos menos graves, y situaciones menos urgentes.Pero algunas cosas son siempre sorprendentes, y siempre recuerdo la frase que dice el loquillo de la obra esa, "en el cielo y en la tierra hay más de lo que puede soñar tu filosofía". Y no fue Shakespeare el primero en insibuármelo, sino otro amigo "teatrero" en la calle, cuando al conocer el primer borrador del comunicado me dijo sin ambages: "no esperes peras del olmo, en este país nadie quiere estar mal con nadie". Eureka! Entonces si Humala gana y yo voté por él en silencio, o al menos no dije claramente que lo haría, de todas formas puedo acercarme y decir "ey, muchachos, siempre fui de los vuestros". Y si gana Keiko, podré decir "discúlpenme, anduve desconcertado, como casi todos, pero al menos nunca apoyé 100% a ese chavista". Exactamente eso: calcular el paso, no andar mal con nadie, no sabes de quién dependenrán tus frejoles en el futuro, ni quién será tu nuevo amo. A este punto entiendo un poco mejor: calcular los gestos sociales te asegura no ser avasallado. Paradoja cruel, ¿no?: precisamente haciendo eso muchos demuestran hasta qué punto su conciencia está secuestrada, avasallada. Ni modo. Solo desearía no haber perdido en estos días algún verdadero amigo.
jueves 26 de mayo de 2011
Dragones de oro
No puedo ver teatro peruano salvo en los meses en que ando por Lima, Arequipa o Cusco, la únicas tres ciudades a las que he vuelto desde hace seis años. De modo que me informo a través de la prensa, de comentarios, chismes, también hablando largamente con amigos, y viendo lo poquísimo, poquísimo sobre teatro que es mencionado en TV. Esto me produce un interés desaforado por saber qué está en la boca de la gente de teatro. Y desde luego, preguntarme por qué. Y ponerme de abogado del diablo, o de cruzado defensor, o a veces de ambas cosas.
Estos días interminables camino al 5 de junio, escucho recurrentemnete gente hablando de "El Dragón de Oro", la pieza del alemán Schimmelpfennig, que Ópalo Grupo de Teatro pone en el Goethe Institute de Lima. ¡La bronca que me agarra de no poder verla! Sé que el trabajo de Ópalo es siempre bueno, y eso es bastante decir. Ese "siempre" tiene una doble implicación: creo que es de los pocos colectivos que han nacido en los últimos 15 años y que han reclamado para sí y conservado, la tradición del trabajo con un grupo estable de personas. O al menos parcialmente estable. La norma hoy en Lima es del esilo "choque y fuga", se junta actores, se hace la puesta, hasta la vista, gracias. Como aquí. El trabajo en grupo por el contrario implica dos cosas que hace falta recordar: la consciente o inconsciente formación de una voz artística colectiva, cierta identidad estética, con el tiempo; la posibilidad de desarrollar mejor las cualidades de actores y directores. Soy de los que cree que en grupo se hace mejor teatro, al menos más amoroso. Como en las parejas: se experimenta mejor cuando se conoce al partner, y no se está comenzando siempre de cero con relaciones inestables.
Sin mayores digresiones, invitaría casi a ojos cerrados a ver a Opalo, a Jorge Villanueva y Marcello Rivera y toda su gente. Todo indica que como siempre, andan muy bien.
Pero lo que más me llama la atención es el vínculo subrepticio (¿insospechado?) que el argumento de la obra da con este contexto tan complejo que vivimos: un cocinero de un restaurante chino, un paria indocumentado ilegal y demás epítetos, no tendiendo seguro médico es atendido en la cocina de forma que su diente va a parar en el plato de una de las selectas clientes del Restaurante. Solo quedémonos allí, allí: ¿no es eso lo que le ha pasado al Perú este 20 de abril? De tanto creerle al irresponsable Presidente que tenemos, y sus acólitos o jefes, no sé, los cinco dueños del Perú, de que el Perú está mejor que nunca, la clase media urbana (a la que se dirige un grupo como Ópalo) ha pensado estar ya camino de la seguridad y la tranquilidad (el placer de cenar en un buen restaurante chino) y de pronto las elecciones nos devuelven esa realidad, esos votos intrusos, esos reclamos de los sin nombre, de los sin seguro, de los "otros" (incluso estúpidamente en Lima y Arequipa, por ejemplo, se insiste en llamar "migrantes" a ciudadanos peruanos que simplemente se mueven de una ciudad a otra. Migrantes!!! Qué lógica de metropoli, y de metrópoli huachafa, para terminar).
Bueno, el diente en la comida es lo que nos hemos encontrado. La metáfora de nuestras tareas. Mejor dicho, es la primera vez que nos damos cuenta. Muchas otras veces hemos convivido con la barbarie, campantes, como si ver hijos de "migrantes" pidiendo en la calle, o mujeres quechuablantes esterilizadas a la fuerza, fueran cosas de otro mundo, un mundo tan lejano como China, pero que en verdad están en nuestra cocina, en lo que nos vamos a comer.
Aquí un breve trailer.
Estos días interminables camino al 5 de junio, escucho recurrentemnete gente hablando de "El Dragón de Oro", la pieza del alemán Schimmelpfennig, que Ópalo Grupo de Teatro pone en el Goethe Institute de Lima. ¡La bronca que me agarra de no poder verla! Sé que el trabajo de Ópalo es siempre bueno, y eso es bastante decir. Ese "siempre" tiene una doble implicación: creo que es de los pocos colectivos que han nacido en los últimos 15 años y que han reclamado para sí y conservado, la tradición del trabajo con un grupo estable de personas. O al menos parcialmente estable. La norma hoy en Lima es del esilo "choque y fuga", se junta actores, se hace la puesta, hasta la vista, gracias. Como aquí. El trabajo en grupo por el contrario implica dos cosas que hace falta recordar: la consciente o inconsciente formación de una voz artística colectiva, cierta identidad estética, con el tiempo; la posibilidad de desarrollar mejor las cualidades de actores y directores. Soy de los que cree que en grupo se hace mejor teatro, al menos más amoroso. Como en las parejas: se experimenta mejor cuando se conoce al partner, y no se está comenzando siempre de cero con relaciones inestables.
Sin mayores digresiones, invitaría casi a ojos cerrados a ver a Opalo, a Jorge Villanueva y Marcello Rivera y toda su gente. Todo indica que como siempre, andan muy bien.
Pero lo que más me llama la atención es el vínculo subrepticio (¿insospechado?) que el argumento de la obra da con este contexto tan complejo que vivimos: un cocinero de un restaurante chino, un paria indocumentado ilegal y demás epítetos, no tendiendo seguro médico es atendido en la cocina de forma que su diente va a parar en el plato de una de las selectas clientes del Restaurante. Solo quedémonos allí, allí: ¿no es eso lo que le ha pasado al Perú este 20 de abril? De tanto creerle al irresponsable Presidente que tenemos, y sus acólitos o jefes, no sé, los cinco dueños del Perú, de que el Perú está mejor que nunca, la clase media urbana (a la que se dirige un grupo como Ópalo) ha pensado estar ya camino de la seguridad y la tranquilidad (el placer de cenar en un buen restaurante chino) y de pronto las elecciones nos devuelven esa realidad, esos votos intrusos, esos reclamos de los sin nombre, de los sin seguro, de los "otros" (incluso estúpidamente en Lima y Arequipa, por ejemplo, se insiste en llamar "migrantes" a ciudadanos peruanos que simplemente se mueven de una ciudad a otra. Migrantes!!! Qué lógica de metropoli, y de metrópoli huachafa, para terminar).
Bueno, el diente en la comida es lo que nos hemos encontrado. La metáfora de nuestras tareas. Mejor dicho, es la primera vez que nos damos cuenta. Muchas otras veces hemos convivido con la barbarie, campantes, como si ver hijos de "migrantes" pidiendo en la calle, o mujeres quechuablantes esterilizadas a la fuerza, fueran cosas de otro mundo, un mundo tan lejano como China, pero que en verdad están en nuestra cocina, en lo que nos vamos a comer.
Aquí un breve trailer.
miércoles 25 de mayo de 2011
CONTRA EL REGRESO DEL FUJIMORISMO Y A FAVOR DE LA DEMOCRACIA
CONTRA EL REGRESO DEL FUJIMORISMO Y A FAVOR DE LA DEMOCRACIA
Quienes suscribimos esta carta expresamos nuestro enérgico rechazo ante la amenaza que, contra la democracia y la libertad de los peruanos, supone la posible resurrección de la dictadura fujimorista.
El régimen de Alberto Fujimori marcó el periodo más siniestro en la historia de nuestros gobiernos republicanos. Fue una década criminal cuyas funestas consecuencias no debemos olvidar, relativizar ni pasar por alto. En los últimos años, el mayor triunfo de la democracia peruana ha sido el rechazo a esa dictadura, el procesamiento judicial de sus líderes y el castigo legal a los innumerables delitos y crímenes contra la humanidad que cometió. El Perú debe rechazar una vez más la impunidad y reforzar su fe en una democracia con justicia para todos y con posibilidades de progreso dentro de un orden legítimo.
Los escritores que firmamos esta carta venimos de lugares muy distintos del espectro político peruano y tenemos ideas divergentes sobre cómo debería ser el manejo económico y social del Perú. Creemos, sin embargo, en el valor de la libertad, el rechazo a la criminalidad y a la violencia de estado, la defensa del orden legal y el respeto a los derechos humanos. Pensamos que estos son cimientos cruciales para la construcción de una nación justa y solidaria.
El candidato presidencial Ollanta Humala ha jurado públicamente defender esos principios. Creemos que nuestro deber en este momento es escuchar ese juramento y que nuestra obligación inmediatamente posterior será vigilar su cumplimiento. El presente nos ha dejado con esa alternativa que es la vía válida de oposición a la reinstauración de la dictadura.
La democracia es el ejercicio de una negociación: todo gobierno debe escuchar a su sociedad civil. La sociedad civil tiene el deber de guiar a su gobierno, hacer sentir su poder y su mandato y fiscalizar su rectitud. Pero esa negociación sólo es posible cuando el poder lo ocupa un movimiento político. El crimen está fuera de ese espectro: no se negocia con quienes han abandonado la política y han elegido la criminalidad.
Por estas razones, los abajo firmantes llamamos a la sociedad a mantener su poder de representación, rechazando el regreso de la dictadura y solidificando, mediante el voto por Ollanta Humala, con una actitud activa y vigilante, nuestro orden democrático. El nuestro es un llamado esperanzado y optimista a la unidad nacional: este 5 de junio, los peruanos debemos defender, a través de un voto responsable y cívico, nuestra dignidad, nuestra libertad y nuestra democracia.
Atentamente,
1. Alfredo Bryce Echenique DNI: 10840740
2. Abelardo Oquendo Cueto DNI 07774567
3. Alfredo Pita DNI O6519037
4. Andrea Cabel García DNI: 41624669 5. Alexis Iparraguirre DNI: 081571716. Antonio Angulo Daneri DNI 09641914
7. Alonso Rabí do Carmo DNI: 08231094
8. Armando Arteaga DNI: 07315586
9. Bernardo Rafael Álvarez DNI: 25486055
10. Carlos López Degregori DNI: 0777075711. Carmen Ollé DNI: 07584661
12. Carlos Yushimito del Valle DNI: 07525367
13. Carlos Dávalos DNI: 10278109
14. Cecilia Podestá DNI: 41028393
15. Claudia Arteaga DNI: 42500425
16. Christian Reynoso DNI: 01345870
17. Carlos Chang Cheng DNI: 41016348
18. Daniel Alarcón DNI: 46678140
19. Diego Trelles Paz DNI: 10770076
20. Diego Otero Molinari DNI: 09870763
21. Diego Salazar DNI: 411360122. Domingo de Ramos
23. Dante Castro Arrasco DNI: 25402972
24. Enrique Planas Ravenna DNI: 99644304
25. Emilio Bustamante DNI: 10811698
26. Ezio Neyra Magagna DNI: 40762566
27. Eloy Jáuregui DNI: 07224437
28. Ernesto Escobar Ulloa DNI: 09867828
29. Eduardo González Viaña DNI: 18172685
30. Eduardo Adrianzen Herrán DNI: 07243932
31. Edward Chauca DNI: 40401930
32. Emmanuel Velayos DNI: 44316736
33. Elba Luján DNI: 08265468.
34. Fernando Iwasaki DNI: 06517306
35. Fernando Obregón Rossi DNI: 07227030
36. Félix Terrones DNI: 40730345
37. Fredy Roncalla DNI: 06350138
38. Gabriela Wiener Bravo DNI: 10141561
39. Gustavo Faverón Patriau DNI: 09297955
40. Gustavo Rodríguez DNI: 07864321
40. Gustavo Rodríguez DNI: 07864321
41. Grecia Cáceres DNI: 09817275
42. Giancarlo Stagnaro DNI: 10003659.43. Gladys Basagoitia DNI: 2857375AA
44. Giancarlo Huapaya Cárdenas DNI: 40204049
45. Hildebrando Pérez Grande DNI: 07565635.
46. Harold Alva Viale DNI: 80654533
47. Juan Carlos Ubilluz DNI: 25728798
48. Juan Manuel Robles DNI: 40037861
49. Jorge Eduardo Benavides Pasaporte: 0426237
50. José Carlos Yrigoyen DNI: 10273153
51. Jorge Frisancho DNI: 07862021
52. Jaime Rodríguez DNI: 104349
53. Jorge Eslava DNI: 25680876
54. Julio Villanueva Chang DNI: 09310462
55. Juan Cristobal DNI: 08705429
56. José Antonio Galloso DNI: 09868715
57. José Güich Rodríguez DNI: 0727240058. Juan Carlos Lázaro DNI: 07377888
59. Jeremías Gamboa DNI: 1017958
60. Julio Carmona DNI: 02874377 61. José Luis Ayala DNI: 0826546862. Jorge Hurtado Caballero DNI: 18173267
63. Luis Hernán Castañeda DNI: 41308217
64. Luis Freire Sarria DNI: 06628179
65. Luz Vargas de la Vega DNI: 40361721
66. Luis Alvarado DNI: 40954900
67. Mario Vargas Llosa DNI: 06625243
68. Miguel Gutiérrez Correa DNI: 06117054
69. Miguel Ildefonso DNI: 07466249
70. Martín Guerra Muente DNI: 07535897
71. Maurizio Medo DNI: 06026716
72. Mariela Dreyfus Vallejos DNI: 07605386
73. Miguel Ruiz Effio DNI: 07524759
74. Max Palacios DNI: 07877452
75. Oswaldo Chanove DNI: 29218873
76. Olga Rodríguez Ulloa DNI: 41898752
77. Oscar Málaga DNI: 6534288
78. Otilia Navarrete DNI 08809979
79. Pedro Escribano Taipe DNI: 06105118
80. Patricia de Souza Pasaporte: 09zz 20696
81. Percy Encinas C. DNI: 08266219
82. Pedro Flecha DNI 07819392
83. Rodolfo Hinostroza DNI: 06644071
84. Roger Santiváñez DNI: 08104162
85. Ricardo Sumalavia DNI: 25564248
86. Rosina Valcárcel DNI: 07330070
87. Richard Parra DNI: 07507025
88. Rodolfo Ybarra DNI: 09441432
89. Rafael Inocente DNI: 0868800
90. Rafael Espinosa Montoya DNI: 08261475
91. Rossella Di Paolo DNI: 08260130.
92. Reynaldo Santa Cruz DNI: 07818386
93. Ricardo Falla Barreda DNI: 07912786
94. Santiago Roncagliolo DNI: 10264193
95. Sergio Galarza Puente DNI: 10341313
96. Sandro Chiri DNI: 10146966
97. Tatiana Berger Vigueras DNI 07731870
98. Tulio Mora Gago DNI: 06644613
99. Teófilo Gutiérrez Jiménez DNI 06022047
100. Úrsula León DNI: 40007116
101. Victoria Guerrero DNI: 09645644
101. Victoria Guerrero DNI: 09645644
102. Víctor Quiroz DNI: 41014992
103. Víctor Coral Cordero DNI 06623187
104. Violeta Barrientos DNI: 09816811
104. Violeta Barrientos DNI: 09816811
105. Walter Lingán DNI: 23522780
106. Willy Gómez Migliaro DNI 08675086
107. Wilfredo Jesús Ardito Vega DNI: 06522399
martes 24 de mayo de 2011
japi berdei, Bobcito
May God bless and keep you always
May your wishes all come true
May you always do for others
And let others do for you
May you build a ladder to the stars
And climb on every rung
May you stay forever young
May you stay forever young.
May you grow up to be righteous
May you grow up to be true
May you always know the truth
And see the lights surrounding you
May you always be courageous
Stand upright and be strong
May you stay forever young
May you stay forever young.
May your hands always be busy
May your feet always be swift
May you have a strong foundation
When the winds of changes shift
May your heart always be joyful
And may your song always be sung
May you stay forever young
May you stay forever young.
May your wishes all come true
May you always do for others
And let others do for you
May you build a ladder to the stars
And climb on every rung
May you stay forever young
May you stay forever young.
May you grow up to be righteous
May you grow up to be true
May you always know the truth
And see the lights surrounding you
May you always be courageous
Stand upright and be strong
May you stay forever young
May you stay forever young.
May your hands always be busy
May your feet always be swift
May you have a strong foundation
When the winds of changes shift
May your heart always be joyful
And may your song always be sung
May you stay forever young
May you stay forever young.
domingo 22 de mayo de 2011
Robert Frost opina sobre el tema también
Con esa ansiedad de ubicuidad enfermiza que suele atacarme, en que escribo y leo creyendo muy de veras que aún estoy en Arequipa -me equivoco todo el tiempo- y que luego me obliga a restregarme los ojos cuando salgo al calor asfixiante del verano continental de Minnesota, a los highways, a las desoladas calles con casitas todas iguales en la ciudad más extrema del Midwest.
Hoy anduve otra vez con esa sensación de tener cuerpo y alma pegados con engrudo. Mientras mis tres chicas se iban a ver chucherías en Michaels, opto por meterme a la librería Barnes&Noble, en realidad para buscarme un café helado. Mientras espero a la chica que me lo prepara, me jala algo, entre los anaqueles. Cruzo a ver entre las ediciones baratas y al segundo un libro, Collected Poems by Robert Frost, me elige. He leído a Frost más en español, y más en el Perú. En general, es una paradoja (una parajoda, como dice Mi mejor amiga): leía mucha más literatura estadounidense mientras vivía en Arequipa. Pero heme allí esperando el café reconociendo las líneas en inglés a través de mi recuerdo en español, como si una voz me las tradujera mezclando dos voces como en los documentales torrejas.
Me quiero convencer: es bueno salirse de la locura, de la ansiedad de las elecciones peruanas, y las diatribas televisivas, y los desafíos bien machos en el Facebook, y los blogs donde se discute a oscuras unos con chaira y otros con nada en la mano, o de las conversaciones telefónicas con familiares que últimamente se calientan demasiado. Mejor que todo eso es leer a Frost. De pronto me doy cuenta que hace rato estoy releyendo como si fuera un disco rayado, The Road not Taken. Leer poesía para mí es como comer algodón de azúcar: siempre se me pegotea, abro la boca y no atrapo nada, suele empalagarme, hacerme daño incluso, pero me gusta. Releo hacia arriba y hacia abajo mi algodón. Al final me voy pensando en que el poema de Frost no me ha sacado del Perú: creo que me ha metido peor, como siempre. Peor porque lo hace con una fuerza sorpresiva. Bueno aquí los dejo con el texto. No tienen por qué ver lo mismo que yo, por exceso de cafeína, esta tarde vi en él.
Hoy anduve otra vez con esa sensación de tener cuerpo y alma pegados con engrudo. Mientras mis tres chicas se iban a ver chucherías en Michaels, opto por meterme a la librería Barnes&Noble, en realidad para buscarme un café helado. Mientras espero a la chica que me lo prepara, me jala algo, entre los anaqueles. Cruzo a ver entre las ediciones baratas y al segundo un libro, Collected Poems by Robert Frost, me elige. He leído a Frost más en español, y más en el Perú. En general, es una paradoja (una parajoda, como dice Mi mejor amiga): leía mucha más literatura estadounidense mientras vivía en Arequipa. Pero heme allí esperando el café reconociendo las líneas en inglés a través de mi recuerdo en español, como si una voz me las tradujera mezclando dos voces como en los documentales torrejas.
Me quiero convencer: es bueno salirse de la locura, de la ansiedad de las elecciones peruanas, y las diatribas televisivas, y los desafíos bien machos en el Facebook, y los blogs donde se discute a oscuras unos con chaira y otros con nada en la mano, o de las conversaciones telefónicas con familiares que últimamente se calientan demasiado. Mejor que todo eso es leer a Frost. De pronto me doy cuenta que hace rato estoy releyendo como si fuera un disco rayado, The Road not Taken. Leer poesía para mí es como comer algodón de azúcar: siempre se me pegotea, abro la boca y no atrapo nada, suele empalagarme, hacerme daño incluso, pero me gusta. Releo hacia arriba y hacia abajo mi algodón. Al final me voy pensando en que el poema de Frost no me ha sacado del Perú: creo que me ha metido peor, como siempre. Peor porque lo hace con una fuerza sorpresiva. Bueno aquí los dejo con el texto. No tienen por qué ver lo mismo que yo, por exceso de cafeína, esta tarde vi en él.
El camino no elegido
Robert Frost
Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;
Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.
Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.
Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.
Alto en el bosque en una noche de invierno
Me imagino de quién son estos bosques.
Pero en el pueblo su casa se encuentra;
no me verá parada en este sitio,
ante sus bosques cubiertos de nieve.
Mi pequeño caballo encuentra insólito
parar aquí, sin ninguna alquería
entre el halado lago y estos bosques,
en la noche más lóbrega del año.
Las campanillas del arnés sacude
como si presintiera que ocurre algo…
Sólo se oye otro son: el sigiloso
paso del viento entre los copos blandos.
¡Qué bellos son los bosques, y sombríos!
Pero tengo promesas que cumplir,
y andar mucho camino sin dormir,
y andar mucho camino sin dormir.
Versión de Agustí Bartra
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;
Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.
Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.
Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.
Alto en el bosque en una noche de invierno
Me imagino de quién son estos bosques.
Pero en el pueblo su casa se encuentra;
no me verá parada en este sitio,
ante sus bosques cubiertos de nieve.
Mi pequeño caballo encuentra insólito
parar aquí, sin ninguna alquería
entre el halado lago y estos bosques,
en la noche más lóbrega del año.
Las campanillas del arnés sacude
como si presintiera que ocurre algo…
Sólo se oye otro son: el sigiloso
paso del viento entre los copos blandos.
¡Qué bellos son los bosques, y sombríos!
Pero tengo promesas que cumplir,
y andar mucho camino sin dormir,
y andar mucho camino sin dormir.
Versión de Agustí Bartra
viernes 20 de mayo de 2011
El peor analfabeto es el analfabeto político.
El no ve, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
El no sabe que el costo de vida, el precio del poroto, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado o el remedio, dependen de decisiones políticas.
El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe, el imbécil, que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, el asaltante, y el peor de los bandidos, que es el político corrupto y lacayo de las empresas Nacionales y multinacionales".
Bertolt Brecht
El no ve, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
El no sabe que el costo de vida, el precio del poroto, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado o el remedio, dependen de decisiones políticas.
El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe, el imbécil, que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, el asaltante, y el peor de los bandidos, que es el político corrupto y lacayo de las empresas Nacionales y multinacionales".
Bertolt Brecht
jueves 19 de mayo de 2011
Actualización 1: Teatro y elecciones
Don Ernesto Ráez, una respetada figura del teatro nacional, me hace llegar un mensaje y varios recuerdos de lo que mi frágil memoria olvidó en el repaso de los teatristas que están actuando, en la vida real, también por evitar el despeñadero de la patria. A la propia voz de él, sumemos las de los integrantes de Tárbol, teatro y títeres, Miriam Reátegui, Mary Oscátegui y el importantísimo autor Juan Rivera Saavedra; la enorme, profundamente convencida movida anti Keiko en Villa El Salvador, a través de CIJAC, Arena y Esteras, Vichama, y otros grupos, especialmente de jóvenes. En Lima Norte, Comas, la gente que organiza el Festival de Acciones Escénicas hace lo propio. Empieza a moverse el terreno. En redes seguro hay más, que no alcanzo a registrar, como la potente opinión de Alfonso Santistevan. Y claro mi interés es tratar de registrar, de anotar. No son gestos sin sentido: el maestro Ráez lo dijo, se trata de sumar voces, no hay voz pequeña. Se trata de evitar la malhadada complicidad, simplemente. Y se trata de que el tiempo futuro juzgue nuestra consecuencia, no nuestra impavidez ante la mentira y el interés de los que quieren terminar de estrujar el país. SI gana la mafia, sabremos qué hacer y cómo mantener las convicciones. Si la evitamos, también evitaremos el triunfalismo de los que sin abrir su boca ahora, querrán decir que en el fondo siempre fueron anti keiko. Basta de medias tintas, el que está en favor de la mafia va a tener que decirlo muy claramente esta vez. Algo habremos avanzado, entonces.
miércoles 18 de mayo de 2011
Fujimori entre bambalinas
Estoy maravillado con esto. Es un gráfico del diario La República que explica cómo, entre la prisión de Alberto Fujimori y el local de campaña de Fuerza 2011, el nombre del grupo de Fujimori, la hija, hay solo 20 metros de distancia. La Celda del expresidente está teóricamente en la DIROES dependencia de alta seguridad de la policia peruana.
Viéndolo como escenario, se me ocurren tres hipótesis de acciones para el personaje Fuijimori y sus secundarios:
Hipotesis 1: Fujimori sale por las noches de su celda, y chambea en la campaña, sin ser visto. Aquí caen evidentemente como cómplices Alan (aka) Presidente de la República, el Ministro del interior, el Jefe del INPE, etc. Y por supuesto Keiko la dependiente.
Hipótesis 2. Fujimori no sale de su celda, pero desde el cuartel de campaña le consultan todo, como si fuera el administrador de una polleria, detrás de la cocina. Los Fujimoristas entran y salen, el Jefe revisa los estampados de los polos, los tickets de la rifas bamba.
Igual caen por cómplices Alan, Ministro y el tonto del INPE Igual Keiko debe ir al psiquiatra por no haber cortado jamás con su Electra. su Edipo o lo que sea.
Hipótesis 3. Fujimori nunca sale oficialmente de la Diroes, y oficialmente nunca está en el local de campaña, y oficialmente nunca supervisa nada. Oficialmente nadie entra a su celda con pancartas, cocinas, microondas. Lo que hace Fujimori es entrar al baño de su celda, se mete por el water a un túnel y aparece en el baño del centro de campaña. Me inclino por esta última posibilidad: es lo que haría una rata.
Viéndolo como escenario, se me ocurren tres hipótesis de acciones para el personaje Fuijimori y sus secundarios:
Hipotesis 1: Fujimori sale por las noches de su celda, y chambea en la campaña, sin ser visto. Aquí caen evidentemente como cómplices Alan (aka) Presidente de la República, el Ministro del interior, el Jefe del INPE, etc. Y por supuesto Keiko la dependiente.
Hipótesis 2. Fujimori no sale de su celda, pero desde el cuartel de campaña le consultan todo, como si fuera el administrador de una polleria, detrás de la cocina. Los Fujimoristas entran y salen, el Jefe revisa los estampados de los polos, los tickets de la rifas bamba.
Igual caen por cómplices Alan, Ministro y el tonto del INPE Igual Keiko debe ir al psiquiatra por no haber cortado jamás con su Electra. su Edipo o lo que sea.
Hipótesis 3. Fujimori nunca sale oficialmente de la Diroes, y oficialmente nunca está en el local de campaña, y oficialmente nunca supervisa nada. Oficialmente nadie entra a su celda con pancartas, cocinas, microondas. Lo que hace Fujimori es entrar al baño de su celda, se mete por el water a un túnel y aparece en el baño del centro de campaña. Me inclino por esta última posibilidad: es lo que haría una rata.
martes 17 de mayo de 2011
domingo 15 de mayo de 2011
Tiempos revueltos, pero aún callados: las elecciones y el teatro peruano
Esta campaña será, junto a la de 1990, la más angustiante y bizarra (a la vez) de la política peruana contemporánea. Tal vez por eso, el territorio parece estar minado, por todos lados, y mucha gente prefiere taparse el culo, para decirlo bien castizo. No me sorprende cómo entre los intelectuales y artistas peruanos, por ejemplo, se instala la tendencia a no tomar parte, a pretender hablar o solo mirar, desde una urnita. Como si ello fuera posible! Yo creo que esto forma parte del ADN cívico de mi país, en que tomar posturas demasiado claras es exponerse a represalias, en particular las del poder. Pero puede que todo sea un gran espejismo, y que la autocensura que nos estamos prodigando nos termine por cobrar muy caro ese silencio.
Pero aclaremos la cosa, con sencillez y sin dilaciones: en esta elección están los que apoyamos a Humala, como única tabla de salvación del sistema democrático medianamente salvable, valga la redundancia. Imperfecto, terrible candidato según algunos, que sin embargo es sin dudas una mejor opción que la otra (que ojalá nunca hubiera llegado a ser opción): la del Fujimorismo castrante que se ha revivido con el brillo de una supuesta renovación, pero que solo tiene como plan legitimar desde el poder los diez y pico años más vergonzosos del Perú. Keiko Fujimori es miembro del clan que gobernó, y por tanto partícipe de la corrupción, secuaz de las políticas de asesinatos selectivos y violaciones de derechos elementales a poblaciones indefensas. Y para esta coartada histórica, los Fujimori cuentan con el solícito y comprado apoyo de grandes empresas periodisticas: el grupo El Comercio, América TV, Frecuencia Latina (Ivcher apoyando a Fujimori!), Epensa y su descuajado diario Correo, entre muchos más.
¿Qué opción queda a la sociedad civil? Quisiera escribir que sus artistas e intelectuales independientes, aquellos en quienes la sociedad puede confiar por su mayor ilustración y sus mejores oportunidades de educación, y que podrían ser el motor de su conciencia colectiva. Pero la verdad es que aún parece que la mayoría de ellos ha optado por la meliflua actitud, la voz quedita, el callar en siete idiomas. Por supuesto hay varias y enormes excepciones. Vargas Llosa, Hildebrandt, Cotler, entre los más famosos. Otros hacen gatomaquia, o simplemente creen no estar compelidos porque son narradores, poetas, críticos, no políticos.
En el teatro peruano la voz más clara y franca la ha llevado por enésima vez Yuyachkani, al respaldar rápidamente a Humala en la segunda vuelta. Con todas las diferencias ideológicas que uno pueda tener con su trabajo, esta vez los de Miguel Rubio han tenido los reflejos claros, prácticos y sobre todo, públicos, lo que creo que es aquello que la sociedad civil puede esperar de sus artistas e intelectuales. Convencidos de su valor "de marca", igual que Vargas Llosa, los Yuyachkani han entendido que el prestigio importa más cuando se asocia con causas altas, como es combatir regímenes autocráticos. Pero se hacen extrañar otros grandes "nombres" del teatro de grupo haciendo causa común, por una vez.
En Peruteatro, por ejemplo, salvo el interés de Luis A. Sánchez, titiritero trujillano, la voz siempre conflictiva pero directa de Christian Franco, del Teatro Loco, o la autora Daisy Sánchez, y algunos más que se me escapan ahora; la voz dominante ha sido "desterrar" el comentario político bajo la absurda agumentación de que el arte teatral puede existir al margen del quehacer público, léase, político. Craso error que ojalá no paguemos muy caro. Por supuesto están también las otras acciones: las campañas de difusión anti Keiko de la gente de Puckllay e Ivone Barriga (en especial en redes sociales y acciones escénicas), los colectivos de alumnos de Artes Escénicas de la PUCP, Intervenciones Públicas como "Por la memoria y dignidad, Fujimori nunca mas", entre otros. El MOTIN no ha intervenido esta vez, como organización grupal, ni ha considerado importante todavía hablar en nombre de un grupo enorme de colectivos en las regiones. No ha sopesado su real poder.
Entre las voces individuales sí quiero destacar, con todo el crédito que pueda otorgársele, la visión comprometida que viene proponiendo Eduardo Adrianzén, dramaturgo y escritor para TV, tal vez la más visible voz individual del teatro peruano que usa su nombre para hacer una campaña principista contra Keiko Fujimori. Una campaña que si fuéramos menos masoquistas, quizás, todos los artistas de teatro deberíamos realizar con premura e intensidad, sin ambages. Me permito enlazar un artículo que Adrianzén está haciendo correr por redes sociales.
Pero aclaremos la cosa, con sencillez y sin dilaciones: en esta elección están los que apoyamos a Humala, como única tabla de salvación del sistema democrático medianamente salvable, valga la redundancia. Imperfecto, terrible candidato según algunos, que sin embargo es sin dudas una mejor opción que la otra (que ojalá nunca hubiera llegado a ser opción): la del Fujimorismo castrante que se ha revivido con el brillo de una supuesta renovación, pero que solo tiene como plan legitimar desde el poder los diez y pico años más vergonzosos del Perú. Keiko Fujimori es miembro del clan que gobernó, y por tanto partícipe de la corrupción, secuaz de las políticas de asesinatos selectivos y violaciones de derechos elementales a poblaciones indefensas. Y para esta coartada histórica, los Fujimori cuentan con el solícito y comprado apoyo de grandes empresas periodisticas: el grupo El Comercio, América TV, Frecuencia Latina (Ivcher apoyando a Fujimori!), Epensa y su descuajado diario Correo, entre muchos más.
¿Qué opción queda a la sociedad civil? Quisiera escribir que sus artistas e intelectuales independientes, aquellos en quienes la sociedad puede confiar por su mayor ilustración y sus mejores oportunidades de educación, y que podrían ser el motor de su conciencia colectiva. Pero la verdad es que aún parece que la mayoría de ellos ha optado por la meliflua actitud, la voz quedita, el callar en siete idiomas. Por supuesto hay varias y enormes excepciones. Vargas Llosa, Hildebrandt, Cotler, entre los más famosos. Otros hacen gatomaquia, o simplemente creen no estar compelidos porque son narradores, poetas, críticos, no políticos.
En el teatro peruano la voz más clara y franca la ha llevado por enésima vez Yuyachkani, al respaldar rápidamente a Humala en la segunda vuelta. Con todas las diferencias ideológicas que uno pueda tener con su trabajo, esta vez los de Miguel Rubio han tenido los reflejos claros, prácticos y sobre todo, públicos, lo que creo que es aquello que la sociedad civil puede esperar de sus artistas e intelectuales. Convencidos de su valor "de marca", igual que Vargas Llosa, los Yuyachkani han entendido que el prestigio importa más cuando se asocia con causas altas, como es combatir regímenes autocráticos. Pero se hacen extrañar otros grandes "nombres" del teatro de grupo haciendo causa común, por una vez.
En Peruteatro, por ejemplo, salvo el interés de Luis A. Sánchez, titiritero trujillano, la voz siempre conflictiva pero directa de Christian Franco, del Teatro Loco, o la autora Daisy Sánchez, y algunos más que se me escapan ahora; la voz dominante ha sido "desterrar" el comentario político bajo la absurda agumentación de que el arte teatral puede existir al margen del quehacer público, léase, político. Craso error que ojalá no paguemos muy caro. Por supuesto están también las otras acciones: las campañas de difusión anti Keiko de la gente de Puckllay e Ivone Barriga (en especial en redes sociales y acciones escénicas), los colectivos de alumnos de Artes Escénicas de la PUCP, Intervenciones Públicas como "Por la memoria y dignidad, Fujimori nunca mas", entre otros. El MOTIN no ha intervenido esta vez, como organización grupal, ni ha considerado importante todavía hablar en nombre de un grupo enorme de colectivos en las regiones. No ha sopesado su real poder.
Entre las voces individuales sí quiero destacar, con todo el crédito que pueda otorgársele, la visión comprometida que viene proponiendo Eduardo Adrianzén, dramaturgo y escritor para TV, tal vez la más visible voz individual del teatro peruano que usa su nombre para hacer una campaña principista contra Keiko Fujimori. Una campaña que si fuéramos menos masoquistas, quizás, todos los artistas de teatro deberíamos realizar con premura e intensidad, sin ambages. Me permito enlazar un artículo que Adrianzén está haciendo correr por redes sociales.
¿A qué repámpanos le tendrán tanto miedo algunos jóvenes?
viernes 13 de mayo de 2011
Mis cinco votos para Humala
Voy a tomar una actitud un poco extraña pero sensata: voy a iniciar una campaña privada para convencer a mis seres queridos, hermanos, padres, cuñados, a los muy cercanos, que sé que dudan aún de cómo votar, para persuadirlos por todos los medios racionales de que la única opción racional, parcialmente democrática, para el Perú hoy es votar por Ollanta Humala. Así han quedado las cosas. Votar en blanco ya no es una opción. Votar por Keiko es aceptar que el Perú es el cuerpo enfermo que no se recuperará jamás, que siempre cederá al poder de los desgraciados que han hecho desgraciada mi patria.
Los medios vendepatria se han confabulado en favor de la mafia, incluso lo han hecho los intereses imperialistas y comerciales del extranjero. No podemos perder dignidad nacional, digamos mejor, amor al suelo en que nacimos. ¿Qué me hago con un poco de plata en mi cuenta de la AFP si no sé si en 10 años existirá siquiera el sistema de derechos civiles? Plata sin libertad, plata sin dignidad. Y ni siquiera mucha plata, joder!
A Humala hay que medirlo, presionarlo, incluso obligarlo a retroceder. No creo que dé la medida de estadista, ojalá me equivoque. Pero Keiko Fukimori sí da la perfecta medida de la miembro del clan criminal más vil que ha gobernado el Perú. A la hija del ladrón, ladrona y falsa ella misma, y a toda la partida de rateros, asesinos y desgraciados del fujimorismo, ni medio metro más de poder.
Voy a trabajar en mis cinco votos en favor de Humala, es la micro-micropolítica que puedo hacer. El tiempo no está para lamentaciones, ni para cálculos de medianía. Es el Perú versus la mierda del fujimorismo, así de simple.
Los medios vendepatria se han confabulado en favor de la mafia, incluso lo han hecho los intereses imperialistas y comerciales del extranjero. No podemos perder dignidad nacional, digamos mejor, amor al suelo en que nacimos. ¿Qué me hago con un poco de plata en mi cuenta de la AFP si no sé si en 10 años existirá siquiera el sistema de derechos civiles? Plata sin libertad, plata sin dignidad. Y ni siquiera mucha plata, joder!
A Humala hay que medirlo, presionarlo, incluso obligarlo a retroceder. No creo que dé la medida de estadista, ojalá me equivoque. Pero Keiko Fukimori sí da la perfecta medida de la miembro del clan criminal más vil que ha gobernado el Perú. A la hija del ladrón, ladrona y falsa ella misma, y a toda la partida de rateros, asesinos y desgraciados del fujimorismo, ni medio metro más de poder.
Voy a trabajar en mis cinco votos en favor de Humala, es la micro-micropolítica que puedo hacer. El tiempo no está para lamentaciones, ni para cálculos de medianía. Es el Perú versus la mierda del fujimorismo, así de simple.
lunes 9 de mayo de 2011
La identidad publicitaria del Perú
Hace pocos días Promperú, organismo del Estado peruano para la promoción de la inversión, presentó un cortometraje titulado "De Peru for Peru", quince minutos de un "documental" (en verdad un mockumentary comercial, diríamos) en que un grupo de celebridades peruanas llegan al pueblito de Peru, Nebraska, para compartir las bondades peruanas, especialmente culinarias y artísticas. Se trata del inicio de la campaña publicitaria para difundir el advenimiento de la Marca País Perú, un proyecto que busca colocar el nombre del país, como marca de alta recordación para turistas, inversionistas y como herramienta de control de calidad para exportadores. (Ver el vídeo aquí)
El corto es superdivertido, ingenioso e incluso emotivo para los que andamos fuera, al menos hasta los minutos finales, cuando uno como peruano suspicaz empieza a preguntarse dónde está el ñeque, como decía mi abuelito. Me refiero a preguntarme, creo yo con franqueza y legitimidad de ciudadano que quiere saber en qué gasta nuestra plata el Estado, si lo que nos está presentando Promperú es solo una campaña publicitaria para lanzar la Marca País Perú, o intenta vectorizar un soporte de ideas (una ideología, digamos sin ambages) sobre la forma en que se construye la modernidad de la identidad peruana, o peor, la identidad moderna nuestra.
Vamos por partes, antes de que me salten al cuello los llorosos chauvinistas que piensan con las glándulas salivales. No digo que no me enorgullezca la comida peruana, que no me parezca sensacional, paradigmática, impredecible. Que la disfruto. Ni que la música peruana, por ejemplo, sea quizás el término más comprehensivo de multiculturalidad que podemos encontrar en cuanto a géneros y formas, al menos en Latinoamérica. Pienso que el problema de esta campaña es que quiera ser instalada, por parte de funcionarios estatales (vean esta entrevista) como referente público de un asunto que es copioso y muy serio en sus implicancias políticas: el tema de la identidad peruana.
El largo spot está hecho en español, para los peruanos en el Perú, y no como podría primero pensarse, como promoción para el extranjero. El objetivo, dicen los publicistas y funcionarios de promperu, ha sido convencer a los propios peruanos de que ser peruano es motivo de orgullo, por vía de confrontarse con una realidad ajena, la del pueblo gringo del midwest, que aprenderá la peruanidad, que es de por sí un valor.
En esta otra entrevista, creo haber hallado la clave de este desplazamiento de la identidad (cultural) del Perú, hacia su identidad publicitaria, y cómo ella se vuelve un boomerang que pretende superar todas las preguntas y dudas sobre el tema esencial a través de un sencillo soporte de publicidad. Julio Luque lo dice de una manera que me deja aún perplejo: "la verdad es que la Marca País ya existe, la Marca País es el Perú y todo lo que somos. Es una nueva identidad. Y la verdad es que es la primera vez que existe una identidad que refleja las tres áreas de toda identidad: la promoción de las exportaciones, la promoción de las inversiones y la promoción del turismo".
Por supuesto entiendo que se refiere al concepto publicitario de identidad, y al concepto comercial de Perú. Otra vez, no tengo nada contra la práctica publicitaria ni la pujanza de los empresarios. Pero creo que el asunto empieza a apestar cuando promperu decide montar toda una campaña interna, dentro del Perú, donde no están los potenciales turistas, ni inversionistas, y donde solo un grupo pequeño es exportador; con el objetivo de concientizar del valor de la marca. ¿Los ciudadanos peruanos no creen en el valor de su país? ¿Necesitan ser adoctrinados en el valor de aquellas prácticas culturales que viven día a día? ¿No saben su utilidad? Mi respuesta es sí, y no.
Un peruano que no es exportador, que come comida peruana, escucha música peruana, y se alegra con razón o sin ella, por los deportistas peruanos, sabe que todo eso responde a su necesidad de pertenencia a un grupo, y en ese sentido lo valora, como recurso inmediato, personal. Lo valora mucho, yo creo, la mejor prueba es que usa todos esos artefactos culturales día a día. Pero a la vez la respuesta es no, pues el que no está en el gremio exportador/empresarial con seguridad desconoce que un país es según los dictados de las leyes del merchandising, también una mercancía más para vender, para dar valor agregado, una imagen que trae réditos económicos. El dilema se plantea así: tenemos que vender la marca Perú, que no es otra cosa que el calco publicitario-comercial del Perú cultural real, pero este Perú real es un complejo heterogéneo de gentes que no encuentran de utilidad práctica, inmediata, el ser una Marca. Que no le ven el juego, ni el beneficio. Me imagino que para los empresarios, y su acólito Presidente García, este último asunto puede representar un real problema: todo el esfuerzo se puede estropear si el pueblo peruano, verdadero dueño de la cultura, y por ende, verdadero dueño también de la Marca, "no sabe que le conviene serlo". ¿O será más bien que siente que ser una Marca en verdad no le conviene? ¿Será que no siente que eso le sirva de gran cosa de forma directa? ¿No apoya o simplemente considera que es un proyecto económico excluyente?
La nada maravillosa realidad puede malograr la marca: maravillados ciudadanos peruanos en situación de hambre crónica (33%), de desempleo y subempleo casi generalizado, de falta de acceso al crédito para emprendedores, de desigualdad de oportunidades de matriz casi colonial, racializada; maravillados ciudadanos peruanos que saben que el Perú real que Nebraska tampoco conoce es el Perú de los ciudadanos "de segunda", el de la inseguridad ciudadana, y el de los cientos de conflictos sociales abiertos; estos maravillados ciudadanos peruanos pueden, y lo hacen con frecuencia, echar a perder el juego que el sistema corporativo en gestación en el Perú se ha tomado tanto esfuerzo en crear.
Por ello, me imagino, la urgencia de hacer un video nacional, que se muestre en TV, en cine, que convenza de que la marca País es el nuevo Proyecto que nos engloba, nos explica y nos aquieta. Gustavo Rodríguez lo dice, casi con ingenuidad: a la Marca país, hay que tenerle respeto y tal vez cariño. Como la bandera, digo yo, solo que ahora no representa a los batallones de guerra. Venga, a morir con honor por nuestra nueva bandera!
Fuera de bromas, esto no es culpa de los publicistas, obviamente, sino del gobierno peruano; el pretender reemplazar con razones del estómago y la alegría popular, atendibles y reales, su inoperancia social. El Estado muestra su total mala intención al no incorporar proyectos educativos que expliquen a los propios ciudadanos del Perú, la "maravillosa experiencia de ser peruanos", sobre la base de una sostenida realidad que haga creer que realmente la maravilla existe, o está empezando a existir. Una educación que sea capaz de no mentirnos, de no inflarnos la burbuja del "qué bien estamos porque Gucci ya entró al Perú y ahora se come cada vez mejor". Esa sería una educación cara y compleja, no costaría unos cientos de miles de dólares como esta campaña, sino que requiere subir el presupuesto de salud, educación, y servicios. ¿Por qué los empresarios no empujan esta otra campaña, más sólida y fuerte, que les daría no solo unos cuantos turistas e inversionistas volátiles, y un montón de estrés, sino tal vez una sólida clase media local que los haga crecer y prosperar mucho más, y con menores riesgos incluso para su seguridad personal? Creo que a quienes más les conviene más gente sana, que sepa leer y que pueda consumir en un país sin mayores conflictos, es a los empresarios.
Mala suerte la de este video, llega en el peor momento a contarnos un cuento que casi nadie cree de verdad: que ser peruano ahora es maravilloso, eso sí, si no somos rajones y pesimistas (como yo) y aceptamos que el vaso está medio lleno y no medio vacío. El vaso del Perú no está ni lleno ni vacío, está volteado: el agua llega muy poquito arriba y luego se chorrea por los costados, hacia afuera, unos dicen que hacia Miami.
El video también es la perfecta cereza para coronar el pastel de una década perdida en políticas de inclusión social.
El corto es superdivertido, ingenioso e incluso emotivo para los que andamos fuera, al menos hasta los minutos finales, cuando uno como peruano suspicaz empieza a preguntarse dónde está el ñeque, como decía mi abuelito. Me refiero a preguntarme, creo yo con franqueza y legitimidad de ciudadano que quiere saber en qué gasta nuestra plata el Estado, si lo que nos está presentando Promperú es solo una campaña publicitaria para lanzar la Marca País Perú, o intenta vectorizar un soporte de ideas (una ideología, digamos sin ambages) sobre la forma en que se construye la modernidad de la identidad peruana, o peor, la identidad moderna nuestra.
Vamos por partes, antes de que me salten al cuello los llorosos chauvinistas que piensan con las glándulas salivales. No digo que no me enorgullezca la comida peruana, que no me parezca sensacional, paradigmática, impredecible. Que la disfruto. Ni que la música peruana, por ejemplo, sea quizás el término más comprehensivo de multiculturalidad que podemos encontrar en cuanto a géneros y formas, al menos en Latinoamérica. Pienso que el problema de esta campaña es que quiera ser instalada, por parte de funcionarios estatales (vean esta entrevista) como referente público de un asunto que es copioso y muy serio en sus implicancias políticas: el tema de la identidad peruana.
El largo spot está hecho en español, para los peruanos en el Perú, y no como podría primero pensarse, como promoción para el extranjero. El objetivo, dicen los publicistas y funcionarios de promperu, ha sido convencer a los propios peruanos de que ser peruano es motivo de orgullo, por vía de confrontarse con una realidad ajena, la del pueblo gringo del midwest, que aprenderá la peruanidad, que es de por sí un valor.
En esta otra entrevista, creo haber hallado la clave de este desplazamiento de la identidad (cultural) del Perú, hacia su identidad publicitaria, y cómo ella se vuelve un boomerang que pretende superar todas las preguntas y dudas sobre el tema esencial a través de un sencillo soporte de publicidad. Julio Luque lo dice de una manera que me deja aún perplejo: "la verdad es que la Marca País ya existe, la Marca País es el Perú y todo lo que somos. Es una nueva identidad. Y la verdad es que es la primera vez que existe una identidad que refleja las tres áreas de toda identidad: la promoción de las exportaciones, la promoción de las inversiones y la promoción del turismo".
Por supuesto entiendo que se refiere al concepto publicitario de identidad, y al concepto comercial de Perú. Otra vez, no tengo nada contra la práctica publicitaria ni la pujanza de los empresarios. Pero creo que el asunto empieza a apestar cuando promperu decide montar toda una campaña interna, dentro del Perú, donde no están los potenciales turistas, ni inversionistas, y donde solo un grupo pequeño es exportador; con el objetivo de concientizar del valor de la marca. ¿Los ciudadanos peruanos no creen en el valor de su país? ¿Necesitan ser adoctrinados en el valor de aquellas prácticas culturales que viven día a día? ¿No saben su utilidad? Mi respuesta es sí, y no.
Un peruano que no es exportador, que come comida peruana, escucha música peruana, y se alegra con razón o sin ella, por los deportistas peruanos, sabe que todo eso responde a su necesidad de pertenencia a un grupo, y en ese sentido lo valora, como recurso inmediato, personal. Lo valora mucho, yo creo, la mejor prueba es que usa todos esos artefactos culturales día a día. Pero a la vez la respuesta es no, pues el que no está en el gremio exportador/empresarial con seguridad desconoce que un país es según los dictados de las leyes del merchandising, también una mercancía más para vender, para dar valor agregado, una imagen que trae réditos económicos. El dilema se plantea así: tenemos que vender la marca Perú, que no es otra cosa que el calco publicitario-comercial del Perú cultural real, pero este Perú real es un complejo heterogéneo de gentes que no encuentran de utilidad práctica, inmediata, el ser una Marca. Que no le ven el juego, ni el beneficio. Me imagino que para los empresarios, y su acólito Presidente García, este último asunto puede representar un real problema: todo el esfuerzo se puede estropear si el pueblo peruano, verdadero dueño de la cultura, y por ende, verdadero dueño también de la Marca, "no sabe que le conviene serlo". ¿O será más bien que siente que ser una Marca en verdad no le conviene? ¿Será que no siente que eso le sirva de gran cosa de forma directa? ¿No apoya o simplemente considera que es un proyecto económico excluyente?La nada maravillosa realidad puede malograr la marca: maravillados ciudadanos peruanos en situación de hambre crónica (33%), de desempleo y subempleo casi generalizado, de falta de acceso al crédito para emprendedores, de desigualdad de oportunidades de matriz casi colonial, racializada; maravillados ciudadanos peruanos que saben que el Perú real que Nebraska tampoco conoce es el Perú de los ciudadanos "de segunda", el de la inseguridad ciudadana, y el de los cientos de conflictos sociales abiertos; estos maravillados ciudadanos peruanos pueden, y lo hacen con frecuencia, echar a perder el juego que el sistema corporativo en gestación en el Perú se ha tomado tanto esfuerzo en crear.
Por ello, me imagino, la urgencia de hacer un video nacional, que se muestre en TV, en cine, que convenza de que la marca País es el nuevo Proyecto que nos engloba, nos explica y nos aquieta. Gustavo Rodríguez lo dice, casi con ingenuidad: a la Marca país, hay que tenerle respeto y tal vez cariño. Como la bandera, digo yo, solo que ahora no representa a los batallones de guerra. Venga, a morir con honor por nuestra nueva bandera!
Fuera de bromas, esto no es culpa de los publicistas, obviamente, sino del gobierno peruano; el pretender reemplazar con razones del estómago y la alegría popular, atendibles y reales, su inoperancia social. El Estado muestra su total mala intención al no incorporar proyectos educativos que expliquen a los propios ciudadanos del Perú, la "maravillosa experiencia de ser peruanos", sobre la base de una sostenida realidad que haga creer que realmente la maravilla existe, o está empezando a existir. Una educación que sea capaz de no mentirnos, de no inflarnos la burbuja del "qué bien estamos porque Gucci ya entró al Perú y ahora se come cada vez mejor". Esa sería una educación cara y compleja, no costaría unos cientos de miles de dólares como esta campaña, sino que requiere subir el presupuesto de salud, educación, y servicios. ¿Por qué los empresarios no empujan esta otra campaña, más sólida y fuerte, que les daría no solo unos cuantos turistas e inversionistas volátiles, y un montón de estrés, sino tal vez una sólida clase media local que los haga crecer y prosperar mucho más, y con menores riesgos incluso para su seguridad personal? Creo que a quienes más les conviene más gente sana, que sepa leer y que pueda consumir en un país sin mayores conflictos, es a los empresarios.
Mala suerte la de este video, llega en el peor momento a contarnos un cuento que casi nadie cree de verdad: que ser peruano ahora es maravilloso, eso sí, si no somos rajones y pesimistas (como yo) y aceptamos que el vaso está medio lleno y no medio vacío. El vaso del Perú no está ni lleno ni vacío, está volteado: el agua llega muy poquito arriba y luego se chorrea por los costados, hacia afuera, unos dicen que hacia Miami.
El video también es la perfecta cereza para coronar el pastel de una década perdida en políticas de inclusión social.
martes 3 de mayo de 2011
Lugar para ver
Otra vez el miedo, la ansiedad. ¿Conduce la memoria de las muertes siempre hacia otra muerte? ¿Es un sino? ¿Una fatalidad política, humana, demasiado humana? El Presidente negro parece esperar su turno en el dentista. Dientes apretados. ¿Lo mueve una convicción, no se pregunta nada? ¿Es el mismo hombre que enseñaba derecho Constitucional en Chicago?
Instalados en una improvisada sala de teatro a distancia, un grupo de miedosos plantea su videojuego. 3D, sin controles. Mentira que hay mando a distancia. Estos tíos asisten a un ritual de muerte que creen haber planeado, pero al que solo están invitados. El suyo es solo un privilegio, no un poder. Al centro, el único hombre tranquilo, no necesita mirar.
El miedo y la ansiedad, mezclados, en dosis similares, combinados producen placer. Los escalofríos que sienten estos observadores observados, son su temor licuado y convertido en placer de espectar, de vivir de lejos, de mirar sin ser visto.
No es que el mundo sea un gran teatro. Es que el mundo está plagado de gente que solo queremos mirar. El ojo reemplazando la mente, reemplazando el corazón y las entrañas. El ojo frío, congelado por el arte de matar y ver morir.
sábado 30 de abril de 2011
OH Llantay!
Walter Ventosilla, teatrista afincado en Nueva York, ha logrado revivir el clásico de la literatura colonial "Ollantay", dándole elementos de espectáculo musical y acercando a la comunidad neoyorkina a uno de los textos más complejos y ricos del acervo teatral peruano. El esfuerzo le ha merecido sendos reconocimientos de la Asociación de Cronistas del espectáculo de esa ciudad, tanto a él, como director, como a sus actores Marisol Carrere y Julio Granados, ex actor de Cuatrotablas. La producción la realizan en comandita Rasgos Theatre group y el Teatro LaTea. Ventosilla trabaja silenciosamente, pero sin duda es un nombre ineludible en el teatro peruano último. Lideró Setiembre, grupo independiente en Lima ligado al momento de apogeo del Movimiento de Teatro Independiente, y además es un prolífico escritor, escribiendo trabajos para su grupo, para actores como Edgard Guillén, u obras extensamente representadas en el Perú como El Mariscal Idiota. De hecho esta última sirve de telón de fondo para un magnífico cuento que el también magnífico Daniel Alarcón publicara hace poco en inglés: The Idiot President, nada menos que en el New Yorker.
Ventosilla es uno de nuestros mejores embajadores culturales, embajador independiente, como los que de verdad valen.
lunes 18 de abril de 2011
La hija adoptiva de la crisis
El famoso Children´s Theater Company de Minneapolis pone desde esta semana "Annie", el musical de la niña huérfana en la Gran Depresión, que encuentra vida mejor al amparo del Daddy Warbucks, y el New Deal empujado por Franklin D. Roosevelt en 1933. En verdad ha habido muchas Annies desde su estreno en Broadway en 1977, y es sin duda uno de esos musicales que sobrevivirán, claro, si sobreviven los musicales. Tiene el encanto y la frescura de música muy inspirada, un relato de filiación, una promoción casera de la esperanza en el porvenir. Son los ingredientes que emocionan en la platea (mi propia emoción, por ejemplo, de escuchar cantar tan extraordinariamente a Megan Fischer, la Annie de esta versión de Minneapolis), y que a la vez contentan el corazón haciéndole creer que corazón es lo mismo que alma y que moral. Digo esto porque en la excelente puesta de Peter Rothstein, mientras aparecen los parados de la gran depresión del 29, haciendo la "soup line", la olla común decimos en mi pueblo, y vemos cantar y bailar de manera obsesivamente broadwayana a desempleados, orates, "homeless"; y del otro lado vemos la ansiedad por la felicidad que sigue llevándonos a las salas de teatro; no es posible dejar de pensar en lo mal que va los Estados Unidos, lo pésimo que se se avizora, y lo aún peor que nadie en público se atreve a anunciar. ¿Estaban exorcizando los americanos sus miedos cuando reescribieron "The little orphan Annie" a fines de los setenta, y cuando ahora regresan a ella como recurso casi de juego ante la crisis? No lo sé. La puesta es bella, y triste. Profundamente sentimental y actuada casi con histeria, con una ligera bronca que parece cada vez más difícil de ocultar en un país que sabe el riesgo de creer en un modelo económico por encima de todo. (Atención, peruanos!)
Al final todos cantan con devoción patriótica "Tomorrow", incluido Roosevelt que está en escena, en silla de ruedas. Bueno, en verdad todos la cantamos en la mente o a todo pulmón, es difícil no dejarse arrastrar por la música y la vana esperanza. A quién no le gustaría que las cosas mejoren con deseos, pero ignoro si habrá muchos pesimistas alegres como yo que piensan que "tomorrow" no siempre quiere decir "mejor".
Nota: No encontré un video de la puesta, pero sí hallé el video de un concierto de la niña que la protagoniza cantando "Tomorrow". Puedo dar fe que en la puesta es mucho mejor. Y para que comparen, les dejo la canción en la versión medio truculenta que hiciera John Huston en 1982, y que de seguro casi todos conocemos. Bueno al menos la escena de la canción quedó bien.
Al final todos cantan con devoción patriótica "Tomorrow", incluido Roosevelt que está en escena, en silla de ruedas. Bueno, en verdad todos la cantamos en la mente o a todo pulmón, es difícil no dejarse arrastrar por la música y la vana esperanza. A quién no le gustaría que las cosas mejoren con deseos, pero ignoro si habrá muchos pesimistas alegres como yo que piensan que "tomorrow" no siempre quiere decir "mejor".
Nota: No encontré un video de la puesta, pero sí hallé el video de un concierto de la niña que la protagoniza cantando "Tomorrow". Puedo dar fe que en la puesta es mucho mejor. Y para que comparen, les dejo la canción en la versión medio truculenta que hiciera John Huston en 1982, y que de seguro casi todos conocemos. Bueno al menos la escena de la canción quedó bien.
viernes 8 de abril de 2011
Todo esto es mi país
Ando releyendo a SSB, el gran poeta y dramaturgo limeño:
TODO ESTO ES MI PAÍS
Sebastián Salazar Bondy
Mi país, ahora lo comprendo, es amargo y dulce;
mi país es una intensa pasión, un triste piélago, un incansable manantial
de razas y mitos que fermentan;
mi país es un lecho de espinas, de caricias, de fieras,
de muchedumbres quejumbrosas y altas sobre heladas;
mi país es un corazón clavado a martillazos,
un bosque impenetrable donde la luz se precipita
desde las copas de los árboles y las montañas inertes;
mi país es una espuma, un aire, un torrente, un declive florido,
un jardín metálico, longevo, hirviente, que vibra
bajo soles eternos que densos nubarrones atormentan;
mi país es una fiesta de ebrios, un fragor de batalla, una guerra civil,
un silencioso páramo cuyos frutos son jugosos,
un banquete de hambres, un templo de ceremonias crueles,
un plato vacío tendido hacia la nada,
un parque con niños, con guitarras, con fuegos,
un crepúsculo infinito, una habitación abandonada, un angustiado grito,
un vado apacible en el cual se celebra la vida;
mi país es un sepulcro en medio de la primavera,
una extraña silueta que abruma con su brillo la soledad,
un anciano que camina lentamente, un ácido que horada los ojos,
un estrépito que apaga todas las músicas terrenales,
un alud de placeres, un relámpago destructor, un arrepentimiento sin culpa.
un sueño de oro, un despertar de cieno, una vigilia torva,
un día de pesar y otro de risa que la memoria confunde,
un tejido de lujo, una desnudez impúdica, una impaciente eternidad;
mi país es un recuerdo y una premonición, un pasado inexorable
y un porvenir de olas, resurrecciones, caídas y festines;
mi país es mi temor, tu ira, la voracidad de aquel,
la miseria del otro, la defección de muchos, la saciedad de unos cuantos,
las cadenas y la libertad, el horror y la esperanza, el infortunio y la victoria,
la sangre que fluye por las calles hasta chocar con el horizonte
y de ahí retorna como una resaca sin fin;
mi país es la mujer que amo y el amigo que abrazo tan sólo por amigo,
el extraño que te sorprende con su odio y el que te da la mano porque quiere;
mi país es la ventana a través de la cual miro la tarde,
la tarde que cae con sus ramos de melancolía en mi pecho,
y el agua matinal con que limpio mis pupilas de imágenes sucias,
el aire que respiro al salir de mi casa cada día,
y la gente que se precipita conmigo a los quehaceres sin sentido,
el trabajo, la fatiga, la enfermedad, la locura, el pensamiento,
la prisa, la desconfianza, el ocio, el café, los libros, las maldiciones;
mi país es la generosa mesa de mi casa y los rostros familiares
donde contemplo la marea incansable de mi dicha,
el cigarrillo que consumo como una fe que se renueva
y el perro cuya piel es cálida como su amistad;
mi país son los mendigos y los ricos, el alcohol y la sed,
la aventura de existir y el orden en que elijo mis sacrificios;
mi país es cárcel, hospital, hotel, y almacén, hogar, arsenal;
mi país es hacienda, sembrío, cosecha;
mi país es escasez, sequía, inundación;
mi país es terremoto, lluvia, huracán;
mi país es vegetal, mineral, animal;
mi país es flexible, rígido, fluido:
mi país es líquido, sólido, inestable;
mi país es republicano, aristocrático, perpetuo;
mi país es una cuna, tumba, lecho nupcial;
mi país es indio, blanco, mestizo:
mi país es dorado, opaco, luminoso;
mi país es amable, hosco, indiferente;
mi país es azúcar, tungsteno, algodón;
mi país es plata, nieve, arena;
mi país es rudo, delicado, débil y vigoroso, angelical y demoníaco;
mi país es torpe y perfecto;
mi país es enorme y pequeño;
mi país es claro y oscuro;
mi país es cierto e ilusorio;
mi país es agresivo y pacífico;
mi país es campana,
mi país es torre,
mi país es isla,
mi país es arca,
mi país es luto,
mi país es escándalo,
mi país es desesperación,
es crisis, escuela, redención, ímpetu, crimen,
y lumbre, choque, cataclismo,
y llaga, renunciación, aurora,
y gloria, fracaso, olvido;
mi país es tuyo,
mi país es mío,
mi país es de todos,
mi país es de nadie, no nos pertenece, es nuestro, nos lo quitan,
tómalo, átalo, estréchalo contra tu pecho, clávatelo como un puñal,
que te devore, hazlo sufrir, castígalo y bésalo en la frente,
como a u hijo, como a un padre, como a alguien cansado que acaba de nacer,
porque mi país es,
simple, pura e infinitamente es,
y el amor canta y llora, ahora lo comprendo, cuando ha alcanzado lo imposible.
jueves 31 de marzo de 2011
Hacer teatro sin hacer política
El Perú está viviendo probablemente sus elecciones más raras desde 1990. En breve, hay cinco candidatos con opciones iguales y todos, sin excepción, son unos personajes de opereta. Pero el cuento es que los ánimos están muy caldeados, y en todos lados, en especial en internet y redes sociales, las diatribas y acusaciones proselitistas van y vienen. Peruteatro, la lista de interés de teatristas peruanos, no fue la excepción. De pronto, mensajes de apoyo, de repudio, de asco, de amor sin barreras, etc. por algún candidato, empezaron a llegarnos a todos, muchas veces de manera multiplicada. La reacción del administrador, Ricardo Morante, fue cortante: peruteatro es una lista para hablar de teatro, dijo, no para hablar de política. "Podemos hablar de arte sin política", afirmaba su comentario.
Digamos que estoy con Ricardo en que Peruteatro es un espacio para intercambiar información prioritaria para los hacedores de teatro, del sufrido teatro peruano. Pero mi gran "pero" es que no veo la línea que divide lo que es artístico de lo que es político, y creo que hacer una división como la que Ricardo propone es tal vez el acto más político que recuerdo en Peruteatro. Porque en verdad, no se puede hablar de arte sin hablar de política, entendida como la cosa social, el interés por el asunto público, por el ejercicio del poder, que nos afecta doblemente, como teatristas y como ciudadanos. Mucho más si pensamos que el teatro es, en sí, un acto de connotaciones políticas, en tanto acto público.
Claro, saltaran los "puritanos" a gritar: "no, queremos el arte por el arte". Y esa, otra vez, es la afirmación más teñida de política que uno pueda hallar. Cuando alguien quiere que el campo del arte esté ajeno de la cosa pública -propuesta negada por la realidad misma- lo que hace es un enunciado político. Lo que dice es: "hagamos un teatro que no se interese en lo político, es decir, hagamos con el teatro la política de mantener el estado de las cosas, sin criticarlo". Cosa difícil de cumplir, y más difícil de sostener. La actitud más ideologizada del mundo es creer que uno puede hablar desde una zona libre de ideologías: es la ideología ciega de sí misma, la forma más tonta de ejercer una cosa pública como el teatro, y quizás la forma más inútil de entender el teatro en un país lleno de problemas sociales complejos como el nuestro. No pido que se haga proclamas políticas en el escenario -ese teatro además de torreja es también inútil. Lo que digo es que no se le quite al teatro su naturaleza política.
De manera que cuando los colegas se interesan en los asuntos de las elecciones, creo que en verdad se abre una buena oportunidad para discutir cosas políticas en serio: qué tipo de gobierno conviene más al ejercicio artístico, cuáles serán las políticas educativas y cutlurales, a quién respaldar seriamente desde nuestra pequeña ventana teatral.
Digamos que estoy con Ricardo en que Peruteatro es un espacio para intercambiar información prioritaria para los hacedores de teatro, del sufrido teatro peruano. Pero mi gran "pero" es que no veo la línea que divide lo que es artístico de lo que es político, y creo que hacer una división como la que Ricardo propone es tal vez el acto más político que recuerdo en Peruteatro. Porque en verdad, no se puede hablar de arte sin hablar de política, entendida como la cosa social, el interés por el asunto público, por el ejercicio del poder, que nos afecta doblemente, como teatristas y como ciudadanos. Mucho más si pensamos que el teatro es, en sí, un acto de connotaciones políticas, en tanto acto público.
Claro, saltaran los "puritanos" a gritar: "no, queremos el arte por el arte". Y esa, otra vez, es la afirmación más teñida de política que uno pueda hallar. Cuando alguien quiere que el campo del arte esté ajeno de la cosa pública -propuesta negada por la realidad misma- lo que hace es un enunciado político. Lo que dice es: "hagamos un teatro que no se interese en lo político, es decir, hagamos con el teatro la política de mantener el estado de las cosas, sin criticarlo". Cosa difícil de cumplir, y más difícil de sostener. La actitud más ideologizada del mundo es creer que uno puede hablar desde una zona libre de ideologías: es la ideología ciega de sí misma, la forma más tonta de ejercer una cosa pública como el teatro, y quizás la forma más inútil de entender el teatro en un país lleno de problemas sociales complejos como el nuestro. No pido que se haga proclamas políticas en el escenario -ese teatro además de torreja es también inútil. Lo que digo es que no se le quite al teatro su naturaleza política.
De manera que cuando los colegas se interesan en los asuntos de las elecciones, creo que en verdad se abre una buena oportunidad para discutir cosas políticas en serio: qué tipo de gobierno conviene más al ejercicio artístico, cuáles serán las políticas educativas y cutlurales, a quién respaldar seriamente desde nuestra pequeña ventana teatral.
miércoles 30 de marzo de 2011
Educación y teatro
Para casi nadie es novedad que las técnicas teatrales sirven para objetivos didácticos, haciéndolas prácticamente insuperables a la hora de crear contextos creativos, rápidos y baratos en una clase, hasta para enseñar matemáticas. En los Estados Unidos hay muchos proyectos extensos y bien fundamentados que atan el teatro a, por ejemplo, la enseñanza de lecto escritura, como el aclamado Arts Literacy project de la Universidad de Brown. En el campo de la enseñanza de lenguas extranjeras, particularmente el español, también tiene una cada vez mayor importancia y uso. Mi amigo Eduardo Cabrera, profesor de Millikin University en Illinois, y teatrista apasionado, ha logrado armonizar sus dos grandes vocaciones en un excelente volumen titulado Teatro Breve, con piezas pequeñas fácilmente montables y de gran provecho lingüístico y cultural para alumnos que desean dominar la lengua de Cervantes. En el libro hay también numerosas sugerencias de ejercicios dramáticos. Pueden ver más datos aquí.¿Por qué el teatro y la educación han aparecido tantas veces unidos en la historia? Creo que da para una larga charla. Lo que sí puedo acotar, es que curiosamente hay también una larga serie de piezas de teatro hechas con el molde de situaciones de instrucción, o con personajes que son maestros. Pienso por supuesto en La lección de Ionesco, o en la legendaria Escuela de Payasos de Friedrich Karl Waechter, pero también en Apareceu a Margarida de Athayde, una desquiciada requisitoria al autoritarismo que se gesta en un aula. O en Pequeños Héroes de Alfonso Santistevan, una metáfora de la concientización educativa y las utopías socialistas en Perú. Eso para no extenderse hablando de las piezas didácticas de Bertolt Brecht.
miércoles 16 de marzo de 2011
César De María: Mensaje peruano en el Día Mundial del Teatro
(No soy muy afecto a los mensajes por el día mundial, pero este, este especialmente toca fibras sensibles y es quizás uno de los mejores que he leído, gracias César).CVS
El mundo vive una avalancha de falsa riqueza.
La globalización y el consumismo nos han inducido a creer que poseer algún objeto lleno
de leds es ser alguien en la vida, y a considerar más interesante a quien carga varios
celulares que a quien lleva varios libros.
Con la muerte de los grandes ideales llegó el endiosamiento de las pequeñeces, de lo
sobrevalorado, lo descartable, lo vacío. Y con eso llegó el desprecio a las ideas que exigen
grandeza moral, llegó el permiso para hacer lo que convenga y no lo correcto, llegó la
glorificación de lo bien hecho antes que del bien en sí mismo, llegó el sacrificio de aquello
que nos hace pensar, en aras de la frivolización que solamente nos hace sentir. Ante este
panorama, el teatro tuvo que asomarse al abismo y preguntarse si debe insistir en dar
algo más que diversión, si debe arriesgarse a seguir pensando y proponiendo, si debe
dejarse vencer por este mundo de oropel o enfrentarse a él, obligándolo a buscar lo
superior, lo integrador, lo mejor de lo humano.
El mundo de hoy nos exige a los creadores teatrales preguntarnos, antes de crear, si
queremos solamente dinero y sonrisas o si aspiramos a cuestionar, a construir o a al
menos, a preguntar con profundidad. En nuestro país, bañado hoy por la falsa felicidad
del consumo –tan parecido a la Europa de entreguerras y por tanto, tan poco auspicioso-
es peligroso ser un artista que piensa, ya no porque uno pueda terminar preso o
desaparecido sino porque puede acabar perdiendo la fama y la riqueza que el éxito
implica. Porque el éxito, hoy, se mide por los dólares que se reciben y no por las
propuestas que se dan. Pese a ello, las mujeres y hombres del teatro peruano se
arriesgan todos los días. Arriesgan su comodidad y su dinero –en el único estado de
América que no apoya masivamente al arte ni a la tecnología- poniendo en escena obras
que dicen lo que ellos realmente quieren decir. Arriesgan su prestigio al buscar, aún en los
escenarios más lujosos, hablar de justicia y de exclusión para mover el alma del país. Y
arriesgan el amor de sus familias al dedicarse a esto y al pelear para que la figuración
venga acompañada por un mínimo de pensamiento crítico que nos mantenga lejos de la
sección Espectáculos y nos dé méritos para seguir en la sección cultural.
El Perú necesita que sigamos peleando juntos por la revaloración de las ideas, de la
belleza y de la crítica social. El Perú necesita que insistamos en ser mejores y sobre todo
que insistamos en hacer mejores a quienes nos siguen. Que divirtamos mientras
cuestionamos, que retratemos lo nuestro con inteligencia y que volvamos a darle valor al
pensamiento, confiados en que las ideas que el país usará para crecer nacerán de gente
como nosotros, creadores tercos e insatisfechos que contamos, por fortuna, con el apoyo
de nuestro público, que viene a darnos lo poco que tiene esperando que le devolvamos
mucho más. Porque sabe que somos capaces de dar muchísimo. En nuestro Perú tan
querido, donde todos somos pobres culturalmente, nos toca a los artistas exigirnos más
ideas para que nuestro público se enriquezca, entendiendo por riqueza no las cosas que
se meten al bolsillo sino las que nacen de la mente y se enraízan en el corazón.
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