No fue una tragedia griega, ni nada menos. Creo que se acercó más a una pieza didáctica, una de esas que te deja cuentas por saldar con la propia conciencia, y desde luego, la propia memoria. Las elecciones peruanas no dejaron a ningún peruano indiferente, eso sí, lo que prueba que saliera como saliera, el espectáculo creado fue bastante importante. Importancia es un valor mayor, tratándose del teatro de la vida, que la calidad estética.
Aquí una visión de los personajes. Breve, inexacta, mal intencionada como todas. Nadie tiene la obligación de ser un santo cuando el mundo es un infierno. De todos modos, ellos son:
Dramatis Personae
Ollanta Humala. Con el nombre más teatral que el Perú jamás podría producir, Humala es un militar a pesar de sí mismo con algo del soldado Schweik y mucho de antihéroe llegado al lugar preciso en el momento preciso. Parece un personaje de Brecht, nadie lo puede defender sin sonrojarse un poco, nadie lo puede acusar sin dudar en el fondo. Pero creo que la personalidad del padre hizo lo suyo, además de nombrarlo como el personaje romantizado de un guerrero que se subleva contra Pachacutec por amor y luego en lugar de ser ejectuado es redimido y puesto a administar una provincia. Los nombres marcan. Recuerdo haberle dicho a mi padre en 2000, con lo de Locumba, con ese nombre será difícil olvidarlo. Hay nombres que hacen a las gentes, sin duda. Qué buscó siempre Humala: poder, y lo ha conseguido. Ha cumplido el desginio que el megalomano padre le asignó con el nombre. No sabemos lo que el poder hará de él, en qué lo convertirá el Palacio maldito de Pizarro, lugar de encuentro de los fantasmas de los Conquistadores: o será el primer sublevado de la nación, o será el último eslabón de la ignominia colonial. Ollanta es una pregunta. Si fuera un personaje de teatro, diría que depende de quién lo interprete para saber adonde llevarlo.
Keiko Fujimori. Nada más teatral que la hija atrapada en los brazos del padre: Antígona, Electra, y por supuesto Cordelia, la favorita del Rey. Algo de honor que necesita ser lavado se teje debajo de su acción política. Pero el honor no es un valor en sí, como se sabe, y como demuestra la zaga de Francis Ford Coppola. Limpiar un nombre, encontrar sepultura honrosa a un padre, entenderse solo a través de él. Keiko se movió como una buena hija, una buena discípula, una buena estudiante. Nunca como una buena madre: la maternidad le hubiera dado otro poder, quizás más independiente, pero prefirió dejar esa parte conflictiva detrás. Avanzó y perdió, perdió por dos opositores gigantes, la memoria de los males que como maldiciones seguirá para siempre el régimen de su padre; y su propia incapacidad de tomar el control de la banda presdiencial. Quizás cuando el rey viejo se muera, Keiko pueda por fin hallar grandeza para expulsar a todos los gángsters que su padre le hizo ver como tíos. O quizás cuando eso suceda, ella, suelta de una atadura, tome un rumbo menos público y tal vez más feliz.
Vargas Llosa, padre. Más padre que nunca, avalando un hijo suyo reconocido a último minuto, aunque a ratos suene a la estratagema con que convencen al desmemoriado conde en El perro del Hortelano de que el plebeyo Teodoro era en verdad también su hijo. Pero el Conde, como VLL, sabía que no era así. Adalid de las causas perdidas, novelista de su propia vida, Vargas Llosa nos ha regalado un capítulo mejor que el del Nobel. Fue crudo, amenazante e incombustible. Pegó y corrió, pero no dejó de ser perseguido, tampoco. Un personaje hecho a la medida de los premios a actuaciones secundarias.
Fujimori. Encerrado en la DIROES veía desfilar sus camiones con propaganda como quien ve despachar sus productos al mercado: con fe, con miedo, con malicia. Fujimori ha probado no ser tan eficaz sin su alter ego, o quizás es su alter ego el que ha probado que ya no puede hacerle los trabajos sucios tan bien como antes. En Death of a salesman, de Miller, Willy Loman el enloquecido vendedor que se cree dueño de un estrella personal, para eludir los fracasos, inventa un mundo paralelo en que todo le sale: los grandes contratos, la incripción de su hijos en la universidad, la mujeres furtivas en su cama, ¿como las filmadas por Kenyi?). Pero sabe que su tiempo se ha agotado y espera reconocimiento, prestigio: ese que fue quizás su único deseo pasional, prestigio a través del dinero, prestigio para borrar la deshonra de ser un paria, un japonés que soñaba volver a su aldea un día lleno de regalos y medallas.
García. No 1 ni 2, simplemente García. Salido este sí de un vodevil, ha evolucionado hasta ser protagonista de varias fechorías, aunque nunca de antología. Menos alambicado que Fujimori, menos diestro que Montesinos, García ha jugado su única carta: la de salvar el pellejo. En el fondo se sabe débil, frágil, por eso se exigió ser tan grande y gordo, ser tan agresivo y deslenguado. A diferencia de Vargas Llosa, del que se puede hacer una obra entera sobre sus iras santas, las rabietas de García no dan sino para un sketch, que sería chistoso si no jugara con la vida y el futuro de tanta gente.
En la pieza hay varios pasantes, personajes ocasionales, furtivos, a veces solo gobernados por el rol que les tocó mostrar:
-los dos directores de El Comercio, uno democrático y otra dictatorial, pero ambos, por supuesto, súbditos de la publicidad y el precio barato del papel. Nota a los directores de escena: pueden ser presentados por uno, por dos o por ningún actor. Una voz en off cumplirá su rol fácilmente.
-Nadine Heredia, escurridiza, más aún que su propio marido, será sin duda una figura si los productores le dan su propio show. Será figura, no dije que eso será para bien, necesariamente.
-Antauro. Aparecerá solo para aguar la fiesta, para mear en la pileta. Pero aparecerá. Y si no aparece, se encargarán los medios de que aparezca. Será una prueba para el escurridizo Comandante para ver hasta dónde va el compromiso filial.
-Vargas Llosa, hijo. Otro soñador de ojos abiertos, quisiera ser Horacio pero Ollanta no es Hamlet. Quisiera ser Vladimir, pero Ollanta no es Estragón. Ante la ausencia de una dupla, este otro hijo tutelado tendrá la dura prueba de decidirse a ser lo que siempre quiso. Tal vez tendremos unas cuantas líneas memorables con este personaje, ojalá no las del propio suicidio como es su costumbre.
-Rafael Rey y cardenal Cipriani.. Esta pareja debe aparecer siempre junta, pues juntos operan, como Castor y Pólux. Nada sale de la boca estudiada y maquillada de Rey Rey que no haya sido bendecido por Monseñor, y nada sale de ambos que no haya sido faxeado a través de una Prelatura personal. La ultraderecha de la Iglesia quiere un rol más directo (acciones en la Bolsa?) en el auge económico peruano. Nota al actor: evite ante todo actuarlos como si fueran solo la copia "pulp" del Tartufo. Son más complicados.
-Toledo. Abatido por el alcohol, envilecido por su propio ego trabajado cuidadosamente por la academia americana sobre la base de su complejo de inferioridad, Toledo es una personaje entrañable de lejos, y abominable de cerca. Sin dudas el más teatral de todos, en el mal sentido, claro: nada parece salir de sus labios que no haya sido pasado primero por un delicado proceso de engolamiento. Lo salvará estar cerca de los que ganan, eso es algo que hizo siempre bien: salir en la foto de los blancos.
-De Soto. Decidió llamarse como un viejo conquistador español, cuando en Arequipa nunca ha habido familias de ese apellido. Este es su punto de inflexión: Volvemos al nombre, arquetipo del hombre. De Soto se ha inventado a sí mismo, se ha reinventado siempre, y aparece a la diestra de quien sea que tenga el dinero para pagarle. Es su trabajo. Tal vez el personaje más raro de esta elección: no cambió, no se despeinó (no es broma) no hizo casi nada. Y salió en las portadas. Larga vida a los saben jugar al poker con cuatro cartas mediocres en la mano.
-PPK. Sigla en lugar de nombre, indice bursátil en lugar de alma. Al actuarlo, evitar la exageración de su invalidez. Es real.
-La embajadora de la potencia extranjera: Dos líneas fáciles que cualquiera puede decir. Amenazar es fácil: finge el carácter.
Un grupo grande de periodistas dignos de una película de Fellini, o de una obra de Pavlovsky. Aldo, Rosa M, Althaus, Rospiglosi, Bayly. No molestarse en contratar actores para esto, en verdad cualquiera lo puede representar.
Mucha gente más. Muchas protestas, muchas manchas en la red. Mucha bronca contenida y desbordada.
La acción en Lima y todas las demás ciudades que no son Lima, mayo-junio de 2011.
La luz sigue siendo mortecina.
martes 7 de junio de 2011
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