jueves, 31 de enero de 2013

Ciudades teatrales, 2



traffic jam.jpg
7 pm, en un atolladero de tráfico en el downtown de minneapolis, un sábado de enero con un frío que no se cree (ajá, 23 grados bajo cero). hemos manejado cinco horas hasta aquí, cruzando la pradera  del medioeste y conversando sobre la familia ingalls, puno, arguedas, lewis&clark, indistintamente, mezclando y chacoteando sobre todos los temas. de modo que al llegar a la gran urbe lo primero que hacemos es recordar -un poco agotados- por qué aprendimos a querer a este lugar tan impensable del mundo que es minnesota: es por el frío, es por la gente medio-rara-medio-loca pero nice, es por la U increíble que tienen. pero sobre todo es por el teatro de minnesota. el lugar donde la gente se enorgullece de su teatro, la cosa más rara que he visto.
pero no solo es orgullo.

- yo creo que a estos ya les falla algo en el cerebro, pienso

 y aquí viene la anécdota de nuevo: son las 7 pm y no salgo del tráfico en south second street, octava cuadra. todo el downtown es una desgracia, por grandes eventos, claro está. pero en esta parte el atolladero es solo culpa del teatro. y del frío. y de la actitud tan nice de los minnesotanos. todo junto. pero el origen es el teatro: hay una fila interminable de autos que espera pacientemente a una mancha interminable de   gentes apuradas-congeladas que cruzan a pie desde los aparcaderos para alcanzar alguna de las funciones que empiezan en el Guthrie Theater.

una muchedumbre interminable de espectadores que atora el tráfico varias cuadras a la redonda. en el día más frío de la temporada.


de los taxis bajan otros tantos intrépidos que deciden correr por dos, tres cuadras, hasta el teatro. (hay que estar loco, 23 bajo cero,  con una sensación de frío de -35 y la brisa del Mississippi de yapa).

y los espectadores sigue llegando, y los autos los dejan cruzar, porque el peatón siempre tiene preferencia, y las tres salas reciben trescientos, quinientos, no sé, tal vez en total unos mil quinientos espectadores por función. pero al edificio del guthrie también va gente solo a tomar café, o a observar valientes la noche más helada desde el mirador de vidrios amarillos instalado en el sétimo piso. y también están los que ya vieron las funciones anteriores y se quedan merodeando. de manera que quizás hay otras mil personas solo dando vueltas por el edificio, en los restaurantes, como si fuera un mall... pero en las vitrinas no hay perfumes, hay vestuarios o afiches o fotos de puestas, y en lugar de fotos gigantes de celebridades vendiendo algo para adelgazar, están esos retratos inmensos de chejov, de williams, de o´neill...

-algo ya no anda bien en estas cabezas, pienso mientras busco dónde aparcar.




lunes, 28 de enero de 2013

¿La crítica de teatro en el Perú anda en crisis?



Le preguntan a Sergio Velarde, actor, crítico, divulgador teatral, si acaso la crítica teatral  peruana está en crisis. Sergio responde, a mi modo de ver, como a tientas: "quiero pensar que no". Y en seguida echa de menos en una frase las críticas en diarios que publicaban gente como Luis Paredes o Santiago Soberón.
Debo decir, materia importante, que la entrevista se la hacen a propósito de la publicación de un libro de sus propias críticas que Sergio ha recogido, principalmente a partir de su muy visitado blog, El Oficio crítico.
Suscribo todo lo dicho por Velarde, por supuesto.
Lo que vemos en el Perú ahora es la ausencia de ese espacio permanente, de esas personas apasionadas, que hicieron de la crítica un ejercicio de cuestionamiento y enriquecimiento, para público y prácticos del teatro. Por supuesto me refiero especialmente al trabajo de Alfonso La Torre y Hugo Salazar Del Alcázar, a fines del siglo XX,  además de Sara Joffré en su tiempo en El Comercio, así como los ya mencionados por Sergio y varios otros más. También, aunque en un registro muy suyo, muy de colega-crítico, pienso en el trabajo que hizo Alonso Alegría en Perú21 por varios años, recientemente. Pero no creo que el interés por hacer crítica teatral se haya evaporado: sigue allí, con mucha claridad, en otros espacios, en los blogs como El Oficio, Crítica Teatral Sanmarquina o en las discusiones alojadas en encuentros, festivales y muestras. Supongo que también anda por ahí en el tono de algunos post en el  mismo Facebook, en donde a veces algunos se lanzan a escribir lo que piensan de una puesta. O en algunas intervenciones ocasionales, pero igual dignas de tomar en cuenta, como este texto de Jeremías Gamboa sobre A ver, un aplauso!
Son los diarios los que han cambiado, y la institución del "crítico de diario" la que ha entrado en desuso. Todo eso por supuesto por razones extrañas al teatro mismo. Hubo un momento en que todo periódico que se modernizaba echaba al tacho las secciones de cultura, y se ahorraba la paga a quienes la escribían, por supuesto. De allí en adelante no hemos tenido la fortuna de que se recupere permanentemente tal espacio, o que se genere uno nuevo que reúna lo que se escribe ahora.

martes, 15 de enero de 2013

Arguedas, las fiestas, ganar plata

Desperté de madrugada tratando de recuperar el lugar exacto en que lo había leído. Busqué entre los libros cercanos, en todas partes, medio dormido: recordaba claramente el sonido de la frase de Arguedas y la referencia directa a las fiestas populares andinas, pero tardé buen rato en ubicar la cita exacta. Es la no sé qué vez que leo Los zorros, pero la urgencia de encontrar la cita me llevaba en un desorden grande, de párrafo  en párrafo, de atrás hacia adelante, de ida y vuelta. Cuando al final la tuve, me sorprendió que mi memoria hubiera cortado la referencia inmediatamente anterior, acerca de la boite donde se presentan las danzas chilenas. En breve, Arguedas curándose de la depresión es llevado a la boite café. Las danzas le parecen horripilantes, y se refiere a los hombres como amariconados y las mujeres como achuchumecadas. No es un comentario de género, necesariamente, me suena más a una calificación desesperanzada de cómo el mercado convierte en mercancía carnal la música popular, la danza, en especial el mal llamado folklore. La plata desacraliza totalmente el arte, lo degenera según pareciera decir Arguedas. No es fácil decirlo, Los diarios de los Zorros parecen prosa de un alucinado. Bueno, son de alguien a punto de matarse.
El comentario final, la desmariconización, va directamente a referirise a las fiestas populares, esos takis que aun existen, en que danza, ritual, música, sirven de memoria y alegría comunal. son el arte popular de verdad.

Al final, luego de releer esto sigo sin totalmente comprender el texto. Entiendo sí,  cuál era mi pregunta mientras dormía: ¿realmente existirán aún esas fiestas?



Este es el pasaje, El Zorro de arriba y el zorro de abajo, p. 23-24, es el tercer texto del Primer diario:

"13 de mayo
Me siento a la muerte. Un amigo peruano me llevó anoche
a una boite-teatro fea; le dijeron que presentaban danzas y
cantos chilenos. Era cierto, muy entretenido para el público al
que vanidosa aunque “objetivamente” llamamos vulgar, frívolo,
etc. Entre calatas, cómicos, conjuntos de jazz y de pelucones,
todo mediocre, apareció un “ballet” chileno. ¡Maldita
sea! No digo que ya no es chileno eso; pero para los que sabemos
cómo suena lo que el pueblo hace, estas mijigangas son cosa
que nos deja entre iracundos y perplejos. Yo no diría tampoco,
como otros sabios, que eso es una pura cacana. Algo sabe a chileno.
Los “huasos” aparecen muy adornaditos, amariconados
(casi ofensa del huaso) y las muchachas algo achuchumecadas
(como no queriendo perturbar la frivolidad de los contertulios
que pagan el espectáculo) con la gracia fuerte del macho y de la
hembra humanos, encachados, que en el campo o en la ciudad
no entran en remilgos cuando cantan y bailan lo suyo y así transmiten
el jugo de la tierra. No digo que entre la llamada “aristocracia”
y la descuajada clase media de estos pueblos no haya
también gente que ha conservado ese jugo. Pero, casi todos se
amamarrachan con las “convenciones” sociales, con ese enredo
fenomenal en que aparecen estos “huasos” amariconados, estas
muchachas achuchumecadas, que así se achuchumecan para
convertir los bailes de la gente fuerte en “espectáculo agradable
y nacional”. ¡Maldita sea, negro Gastiaburú! Tú eras médico, un
doctor. Y maldecíamos juntos estas cosas que son fabricaciones
de los “gringos” para ganar plata. Todo eso es para ganar plata.
¿Y cuando ya no haya la imprescindible urgencia de ganar plata?
Se desmariconizará lo mariconizado por el comercio, también
en la literatura, en la medicina, en la música, hasta en el modo
como la mujer se acerca al macho. Pruebas de eso, de lo renovado,
de lo desenvilecido encontré en Cuba. Pero lo intocado
por la vanidad y el lucro está, como el sol, en algunas fiestas de
los pueblos andinos del Perú."


viernes, 11 de enero de 2013

Mejor danzar que usar powerpoint

Esa es la propuesta general de un grupo de investigadores, en particular de ciencias naturales. Un video, ya casi viral, del periodista  John Bohannon ejemplificando la propuesta con la ayuda de Mark Flink del grupo Black Label Movement de Minneapolis, está disponible aquí:

 TED John Bohannon

El proyecto es más grande, abarca también un concurso anual, Dance your PhD, para que jóvenes académicos usen formatos de danza para ilustrar las tesis centrales de sus respectivas disertaciones o tesis finales. Aquí hay una lista de los ganadores del año 2012, y sus propuestas:

Dance you PhD

Suena bien. Aunque algo no suena del todo bien... Suena muy ecológico, muy humanista, eso de no usar tanta tecnología, no tanta maquinita. Pero para que salga realmente bien, en términos de coreografía, la cosa tiene que ser hecha por profesionales. En la segunda web que enlazo, se ve lo que pasa cuando no se usa buenos bailarines, o un buen director: la cosa da risa, de la mala. Y lo que sobreviene, es precisamente lo más curioso: cuando sí se tiene el auxilio de un coreógrafo brutalmente bueno, como es el caso de Flink, el del primer video, la potencia comunicativa de la performance se lleva de encuentro el texto verbal, la información científica. La sobrepasa.

El problema seguirá siendo cuando la ciencia quiere usar el arte para ilustrar sus ideas. En verdad, el arte es otra forma de aprehender la realidad, otr modo de conocer. Quizás un paso más interesante sería si un físico explora las leyes que rigen una performance de Pina Bausch, o un sociólogo elabore una teoría para comprender las relaciones corporales entre miembros de un colectivo social. S.m.p.

Bueno, al menos  estos proyectos pueden crear nuevos trabajos pagados para los artistas, no?



martes, 8 de enero de 2013

Los Miserables tigres

No se puede defender purismo en la recepción de las obras, tampoco en sus adaptaciones. Les Misérables es un buen ejemplo de eso, porque el texto ha sido recibido como novela por entregas, luego como novela monumento, y después en su extendido paso por la cultura popular a través de la radio, el cine y el musical, todo lo cual sin dudas ha movido su inicial audiencia, sus sucesivas interpretaciones y por supuesto, su valoración.
Pero es curioso preguntarse cuánto de ese viaje de género en género, de lengua en lengua, modifica tal recepción. O mejor, cuánto se mueve el sentido de una obra si se vuelve libro único, película, teatro. y también, cuánto la afecta la historia social del nuevo tiempo, la cultura de su audiencia. 

No quiero defender ninguna tesis, solo pondré aquí un punto algo divertido, en relación al musical Les Miserables. Cuando uno compara las dos versiones de la canción J´avais rêvé/I dreamed a dream del musical, la una en el musical original de Schonberg en Francia (1980) y la otra de la versión inglesa-estadounidense, se encuentra  un desplazamiento de contenidos más que interesante. Deseosos de mantener la misma melodía, la letra se trangrede bastante como es comprensible. Pero hay más que eso. Comparemos el inicio de ambas: 

 J'avais rêvé d'une autre vie
Mais la vie a tué mes rêves
Comme on étouffe les derniers cris 
D'un animal que l'on achève 
J'avais rêvé d'un coeur si grand 
Que le mien puisse y trouver place 
Mais mon premier prince charmant 
Fut l'assassin de mon enfance  

There was a time when men were kind 
 When their voices were soft 
 And their words inviting 
 There was a time when love was blind 
 And the world was a song 
 And the song was exciting 
 There was a timeThen it all went wrong 

La Fantine francesa tiene claro que el problema es que la vida le ha matado los sueños, como se acallan los gritos de un animal  atrapado. En comparación, la letra en inglés es gaseosa, totalmente roma, los hombres eran buenos, el amor ciego, los sueños mueren por morir. Ni qué decir de la mención al príncipe azul en francés que además es el asesino de su infancia! En inglés, las cosas simplemente fueron mal.  

Pero Fantine en francés es más convincente aún, más realista y clara cuando se trata de encontrar culpables:  
J'ai payé de toute mes larmes 
La rançon d'un petit bonheur  
À une société qui désarme  
La victime, et pas le voleur  
J'avais rêvé d'un seul amour  
Durant jusqu'à la fin du monde 
Dont on ne fait jamais le tour  
Aussi vrai que la terre est ronde 

Ha pagado el precio de sus pequeñas alegrías con lágrimas, y la sociedad se las ha cobrado. Se las cobra a la víctima, no al victimario. En cambio en inglés la mención de la sociedad desaparece, se diluye la idea central, el sueño se acaba porque se acaba, la pérdida del sueño es culpa del soñador.  
Más curioso aún, no sabiendo a quien culpar, ¡el letrista en inglés se inventa la imagen de los tigres!
But the tigers come at night 
With their voices soft as thunder 
As they tear your hope apart 
As they turn your dream to shame   

Cierto que es solo una metáfora, que tigre en inglés implica alguien malo y muy fuerte,  pero sigo creyendo que ir de "la sociedad" a "los tigres" en la versión nueva, suena como una pérdida de perspectiva social.  Por eso el remate de estas frases resulta tan aleccionante: mientras en francés Fantine está dañada por una sociedad  que privilegia a los malos, en inglés Fantine nunca sabe de dónde le atacan, un mal, un animal, un tigre, algo llegó y estropeó todo. El mal es social en la pequeña canción francesa. El mal es desconocido e incontrolable, en el famoso número en inglés. 
 

sábado, 5 de enero de 2013

¿Daniel Day-Lewis es Lincoln?


Entre los comentaristas, y también entre espectadores comunes, anda corriendo el elogio curioso de que la interpretación que hace Daniel Day Lewis sobre el Presidente Lincoln es más que excelsa: simplemente Day Lewis "es" Lincoln. La cosa amerita pensarla, y no precisamente porque la crea falsa. Lo que está pasando -así, en presente progresivo- es que empieza a organizarse una corriente de opinión de que  el gran actor irlandés ha hecho (con ayuda del muy interesante screenplay del dramaturgo Tony Kushner) una de esas performances actorales que se quedará grabada en la retina de los espectadores. La certeza de que quienes ven a Day Lewis interpretando a Lincoln, en verdad están viendo a Lincoln redivivo, es cada vez mayor. Y no les falta verdad: en cierto sentido, la mirada, el tono de voz, la sonrisa, los palmazos en la mesa que despliega el actor en el ecran serán el único Lincoln "real" que verán en toda su vida. En más de un sentido, el actor ha incorporado su propia energía para construir un Lincoln verosímil, diferente pero familiar, cercano. Diría, en general, que Day Lewis es Lincoln porque es Lincoln quien se ha vuelto Day Lewis, no al revés. Más allá del parecido físico, algún que otro ajuste de maquillaje, de gestualidad corporal, ninguno de los seguidores del dos veces ganador del Oscar dejará de reconocer, bajo la barbita y el peinado lincoliano, también al futbolista parapléjico, al último mohicano, incluso los ojos fulgurantes de Bill the Butcher. Ese repertorio anda también allí, entre los signos que el actor lanza para convencernos de que es Lincoln.
Pasa todo esto no por razones extrañas, en verdad es algo que pasa con todos los actores, pero es evidente solo en los que tienen la potencia especial de hacerlo ver. No hay transmigración de almas ni cambios de personalidad cuando se actúa: la ideología de que un actor es camaleónico, transfigurante profesional, es, ddesde luego, una leyenda urbana.
En una gran actuación, o en una que se toma por tal,  hay dos cosas que son concretas e historizables: la presencia cautivante de un actor, dispuesto a llenar nuestros sentidos, y la presencia real de una audiencia conmovida, ejecutante pasiva de un ritual de consagración pública. Las técnicas y razones del primero quizás son más conocidas. Las de la audiencia son casi inimaginables. Aunque en el caso de Lincoln se puede atisbar algunas: unos ciudadanos conmovidos por su propia derrota social, buscando fondo a sus creencias, creyentes de ese culto a los padres inexistentes tan caro a la cultura popular americana, devotos de los héroes de cursillo de Historia americana, o de billete de 5 dólares, ese que con más frecuencia tiene un ciudadano común en el bolsillo.
Lincoln es un padre muerto que ha vuelto a la vida. Pero la vida que está viviendo, en verdad, es la vida de un genial actor británico.

jueves, 3 de enero de 2013

Ciudades teatrales, 1

Teatro hay en toda ciudad grande, me dijo una gran amiga escritora. Eso es cierto, en todas las poblaciones que merecen vagamente el nombre de ciudades hay algún tipo de actividad teatral. Incluso en esta donde vivo, Sioux City, 80 mil habitantes, en medio de la nada, llegan con frecuencia obras, aparece algún grupo independiente local.
Pero la pregunta es si hay ciudades que son prioritariamente devotas del teatro, o ciudades para las que el teatro es una columna vertebral, un signo comunitario, un hecho central. Cuando escribo esto pienso mucho en  dos ciudades teatrales (en parte porque son las que conozco mejor, por supuesto): Minneapolis y Buenos Aires. Lo que tienen en común son varias cosas, pero prioritariamente dos: gran cantidad de producción teatral local y, por lo demás, una diseminación pública de esa imagen. No es que en esas ciudades el teatro deje de ser un espectáculo de público reducido (comparado con el cine o la televisión), para nada. Pero en esas ciudades hasta la gente que rara vez va al teatro habla de él. O ha escuchado con regularidad que el teatro de su ciudad es, digamos, destacable.
En Minneapolis/St. Paul, el frío y el teatro son los temas favoritos de una conversación casual. Los minnesotanos sienten un orgullo curioso por su teatro, alguien les ha dicho que son la ciudad con más teatros per capita, incluso más que NYC. Casi todo el mundo ha oído hablar al menos, del Guthrie, ese gigante edificio que se emplaza literalmente encima del Mississippi con un diseño de aeropuerto espacial.
En Buenos Aires por supuesto el fútbol es el teatro auténticamente masivo, y los verdaderos divos son sus futbolistas. Pero impresiona el exceso, la abundancia de oferta teatral, la hacinada Avenida Corrientes, la fiesta pública de ir al teatro, comer algo, charlar en las calles, meterse a una librería de rato en rato. Todo junto hace el rito teatral porteño. Y también los bonaerenses que no van al teatro al menos mencionan de oídas algo, el Cervantes, algún espectáculo que suena. Y muestran algo que parece orgullo.
Pero insisto en que lo que hace  verdaderamente teatral, desde mi punto de vista, a una ciudad es la abundancia de producción local. De producción nacional, de autores regionales, de teatros que hacen cosas que no se ven en otros sitios. Teatros que hacen distinta la ciudad, y ciudades que hacen distinto su teatro. Una ciudad teatral nunca podrá ser una de verdad en tanto viva de "poner" simplemente lo que hacen en cualquier otro lugar o urbe medianamente grande, de recibir de gira algo de Broadway o de solo intentar hacerlo con talento local. Una ciudad teatral tiene confianza en su identidad, innova, confía en su diferencia, eso sí que me queda claro.
No creo que haya razones especiales para lograr eso, al menos no se me ocurren ahora. Ni el tamaño de la ciudad, ni su riqueza. Diría que es casi una casualidad, algo que se ha construido porque sí. A eso también se le llama tradición: algo que repetimos sin razones aparentes hasta que andando el tiempo ese algo empieza a definirnos.

domingo, 22 de mayo de 2011

Robert Frost opina sobre el tema también

Con esa ansiedad de ubicuidad enfermiza que suele atacarme, en que escribo y leo creyendo muy de veras que aún estoy en Arequipa -me equivoco todo el tiempo- y que luego me obliga a restregarme los ojos cuando salgo al calor asfixiante del verano continental de Minnesota, a los highways, a las desoladas calles con casitas todas iguales en la ciudad más extrema del Midwest.
Hoy anduve otra vez con esa sensación de tener cuerpo y alma pegados con engrudo. Mientras mis tres chicas se iban a ver chucherías en Michaels, opto por meterme a la librería Barnes&Noble, en realidad para buscarme un café helado. Mientras espero a la chica que me lo prepara, me jala algo, entre los anaqueles. Cruzo a ver entre las ediciones baratas y al segundo un libro, Collected Poems by Robert Frost, me elige. He leído a Frost más en español, y más en el Perú. En general, es una paradoja (una parajoda,  como dice Mi mejor amiga): leía mucha más literatura estadounidense mientras vivía en Arequipa. Pero heme allí esperando el café reconociendo las líneas en inglés a través de mi recuerdo en español,  como si una voz me las tradujera mezclando dos voces como en los documentales torrejas.
Me quiero convencer: es bueno salirse de la locura, de la ansiedad de las elecciones peruanas, y las diatribas televisivas, y los desafíos bien machos en el Facebook, y los blogs donde se discute a oscuras unos con chaira y otros con nada en la mano, o de las conversaciones telefónicas con  familiares que últimamente se calientan demasiado. Mejor que todo eso es leer a Frost. De pronto me doy cuenta que hace rato estoy releyendo como si fuera un disco rayado, The Road not Taken. Leer poesía para mí es como comer algodón de azúcar: siempre se me pegotea, abro la boca y no atrapo nada, suele empalagarme, hacerme daño incluso, pero me gusta. Releo hacia arriba y hacia abajo mi algodón. Al final me voy pensando en que el poema de Frost no me ha sacado del Perú: creo que me ha metido peor, como siempre. Peor porque lo hace con una fuerza sorpresiva. Bueno aquí los dejo con el texto. No tienen por qué ver lo mismo que yo, por exceso de cafeína, esta tarde vi en él.


El camino no elegido
Robert Frost
Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.

Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.

Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.

Alto en el bosque en una noche de invierno

Me imagino de quién son estos bosques.
Pero en el pueblo su casa se encuentra;
no me verá parada en este sitio,
ante sus bosques cubiertos de nieve.

Mi pequeño caballo encuentra insólito
parar aquí, sin ninguna alquería
entre el halado lago y estos bosques,
en la noche más lóbrega del año.

Las campanillas del arnés sacude
como si presintiera que ocurre algo…
Sólo se oye otro son: el sigiloso
paso del viento entre los copos blandos.

¡Qué bellos son los bosques, y sombríos!
Pero tengo promesas que cumplir,
y andar mucho camino sin dormir,
y andar mucho camino sin dormir.

Versión de Agustí Bartra

viernes, 20 de mayo de 2011

El peor analfabeto es el analfabeto político.

El no ve, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
El no sabe que el costo de vida, el precio del poroto, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado o el remedio, dependen de decisiones políticas.

El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política.

No sabe, el imbécil, que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, el asaltante, y el peor de los bandidos, que es el político corrupto y lacayo de las empresas Nacionales y multinacionales".

Bertolt Brecht

jueves, 19 de mayo de 2011

Actualización 1: Teatro y elecciones

Don Ernesto Ráez, una respetada figura del teatro nacional, me hace llegar un mensaje y varios recuerdos de lo que mi frágil memoria olvidó en el repaso de los teatristas que están actuando, en la vida real, también por evitar el despeñadero de la patria. A la propia voz de él, sumemos las de los integrantes de Tárbol, teatro y títeres, Miriam Reátegui, Mary Oscátegui y el importantísimo autor Juan Rivera Saavedra; la enorme, profundamente convencida movida anti Keiko en Villa El Salvador, a través de CIJAC, Arena y Esteras, Vichama, y otros grupos, especialmente de jóvenes. En Lima Norte, Comas,  la gente que organiza el Festival de Acciones Escénicas hace lo propio. Empieza a moverse el terreno. En redes seguro hay más, que no alcanzo a registrar, como la potente opinión de Alfonso Santistevan. Y claro mi interés es tratar de registrar, de anotar. No son gestos sin sentido: el maestro Ráez lo dijo, se trata de sumar voces, no hay voz pequeña. Se trata de evitar la malhadada complicidad, simplemente. Y se trata de que el tiempo futuro juzgue nuestra consecuencia, no nuestra impavidez ante la mentira y el interés de los que quieren terminar de estrujar el país. SI gana la mafia, sabremos qué hacer y cómo mantener las convicciones. Si la evitamos, también evitaremos el triunfalismo de los que sin abrir su boca ahora, querrán decir que en el fondo siempre fueron anti keiko. Basta de medias tintas, el que está en favor de la mafia va a tener que decirlo muy claramente esta vez. Algo habremos avanzado, entonces.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Fujimori entre bambalinas

Estoy maravillado con esto. Es un gráfico del diario La República que explica cómo, entre la prisión de Alberto Fujimori y el local de campaña de Fuerza 2011, el nombre del grupo de Fujimori, la hija, hay solo 20 metros de distancia. La Celda del expresidente está teóricamente en la DIROES dependencia de alta seguridad de la policia peruana.

Viéndolo como escenario, se me ocurren tres hipótesis de acciones para el personaje Fuijimori y sus secundarios:
Hipotesis 1: Fujimori sale por las noches de su celda, y chambea en la campaña, sin ser visto. Aquí caen evidentemente como cómplices Alan (aka) Presidente de la República, el Ministro del interior, el Jefe del INPE, etc. Y por supuesto Keiko la dependiente.
Hipótesis ‎2. Fujimori no sale de su celda, pero desde el cuartel de campaña le consultan todo, como si fuera el administrador de una polleria, detrás de la cocina. Los Fujimoristas entran y salen, el Jefe revisa los estampados de los polos, los tickets de la rifas bamba.
Igual caen por cómplices Alan, Ministro y el tonto del INPE Igual Keiko debe ir al psiquiatra por no haber cortado jamás con su Electra. su Edipo o lo que sea.
Hipótesis 3. Fujimori nunca sale oficialmente de la Diroes, y oficialmente nunca está en el local de campaña, y oficialmente nunca supervisa nada. Oficialmente nadie entra a su celda con pancartas, cocinas, microondas. Lo que hace  Fujimori es entrar al baño de su celda, se mete por el water a un túnel y aparece en el baño del centro de campaña. Me inclino por esta última posibilidad: es lo que haría una rata.

martes, 17 de mayo de 2011

Adrianzén dixit

domingo, 15 de mayo de 2011

Tiempos revueltos, pero aún callados: las elecciones y el teatro peruano

Esta campaña será, junto a la de 1990,  la más angustiante y bizarra (a la vez) de la política peruana contemporánea. Tal vez por eso, el territorio parece estar minado, por todos lados, y mucha gente prefiere taparse el culo, para decirlo bien castizo. No me sorprende cómo entre los intelectuales y artistas peruanos,  por ejemplo, se instala la tendencia a no tomar parte, a pretender hablar o solo mirar, desde una urnita. Como si ello fuera posible! Yo creo que esto forma parte del ADN cívico de mi país, en que tomar posturas demasiado claras es exponerse a represalias, en particular las del poder. Pero puede que todo sea un gran espejismo, y que la autocensura que nos estamos prodigando nos termine  por cobrar muy caro ese silencio.
Pero aclaremos la cosa, con sencillez y sin dilaciones: en esta elección están los que apoyamos a Humala, como única tabla de salvación del sistema democrático medianamente salvable, valga la redundancia. Imperfecto, terrible candidato según algunos, que sin embargo es sin dudas una mejor opción que la otra (que ojalá nunca hubiera llegado a ser opción): la del Fujimorismo castrante que se ha revivido con el brillo de una supuesta renovación, pero que solo tiene como plan legitimar desde el poder los diez y pico años más vergonzosos del Perú. Keiko Fujimori es miembro del clan que gobernó,  y por tanto partícipe de la corrupción, secuaz de las políticas de asesinatos selectivos y violaciones de derechos elementales a poblaciones indefensas. Y para esta coartada histórica, los Fujimori cuentan con el solícito y comprado apoyo de grandes empresas periodisticas: el grupo El Comercio, América TV, Frecuencia Latina (Ivcher apoyando a Fujimori!), Epensa y su descuajado diario Correo, entre muchos más.
¿Qué opción queda a la sociedad civil? Quisiera escribir que sus artistas e intelectuales independientes, aquellos en quienes la sociedad puede confiar por su mayor ilustración y sus mejores oportunidades de educación,  y que podrían ser el motor de su conciencia colectiva. Pero la verdad es que aún parece que la mayoría de ellos  ha optado por la meliflua actitud, la voz quedita, el callar en siete idiomas. Por supuesto hay varias y enormes excepciones. Vargas Llosa, Hildebrandt, Cotler, entre los más famosos. Otros hacen gatomaquia, o simplemente creen no estar compelidos porque son narradores, poetas, críticos, no políticos.
En el teatro peruano la voz  más clara y franca la ha llevado por enésima vez  Yuyachkani, al respaldar rápidamente a Humala en la segunda vuelta. Con todas las diferencias ideológicas que uno pueda tener con su trabajo, esta vez los de Miguel Rubio han tenido los reflejos claros, prácticos y sobre todo, públicos, lo que creo que es aquello que la sociedad civil puede esperar de sus artistas e intelectuales. Convencidos de su valor "de marca", igual que Vargas Llosa, los Yuyachkani han entendido que el prestigio importa más cuando se asocia con causas altas, como es combatir regímenes autocráticos. Pero se hacen extrañar otros grandes "nombres" del teatro de grupo haciendo causa común, por una vez.
En Peruteatro, por ejemplo, salvo el interés de Luis A. Sánchez, titiritero trujillano, la voz siempre conflictiva pero directa de Christian Franco, del Teatro Loco, o la autora Daisy Sánchez, y algunos más que se me escapan ahora; la voz dominante ha sido "desterrar" el comentario político bajo la absurda agumentación de que el arte teatral puede existir al margen del quehacer público, léase, político. Craso error que ojalá no paguemos muy caro. Por supuesto están también las otras acciones: las campañas de difusión  anti Keiko de la gente de Puckllay e Ivone Barriga (en especial en redes sociales y acciones escénicas), los colectivos de alumnos de Artes Escénicas de la PUCP,  Intervenciones Públicas como  "Por la memoria y dignidad, Fujimori nunca mas", entre otros.  El MOTIN no ha intervenido esta vez, como organización grupal, ni ha considerado importante todavía hablar en nombre de un grupo enorme de colectivos en las regiones. No ha sopesado su real poder.
Entre las voces individuales sí quiero destacar, con todo el crédito que pueda otorgársele, la visión comprometida que viene proponiendo Eduardo Adrianzén, dramaturgo y escritor para TV, tal vez la más visible voz individual del teatro peruano que usa su nombre para hacer una campaña principista contra Keiko Fujimori. Una campaña que si fuéramos menos masoquistas, quizás, todos los artistas de teatro deberíamos realizar con premura e intensidad, sin ambages.  Me permito enlazar un artículo que Adrianzén está haciendo correr por redes sociales.

¿A qué repámpanos le tendrán tanto miedo algunos jóvenes?

viernes, 13 de mayo de 2011

Mis cinco votos para Humala

Voy a tomar una actitud un poco extraña pero sensata: voy a iniciar una campaña privada para convencer a mis seres queridos, hermanos, padres, cuñados, a los muy cercanos, que sé que dudan aún de cómo votar, para persuadirlos por todos los medios racionales de que la única opción racional, parcialmente democrática, para el Perú hoy  es votar por Ollanta Humala. Así han quedado las cosas. Votar en blanco ya no es una opción. Votar por Keiko es aceptar que el Perú es el cuerpo enfermo que no se recuperará jamás, que siempre cederá al poder de los desgraciados que han hecho desgraciada mi patria.
Los medios vendepatria se han confabulado en favor de la mafia, incluso lo han hecho los intereses imperialistas y comerciales del extranjero. No podemos perder dignidad nacional, digamos mejor, amor al suelo en que nacimos. ¿Qué me hago con un poco de plata en mi cuenta de la AFP si no sé si en 10 años existirá siquiera el sistema de derechos civiles? Plata sin libertad, plata sin dignidad. Y ni siquiera mucha plata, joder!
A Humala hay que medirlo, presionarlo, incluso obligarlo a retroceder. No creo que dé la medida de estadista, ojalá me equivoque. Pero Keiko Fukimori sí da la perfecta medida de la miembro del clan criminal más vil que ha gobernado el Perú. A la hija del ladrón, ladrona y falsa ella misma, y a toda la partida de rateros, asesinos y desgraciados del fujimorismo, ni medio metro más de poder.
Voy a trabajar en mis cinco votos en favor de Humala, es la micro-micropolítica que puedo hacer. El tiempo no está para lamentaciones, ni para cálculos de medianía. Es el Perú versus la mierda del fujimorismo, así de simple.

lunes, 9 de mayo de 2011

La identidad publicitaria del Perú

Hace pocos días Promperú, organismo del Estado peruano para la promoción de la inversión, presentó un cortometraje titulado "De Peru for Peru", quince minutos de  un "documental" (en verdad un mockumentary comercial, diríamos) en que un grupo de celebridades peruanas llegan al pueblito de Peru, Nebraska, para compartir las bondades peruanas, especialmente culinarias y artísticas. Se trata del inicio de la campaña publicitaria para difundir el advenimiento de la Marca País Perú, un proyecto que busca colocar el nombre del país, como marca de alta recordación para turistas, inversionistas y como herramienta de control de calidad para exportadores. (Ver el vídeo aquí)
El corto es superdivertido, ingenioso e incluso emotivo para los que andamos fuera,  al menos hasta los minutos finales, cuando uno como peruano suspicaz empieza a preguntarse dónde está el ñeque, como decía mi abuelito. Me refiero a preguntarme, creo yo con franqueza y legitimidad de ciudadano que quiere saber en qué gasta nuestra plata el Estado, si lo que nos está presentando Promperú es solo una campaña publicitaria para lanzar la Marca País Perú, o intenta vectorizar un soporte de ideas (una ideología, digamos sin ambages) sobre la forma en que se construye la modernidad de la identidad peruana, o peor, la identidad moderna nuestra.
Vamos por partes, antes de que me salten al cuello los llorosos chauvinistas que piensan con las glándulas salivales. No digo que no me enorgullezca la comida peruana, que no me parezca sensacional, paradigmática, impredecible. Que la disfruto. Ni que la música peruana, por ejemplo, sea quizás el término más comprehensivo de multiculturalidad que podemos encontrar en  cuanto a géneros y formas, al menos en Latinoamérica. Pienso que el problema de esta campaña es que quiera ser instalada, por parte de funcionarios estatales (vean esta entrevista) como referente público de un asunto que es copioso y muy serio en sus implicancias políticas: el tema de la identidad peruana.
El largo spot está hecho en español, para los peruanos en el Perú, y no como podría primero pensarse, como promoción para el extranjero. El objetivo, dicen los publicistas y funcionarios de promperu, ha sido convencer a los propios peruanos de que ser peruano es motivo de orgullo, por vía de confrontarse con una realidad ajena, la del pueblo gringo del midwest, que aprenderá la peruanidad, que es de por sí un valor.
En esta otra entrevista, creo haber hallado la clave de este desplazamiento de la identidad (cultural) del Perú, hacia su identidad publicitaria, y cómo ella se vuelve un boomerang que pretende superar todas las preguntas y dudas sobre el tema esencial a través de un sencillo soporte de publicidad.  Julio Luque lo dice de una manera que me deja aún perplejo: "la verdad es que la Marca País ya existe, la Marca País es el Perú y todo lo que somos. Es una nueva identidad. Y la verdad es que es la primera vez que existe una identidad que refleja las tres áreas  de toda identidad: la promoción de las exportaciones, la promoción de las inversiones y la promoción del turismo".
Por supuesto entiendo que se refiere al concepto publicitario de identidad, y al concepto comercial de Perú. Otra vez, no tengo nada contra la práctica publicitaria ni la pujanza de los empresarios. Pero creo que el asunto empieza a apestar  cuando promperu decide montar toda una campaña interna, dentro del Perú, donde no están los potenciales turistas, ni inversionistas, y donde solo un grupo pequeño es exportador; con el objetivo de concientizar del valor de la marca. ¿Los ciudadanos peruanos no creen en el valor de su país? ¿Necesitan ser adoctrinados en el valor de aquellas prácticas culturales que viven día a día? ¿No saben su utilidad? Mi respuesta es sí, y no.
Un peruano que no es exportador, que come comida peruana, escucha música peruana, y se alegra con razón o sin ella, por los deportistas peruanos, sabe que todo eso responde a su necesidad de pertenencia a un grupo, y en ese sentido lo valora, como recurso inmediato, personal. Lo valora mucho, yo creo, la mejor prueba es que usa todos esos artefactos culturales día a día. Pero a la vez la respuesta es no, pues el que no está en el gremio exportador/empresarial con seguridad desconoce  que un país es según los dictados de las leyes del merchandising, también una mercancía más para vender, para dar valor agregado,  una imagen que trae réditos económicos. El dilema se plantea así: tenemos que vender la marca Perú, que no es otra cosa que el calco publicitario-comercial del Perú cultural real, pero este Perú real es un complejo heterogéneo de gentes que no encuentran de utilidad práctica, inmediata, el ser una Marca. Que no le ven el juego, ni el beneficio. Me imagino que para los empresarios, y su acólito Presidente García, este último asunto puede representar un real problema: todo el esfuerzo se puede estropear si el pueblo peruano, verdadero dueño de la cultura, y por ende, verdadero dueño también de la Marca, "no sabe que le conviene serlo". ¿O será más bien que siente que ser una Marca en verdad no le conviene? ¿Será que no siente que eso le sirva de gran cosa de forma directa? ¿No apoya o simplemente considera que es un proyecto económico excluyente?
La nada maravillosa realidad puede malograr la marca: maravillados ciudadanos peruanos en situación de hambre crónica (33%), de desempleo y subempleo  casi generalizado, de falta de acceso al crédito para emprendedores, de desigualdad de oportunidades de matriz casi colonial, racializada; maravillados ciudadanos peruanos que saben que el Perú real que Nebraska tampoco conoce es el Perú de los ciudadanos "de segunda", el de la inseguridad ciudadana, y el de  los cientos de conflictos sociales abiertos; estos maravillados ciudadanos peruanos pueden, y lo hacen con frecuencia, echar a perder el juego que el sistema corporativo en gestación en el Perú se ha tomado tanto esfuerzo en crear.
Por ello, me imagino, la urgencia de hacer un video nacional, que se muestre en TV, en cine, que convenza de que la marca País es el nuevo Proyecto que nos engloba, nos explica y nos aquieta. Gustavo Rodríguez lo dice, casi con ingenuidad:   a la Marca país, hay que tenerle respeto y tal vez cariño. Como la bandera, digo yo, solo que ahora no representa a los batallones de guerra. Venga, a morir con honor por nuestra nueva bandera!
Fuera de bromas, esto no es culpa de los publicistas, obviamente, sino del gobierno peruano; el pretender reemplazar con razones del estómago y la alegría popular, atendibles y reales, su inoperancia social. El Estado muestra su total mala intención al no incorporar proyectos educativos que expliquen a los propios ciudadanos del Perú, la "maravillosa experiencia de ser peruanos", sobre la base de una sostenida realidad que haga creer que realmente la maravilla existe, o está empezando a existir. Una educación que sea capaz de no mentirnos, de no inflarnos la burbuja del "qué bien estamos porque Gucci ya entró al Perú y ahora se come cada vez mejor". Esa sería una educación cara y compleja, no costaría unos cientos de miles de dólares como esta campaña, sino que requiere subir el presupuesto de salud, educación, y servicios. ¿Por qué los empresarios no empujan esta otra campaña, más sólida y fuerte, que les daría no solo unos cuantos turistas e inversionistas volátiles, y un montón de estrés, sino tal vez una sólida clase media local que los haga crecer y prosperar mucho más, y con menores riesgos incluso para su seguridad personal? Creo que a quienes más les conviene más gente sana, que sepa leer y que pueda consumir en un país sin mayores conflictos, es a los empresarios.
Mala suerte la de este video,  llega en el peor momento a contarnos un cuento que casi nadie cree de verdad: que ser peruano ahora es maravilloso, eso sí,  si no somos rajones y pesimistas (como yo) y aceptamos que el vaso está  medio lleno y no medio vacío. El vaso del Perú no está ni lleno ni vacío, está volteado: el agua llega muy poquito arriba y luego se chorrea por los costados, hacia afuera, unos dicen que hacia Miami.
El video también es la perfecta cereza para coronar el pastel de una década perdida en políticas de inclusión social.

martes, 3 de mayo de 2011

Lugar para ver


El miedo, la ansiedad, el hilo de la memoria que conduce a imágenes de otras muertes, más muertes. La incredulidad, el desamparo, la parálisis facial de Biden, nunca tan explícita, como la censura verbal de Clinton. En la esquina el Presidente negro. Sobre la otra esquina sombras de gente que nadie conoce, furtivos invitados a la serial, a la caza del asesino por vía de otros asesinos. Unos legales, otro no, suponga usted que es capaz de dilucidar cuál es cuál.
Otra vez el miedo, la ansiedad. ¿Conduce la memoria de las muertes siempre hacia otra muerte? ¿Es un sino? ¿Una fatalidad política, humana, demasiado humana? El Presidente negro parece esperar su turno en el dentista. Dientes apretados. ¿Lo mueve una convicción, no se pregunta nada? ¿Es el mismo hombre que enseñaba derecho Constitucional en Chicago?
Instalados en una improvisada sala de teatro a distancia, un grupo de miedosos plantea su videojuego. 3D, sin controles. Mentira que hay mando a distancia. Estos tíos asisten a un ritual de muerte que creen haber planeado, pero al que solo están invitados. El suyo es solo un privilegio, no un poder. Al centro, el único hombre tranquilo, no necesita mirar.
El miedo y la ansiedad, mezclados, en dosis similares, combinados producen placer. Los escalofríos que sienten estos observadores observados, son su temor licuado y convertido en placer de espectar, de vivir de lejos, de mirar sin ser visto.
No es que el mundo sea un gran teatro. Es que el mundo está plagado de gente que solo queremos mirar. El ojo reemplazando la mente, reemplazando el corazón y las entrañas. El ojo frío, congelado por el arte de matar y ver morir.

sábado, 30 de abril de 2011

OH Llantay!

Walter Ventosilla, teatrista afincado en Nueva York, ha logrado revivir el clásico de la literatura colonial "Ollantay", dándole elementos de espectáculo musical y acercando a la comunidad neoyorkina a uno de los textos más complejos y ricos del acervo teatral peruano. El esfuerzo le ha merecido sendos reconocimientos de la Asociación de Cronistas del espectáculo de esa ciudad, tanto a él, como director, como a sus actores Marisol Carrere y Julio Granados, ex actor de Cuatrotablas. La producción la realizan en comandita Rasgos Theatre group y el Teatro LaTea.

Ventosilla trabaja silenciosamente, pero sin duda es un nombre ineludible en el teatro peruano último. Lideró Setiembre, grupo independiente en Lima ligado al momento de apogeo del Movimiento de Teatro Independiente, y además es un prolífico escritor, escribiendo trabajos para su grupo, para actores como Edgard Guillén, u obras extensamente representadas en el Perú como El Mariscal Idiota.  De hecho esta última sirve de telón de fondo para un magnífico cuento que el también magnífico Daniel Alarcón publicara hace poco en inglés: The Idiot President, nada menos que en el New Yorker.

Ventosilla es uno de nuestros mejores embajadores culturales, embajador independiente, como los que de verdad valen.

lunes, 18 de abril de 2011

La hija adoptiva de la crisis

El famoso Children´s Theater Company de Minneapolis pone desde esta semana "Annie", el musical de la niña huérfana en la Gran Depresión, que encuentra vida mejor al amparo del Daddy Warbucks, y el New Deal empujado por Franklin D. Roosevelt en 1933. En verdad ha habido muchas Annies desde su estreno en Broadway en 1977, y es sin duda uno de esos musicales que sobrevivirán, claro, si sobreviven los musicales. Tiene el encanto y la frescura de música muy inspirada, un relato de filiación, una promoción casera de la esperanza en el porvenir. Son los ingredientes que emocionan en la platea (mi propia emoción, por ejemplo, de escuchar cantar tan extraordinariamente a Megan Fischer, la Annie de esta versión de Minneapolis), y que a la vez contentan el corazón haciéndole creer que corazón es lo mismo que alma y que moral. Digo esto porque en la excelente puesta de Peter Rothstein, mientras aparecen los parados de la gran depresión del 29, haciendo la "soup line", la olla común decimos en mi pueblo, y vemos cantar y bailar de manera obsesivamente broadwayana a desempleados, orates, "homeless"; y del otro lado vemos la ansiedad por la felicidad que sigue llevándonos a las salas de teatro; no es posible dejar de pensar en lo mal que va los Estados Unidos, lo pésimo que se se avizora, y lo aún peor que nadie en público se atreve a anunciar. ¿Estaban exorcizando los americanos sus miedos cuando reescribieron "The little orphan Annie" a fines de los setenta, y cuando ahora regresan a ella como recurso casi de juego ante la crisis? No lo sé. La puesta es bella, y triste. Profundamente sentimental y actuada casi con histeria, con una ligera bronca que parece cada vez más difícil de ocultar en un país que sabe el riesgo de creer en un modelo económico por encima de todo. (Atención, peruanos!)
Al final todos cantan con devoción patriótica "Tomorrow", incluido Roosevelt  que está en escena, en silla de ruedas. Bueno, en verdad todos la cantamos en la mente o a todo pulmón, es difícil no dejarse arrastrar por la música y la vana esperanza.  A quién no le gustaría que las cosas mejoren con deseos, pero ignoro si habrá muchos pesimistas alegres como yo  que piensan que "tomorrow" no siempre quiere decir "mejor".

Nota: No encontré un video de la puesta, pero sí hallé el video de un concierto de la niña que la protagoniza cantando "Tomorrow".  Puedo dar fe que en la puesta es mucho mejor. Y para que comparen, les dejo la canción en la versión medio truculenta que hiciera John Huston en 1982, y que de seguro casi todos conocemos. Bueno al menos la escena de la canción quedó bien.

viernes, 8 de abril de 2011

Todo esto es mi país

Ando releyendo a SSB, el gran poeta y dramaturgo limeño:

TODO ESTO ES MI PAÍS
Sebastián Salazar Bondy

Mi país, ahora lo comprendo, es amargo y dulce;
mi país es una intensa pasión, un triste piélago, un incansable manantial
de razas y mitos que fermentan;
mi país es un lecho de espinas, de caricias, de fieras,
de muchedumbres quejumbrosas y altas sobre heladas;
mi país es un corazón clavado a martillazos,
un bosque impenetrable donde la luz se precipita
desde las copas de los árboles y las montañas inertes;
mi país es una espuma, un aire, un torrente, un declive florido,
un jardín metálico, longevo, hirviente, que vibra
bajo soles eternos que densos nubarrones atormentan;
mi país es una fiesta de ebrios, un fragor de batalla, una guerra civil,
un silencioso páramo cuyos frutos son jugosos,
un banquete de hambres, un templo de ceremonias crueles,
un plato vacío tendido hacia la nada,
un parque con niños, con guitarras, con fuegos,
un crepúsculo infinito, una habitación abandonada, un angustiado grito,
un vado apacible en el cual se celebra la vida;
mi país es un sepulcro en medio de la primavera,
una extraña silueta que abruma con su brillo la soledad,
un anciano que camina lentamente, un ácido que horada los ojos,
un estrépito que apaga todas las músicas terrenales,
un alud de placeres, un relámpago destructor, un arrepentimiento sin culpa.
un sueño de oro, un despertar de cieno, una vigilia torva,
un día de pesar y otro de risa que la memoria confunde,
un tejido de lujo, una desnudez impúdica, una impaciente eternidad;
mi país es un recuerdo y una premonición, un pasado inexorable
y un porvenir de olas, resurrecciones, caídas y festines;
mi país es mi temor, tu ira, la voracidad de aquel,
la miseria del otro, la defección de muchos, la saciedad de unos cuantos,
las cadenas y la libertad, el horror y la esperanza, el infortunio y la victoria,
la sangre que fluye por las calles hasta chocar con el horizonte
y de ahí retorna como una resaca sin fin;
mi país es la mujer que amo y el amigo que abrazo tan sólo por amigo,
el extraño que te sorprende con su odio y el que te da la mano porque quiere;
mi país es la ventana a través de la cual miro la tarde,
la tarde que cae con sus ramos de melancolía en mi pecho,
y el agua matinal con que limpio mis pupilas de imágenes sucias,
el aire que respiro al salir de mi casa cada día,
y la gente que se precipita conmigo a los quehaceres sin sentido,
el trabajo, la fatiga, la enfermedad, la locura, el pensamiento,
la prisa, la desconfianza, el ocio, el café, los libros, las maldiciones;
mi país es la generosa mesa de mi casa y los rostros familiares
donde contemplo la marea incansable de mi dicha,
el cigarrillo que consumo como una fe que se renueva
y el perro cuya piel es cálida como su amistad;
mi país son los mendigos y los ricos, el alcohol y la sed,
la aventura de existir y el orden en que elijo mis sacrificios;
mi país es cárcel, hospital, hotel, y almacén, hogar, arsenal;
mi país es hacienda, sembrío, cosecha;
mi país es escasez, sequía, inundación;
mi país es terremoto, lluvia, huracán;
mi país es vegetal, mineral, animal;
mi país es flexible, rígido, fluido:
mi país es líquido, sólido, inestable;
mi país es republicano, aristocrático, perpetuo;
mi país es una cuna, tumba, lecho nupcial;
mi país es indio, blanco, mestizo:
mi país es dorado, opaco, luminoso;
mi país es amable, hosco, indiferente;
mi país es azúcar, tungsteno, algodón;
mi país es plata, nieve, arena;
mi país es rudo, delicado, débil y vigoroso, angelical y demoníaco;
mi país es torpe y perfecto;
mi país es enorme y pequeño;
mi país es claro y oscuro;
mi país es cierto e ilusorio;
mi país es agresivo y pacífico;
mi país es campana,
mi país es torre,
mi país es isla,
mi país es arca,
mi país es luto,
mi país es escándalo,
mi país es desesperación,
es crisis, escuela, redención, ímpetu, crimen,
y lumbre, choque, cataclismo,
y llaga, renunciación, aurora,
y gloria, fracaso, olvido;
mi país es tuyo,
mi país es mío,
mi país es de todos,
mi país es de nadie, no nos pertenece, es nuestro, nos lo quitan,
tómalo, átalo, estréchalo contra tu pecho, clávatelo como un puñal,
que te devore, hazlo sufrir, castígalo y bésalo en la frente,
como a u hijo, como a un padre, como a alguien cansado que acaba de nacer,
porque mi país es,
simple, pura e infinitamente es,
y el amor canta y llora, ahora lo comprendo, cuando ha alcanzado lo imposible.

jueves, 31 de marzo de 2011

Hacer teatro sin hacer política

El Perú está viviendo probablemente sus elecciones más raras desde 1990. En breve, hay cinco candidatos con opciones iguales y todos, sin excepción, son unos personajes de opereta. Pero el cuento es que los ánimos están muy caldeados, y en todos lados, en especial en internet y redes sociales, las diatribas y acusaciones proselitistas van y vienen. Peruteatro, la lista de interés de teatristas  peruanos, no fue la excepción. De pronto, mensajes de apoyo, de repudio, de asco, de amor sin barreras, etc. por algún candidato, empezaron a llegarnos a todos, muchas veces de manera multiplicada. La reacción del administrador, Ricardo Morante, fue cortante: peruteatro es una lista para hablar de teatro, dijo, no para hablar de política. "Podemos hablar de arte sin política", afirmaba su comentario.
Digamos que estoy con Ricardo en que Peruteatro es un espacio para intercambiar información prioritaria para los hacedores de teatro, del sufrido teatro peruano. Pero mi gran "pero" es que no veo la línea que divide lo que es artístico de lo que es político, y creo que hacer una división como la que Ricardo propone es tal vez el acto más político que recuerdo en Peruteatro. Porque en verdad, no se puede hablar de arte sin hablar de política, entendida como la cosa social, el interés por el asunto público, por el ejercicio del poder, que nos afecta doblemente, como teatristas y como ciudadanos. Mucho más si pensamos que el teatro es, en sí, un acto de connotaciones políticas, en tanto acto público.
Claro, saltaran los "puritanos" a gritar: "no, queremos el arte por el arte". Y esa, otra vez, es la afirmación más teñida de política que uno pueda hallar. Cuando alguien quiere que el campo del arte esté ajeno de la cosa pública -propuesta negada por la realidad misma- lo que hace es un enunciado político. Lo que dice es: "hagamos un teatro que no se interese en lo político, es decir, hagamos con el teatro la política de mantener el estado de las cosas, sin criticarlo". Cosa difícil de cumplir, y más difícil de sostener. La actitud más ideologizada del mundo es creer que uno puede hablar desde una zona libre de ideologías: es la ideología ciega de sí misma, la forma más tonta de ejercer una cosa pública como el teatro, y quizás la forma más inútil de entender el teatro en un país lleno de problemas sociales complejos como el nuestro. No pido que se haga proclamas políticas en el escenario -ese teatro además de torreja es también inútil. Lo que digo es que no se le quite al teatro su naturaleza política.
De manera que cuando los colegas se interesan en los asuntos de las elecciones, creo que en verdad se abre una buena oportunidad para discutir cosas políticas en serio: qué tipo de gobierno conviene más al ejercicio artístico, cuáles serán las políticas educativas y cutlurales, a quién respaldar seriamente desde nuestra pequeña ventana teatral.