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martes, 3 de febrero de 2009

Ventosilla, Alarcón y el Idiota que gobierna


Hace pocos días, el dramaturgo peruano afincado en New York Walter Ventosilla, me comentó en un email que su conocida obra de teatro editada en 1985, El Mariscal Idiota (razón por la que me estaba comunicando con él) le había sido pedida por Daniel Alarcón para ser usada como leitmotiv de un cuento que apareció en el famoso New Yorker.
Ventosilla es uno de los autores y directores que con mayor ahínco propuso un teatro independiente y alternativo en el Perú, y con su grupo, Setiembre, estuvo relacionado permanentemente con iniciativas como las del MOTIN (Movimiento de Teatro Independiente del Perú). Por esta misma razón, fue quizás el primero en discutir escénicamente el asunto tabú de entonces (de todavía): la guerra interna peruana que nos azotó desde 1980. Otra de sus obras, La Canción del Soldado, trata también el asunto de la memoria paralela que el arte construye de hechos que la memoria oficial casi siempre desea silenciar.
Lo más interesante del asunto ahora es que el ya célebre Daniel Alarcón, joven escritor peruano de habla inglesa, retome la obra y las circunstancias del trabajo de teatro alternativo o popular que se hacía y se sigue haciendo en zonas desconocidas del Perú, para escribir The Idiot President (fácil de traducir, ¿no?). Y Alarcón logra una imagen tan sobrecogedora con su extraordinario relato, que creo, para cualquier teatrista será una emoción ambivalente leer el magnífico cuento. Una emoción a lo Vallejo, trilce, o sea triste y dulce a la vez.
Si se les viene bien la lengua de Shakespeare, léanlo aquí, como apareció en el New Yorker.
Si prefieren la de Cervantes, aquí va la traducción (un tantito deslucida, para mi gusto) que acaba de publicar el Blog Boomerang**.

**Gracias mis amigos arequipeños del Blog La Torre de las Paradojas por darme el talán (aviso, en peruano) de esta traducción.


Fotos de Ventosilla y Alarcón.

domingo, 1 de febrero de 2009

Los problemas del Fondo Iberescena

El Fondo Iberescena ha sido materia de controversia en las últimas semanas en el Perú. O mejor es decir, que la más reciente designación de ganadores se ha visto discutida por personas no poco atendibles, de manera abierta, y por muchos teatristas, de esa manera tan nacional, o sea sotto voce.
Pero vamos por partes. Iberescena es un proyecto aprobado por ocho países que financian el programa: Argentina, Colombia, Chile, España, México, Perú, República Dominicana y Venezuela, cuyos gobiernos entregan dinero para innovadores proyectos de creación, difusión o formación de artistas performativos (teatro y danza). El Fondo se entrega en cada país, y cada gobierno nombra el ente encargado de administrarlo.
En el caso del Perú, Iberescena ha estado a cargo de funcionarios del Instituto Nacional de Cultura. Supongo que en este punto de mi crónica, los que somos peruanos ya hemos empezado con la suspicacia. Porque si hay una entidad desprestigiada enormemente en el gobierno aprista que dirige Perú en estos aciagos días, es el INC. Se le ha visto como entidad, hacer papelones nacionales e internacionales (como el del reclamo de piezas arqueológicas inexistentes ante Yale University, o la censura a la exposición de Piero Quijano), y se ha hecho varias y documentadas denuncias sobre los manejos ideologizados de la cultura que su directora, Cecilia Bákula, asociada al Opus Dei, ha venido realizando. El asunto ha tenido visos de escándalo, como pueden seguir aquí, y aquí. A tal punto que cuando el gobierno se animó a proponer la necesidad de crear un Ministerio de Cultura en el Perú, paradójicamente mucha gente vinculada a la cultura puso el grito al cielo, porque nadie quiere más burocracia, especialmente de ese tipo, para censar la cultura de un país tan complejo como el nuestro. Y ese desgano de los artistas sonó como música para los oídos de los tacaños del Ministerio de Economía y Finanzas, mientras la plata se quede en la caja mejor, pensaron. Claro, a ver ahora cómo la pierden con la crisis.
Bueno, el punto al que llego es que este fondo paraestatal llamado Iberescena en su más reciente edición fue puesto en entredicho. Todo empezó sotto voce, como siempre, como somos de virreinales en Lima y alrededores, ya saben. La razón del ruido se explica fácil: entre los ganadores (aquí vean todos) aparecía la Cuarta Muestra Internacional de Lima patrocinada desde hace varios años por el Instituto Cultural Peruano Norteamericano de Lima. Fue primero el crítico Luis Paredes quien ilustró el intríngulis de este modo: uno de los miembros del Jurado que entregó los premios Iberescena de este año, fue precisamente Fernando Torres, director de Cultura del ICPNA, y principal gestor de la Muestra Internacional de Lima, y además el ICPNA es una institución casi millonaria que no necesita de los 27 mil dólares que le fueron atribuidos. Otro comentario abierto vino de parte del dramaturgo Juan Rivera Saavedra, quien en pocas palabras propuso a Torres que desmintiera inmediatamente las habladurías, cosa que hasta dónde sé no ha sucedido.
Ahora bien, todas estas comunicaciones las tengo a través de la lista de interés Peruteatro, y que yo sepa aún no han trascendido, como dicen los periodistas huachafines, a los medios masivos. O sea que a nivel macro, aún son sotto voce también. Por eso las he puesto a disposición, aquí y aquí.
Por mi parte, he querido dejar pasar tiempo en este asunto, aunque lo conozco desde fines de 2008. ¿La razón? Quería verificar, y a 6000 km de distancia eso es muy difícil. Y en el país de la suspicacia, siempre estos premios y fondos son controversiales o discutidos, porque a nadie le gusta perder, y menos ver ganar a otros. Por ejemplo, ya el año anterior surgió el cuestionamiento de que curiosamente padres e hijo de una misma familia recibieron dos premios Iberescena (bueno, tal vez fue una confabulación de la genética y la probabilística).
Pero lo que tengo hasta aquí, para este año, respecto a la intervención de Fernando Torres en Iberescena son varios comentarios privados de amigos, gestores, profesores, teatristas, casi todos en el mismo sentido: la premiación al Festival del ICPNA huele muy, muy raro. Por otro lado, ni Rivera Saavedra ni Luis Paredes son personas que anden armando escándalos ni mucho menos, así es que mi impresión del caso se inclina bastante hacia la de ellos.
¿Qué hacer? Pues escribo esto para pedir a alguien de buena voluntad, y buena voz, que exija (es nuestro derecho, es nuestro dinero, es público, señores) al INC una declaración divulgando los nombres de los jurados (a propósito, el año pasado la web de Iberescena los publicó, este año no lo hace aún). O sea, expreso en mi lejana voz, que ojalá estas cosas estén meridianamente claras en breve, y que la corrupción, esa hermana siamesa de la política, se mantenga bien alejada de los predios escénicos de mi país.
Sí, ya sé que es casi una utopía, pero es lo que quisiera: que no haya garcías, ni leones ni faenones en el magro reparto de dinero del teatro peruano. Y que no haya sotto voce, por favor, que en este caso sería el verdadero escándalo: que nadie más se anime a pronunciarse para ver si el año siguiente el gran bonetón les cae a ellos. Espero que no.

martes, 13 de enero de 2009

Clarinada de alerta de un crítico



Nota: Luis Paredes no necesita mayor presentación en el teatro peruano, pero la hago para mis lectores extranjeros. Luis es uno de los críticos teatrales más respetados y constantes en la escena nacional, al mismo tiempo que uno de los más mesurados. Su relación con el teatro ha sido siempre plural, y lo he visto con igual empeño asistir a los grandes fastos teatrales como a festivales de escolares y universitarios adonde era invitado, tratando de tener un mapa completo de lo complejo, es decir, del Perú teatral. este mérito lo tiene sin mediar relación permanente con ninguna publicación. En mi opinión, junto a Santiago Soberón, son quienes más teatro peruano han visto, y con mayor amplitud de registros y criterios, y por ello creo que sus opiniones son siempre atendibles.

El otro día, Lucho dejó este mensaje como comentario en una de mis entradas:

"Hola Carlos aquí te mando la carta que mandé al Comercio y hasta ahora no la publican. Puedes añadir tus comentarios por favor.

Un abrazo. Lucho"

Lucho, mis comentarios son performativos: primero, me tomo la libertad de difundir tu documento, pues creo que debe iniciar una postergada discusión en el teatro peruano: la de la inclusividad, y ojalá llevarnos a la abolición de las malas costumbres de la prensa nacional. Y segundo, discrepo en tu diagnóstico: no es miopía, es ceguera.


PRINCIPIOS DE MIOPÍA O LA MIOPÍA COMO PRINCIPIO
Escribe: Luis Paredes


En el balance de fin de año de El Comercio de Enrique Planas, hay una serie de ausencias tan enormes e imperdonables que hacen pensar en un preocupante mal de miopía en su autor. No es posible que algunos de los más importantes hitos de la actividad teatral del 2008 terminen ninguneados por quien pretende un “balance” de fin de año.

Cualquier periodista medianamente informado, para eso basta revisar los archivos o al menos bucear en la Internet para refrescar la memoria, no puede dejar de mencionar uno de los eventos escénicos más importantes del año: el III Festival Internacional de Teatro de la UCSUR, donde se presentaron más de 20 espectáculos de teatro (grupos limeños, de provincias y extranjeros de altísima calidad). Un esfuerzo que aportó al medio teatral la posibilidad de encuentro cultural con artistas de otros países. Ese esfuerzo de una joven universidad privada se ha ganado el respeto de toda la comunidad de teatristas y público que pudo asistir sin pagar entrada a las funciones inolvidables. Hoy por hoy es frecuente que se hable del siguiente festival UCSUR y anoche mismo en una presentación de un libro de teatro (algo que ha empezado a ser frecuente en Perú pero de lo que tampoco se ocupa Planas) varios teatreros conversaban sobre la convocatoria y sus expectativas para el cuarto festival en preparación. No por gusto contó y cuenta con el apoyo de otras universidades con sus escenarios y sus elencos. Y con el aval de la Municipalidad de Lima y de la UNESCO. ¿No pudo ir a ninguna de las 20 funciones el señor Planas?, ¿Le desanimó la masiva concurrencia de públicos populares al teatro Segura o a la ciudad de la UNMSM? ¿Por ello no existió para él esta fiesta que duró 8 días consecutivos en la ciudad? ¿Tan severa es su miopía?

Pero su ninguneo imperdonable también abarca al FITECA que lleva 7 (siete) años realizando su Festival de Calles Abiertas en Comas. Allá también llegan grupos extranjeros y el público de la zona lo espera como parte de su agenda anual. Los estrenos del grupo Maguey: tanto Las Crónicas innominadas como INTICHA... ¿ha pisado este periodista que pretende tener voz en asuntos teatrales este importante espacio alguna vez? Ni tampoco anota el surgimiento de nuevos espacios teatrales: La nueva casa de Espacio Libre...Los montajes que se han realizado en ella. Los montajes del Centro Cultural José María Arguedas (Cafae-SE). Los montajes de La ENSAD y mucho más. Bueno, es lamentable que un periodista que tiene todo el derecho a sus preferencias, se arrogue el derecho a publicar arbitrariamente su “canon” sin incluir lo que él no estuvo en capacidad (pero sí en la obligación) de conocer y valorar. Creo que debe renunciar a su pretensión de ser quien guíe a los lectores en actualidad teatral por principios de miopía para no imponer la miopía como principio.


Luis Paredes
DNI: 06082181


04-ene-2009 21:59:00

jueves, 8 de enero de 2009

Perú teatral: un mapa por completar

Aunque -como saben- me quedo fuera de mi país la mayor parte del año, vivo pendiente de él, de sus gentes, en especial las de teatro, y en especial las gentes de teatro que son mis amigos. Desde lejos, como me recordó uno de aquellos amigos, las cosas se ven distorsionadas. Diferentes, corregiría inmediatamente. El caso es que la perspectiva sobre los hechos varía enormemente si se está dentro o fuera del escenario, y eso me recuerda mi seminal vocación de director de escena. Ver al Perú (teatral y no teatral) desde lejos, y entrar por momentos, me recuerda ese dulce placer que siento cuando dirijo una pieza en que por alguna razón me toca actuar. Pero la distancia gobierna a un director, y siempre sirve alguien que mira desde afuera, como decía uno de mis maestros de teatro.

Escribo este post a inicios de un año que sigue a uno que me ha sido difícil de terminar. Uno que duró demasiado. (De un tiempo a esta parte, cuando paso varios meses en el Perú, la noción que tengo del tiempo tiende a ensancharse, y a veces me parece vivir 24 meses en un año, o algo así).

Decía que escribo empezando el 2009, para tomar distancia y aire y tratar de decir lo que me pareció ese año pasado, en aspectos teatrales y algunos no tan teatrales.
Entonces, a la distancia, si alguien me preguntara qué me pareció el teatro peruano del 2008, mi réplica inmediata sería: depende, depende de qué teatro peruano estemos hablando. Es decir, si hay algo que se me aparece cada vez con mayor claridad que una Cordillera, es que en el espectro de propuestas performativas peruanas se mueven muy diversos, muy heterogéneos registros, cada uno de los cuales apunta a públicos distintos, genera sus formas de circulación, consumo o consumación, y desde luego genera sus espacios críticos o de prestigio. Es en el contraste de los públicos y no de los mensajes, de los consumidores y no de los productos, del costo de las entradas, que yo encuentro mejores argumentos para hablar de diferencias.

Así, en mi opinión hay al menos tres grandes fuerzas centrípetas en el quehacer teatral peruano:
Una que tiende a un teatro modernizante, de modelo occidental y aliento cosmopolita, especialmente de teatro de autor. Esta es la más visible forma teatral, pues acapara en general el interés de los medios, y es cada vez más profesional y sofisticada en sus medios de producción. Por profesional y sofisticado aludo dos cosas bastante relativas, por supuesto: los medios a través de sus críticos consagran la profesionalidad y la sofisticación de acuerdo a estándares discretos, creados por tradición. Esta forma teatral circula por las salas de teatro de Lima (las cuatro, y no es broma: La Plaza ISIL, el Británico, la Alianza Francesa y ahora el Teatro de la BNP).

Hay una segunda fuerza, algunos creen que en desintegración, que nuclea el teatro experimental o de grupo, y el teatro de autor (paradójicamente, sobre todo autor peruano) que se estrena en salas medianas y pequeñas y en ciudades de menor prestigio cultural. Otra vez, tómese el término prestigio cultural como el resultado del esfuerzo de una clase privilegiada por canonizar solo ciertos productos culturales, pues responden mejor a sus intereses de clase o rango. El teatro de este segundo circuito es de vanguardia, experimental, sea de grupo o de autor, y es mucho más arriesgado en todo sentido: arriesga, para comenzar, trabajando con muy poco, muy poco apoyo institucional. Algunos de estos grupos tienen salas, festivales y algunos de estos autores tienen aventuras como gestores de salas, encuentros y hasta ediciones, pero es claro que no gozan de la consagración completa reservada al primer circuito, sea por su juventud o por rango social diferenciado. A pesar de su riqueza estética, este circuito se ha modelado en la mente del espectador solo como una alternativa al teatro hegemónico, en función del cual no pocas veces es visto solo como "el otro teatro".

Y hay un tercer circuito, que veo en ciernes aún, y que me animaría a llamar comunitario (popular, sería el otro término que usaría, sino fuera por lo manoseado ideológicamente que está). Este circuito comunitario existe en los dos grandes conos de Lima, Villa y Comas especialmente, por ejemplo, donde tiene su propia lógica de intervención en la problemática comunal, y tiende a organizarse por su cuenta propia siguiendo otra "política cultural". Sin embargo, es arriesgado llamarlo subterráneo o marginal. No es marginal un festival en Comas que cuenta con mucho público y donde están inmiscuidas autoridades y organizaciones establecidas. No es marginal tampoco pues sus gestores tienen gran experiencia y formación, y no tienen temor de establecer relaciones con productos culturales de los dos primeros circuitos, especialmente del segundo, y hasta del extranjero, sin por ello casarse con lo experimental o lo foráneo. Lo veo con mayor claridad en Lima, y muy poco en otras ciudades, tal vez porque no cuenta aún con suficiente repercusión en medios.

Algo para notar en este mapeo forzado que hago: estos circuitos teatrales no comparten las mismas experiencias históricas. Yo diría que el tercer circuito, el comunitario, ha nacido como una reacción de los herederos del teatro experimental y contestatario alternativo, quienes ahora tienen una más clara identidad de comunidades, pues realmente pertenecen a ellas. El teatro político anterior, el que se reclamaba popular, por ejemplo, muchas veces era solo el servicio social obligatorio de una clase media progresista. De igual forma, mucho del teatro establecido como privilegiado en el Perú de hoy nació de experiencias independientes de grupo, especialmente de las que se estructuraron a la manera de compañías.
Por otro lado, y es algo para discutir largamente de seguro, el tercer circuito claramente parece estar usando matrices culturales de relación parateatral como la fiesta y el ritual andinos, como parte de su herencia cultural, de su identidad. Esta vez lo andino no está solo en la temática, sino en el formato de relación cultural (el mecanismo de circulación, el costo de las entradas, si las hay, las alianzas con organizaciones comunales).
Mientras el teatro establecido se hace cada vez más rico en recursos y más globalizado en temáticas, el teatro comunitario negocia su necesidad de modernizarse con una mayor consideración de la gente real -migrantes, andinos, menos favorecidos social o económicamente- a la que se dirigen sus espectáculos.

Conclusiones previas de esta visión:
¿Se trata de compartimentos estancos? No, hay contactos, pero ellos no logran quebrar las separaciones que están ancladas muchas veces, me apena escribir esto, en nociones de raza y clase inexpugnables en un país traspasado de colonialidad como el Perú.
¿Puede el tercer circuito volverse dominante? Si juzgamos por audiencia, capacidad de influencia, sí; si juzgamos por relevancia social en los medios, no. Aún se sigue viendo estos circuitos como curiosidades de una ciudad multicultural, ya saben, ese nombrecito en quela clase dominante oculta que somos un país deshecho por las desigualdades.
¿Es cierto que el teatro alternativo, segundo circuito, tiende a disgregarse? Tal vez sí, debido a que algunos de sus grandes líderes generacionales, grupos históricos, se han afincado en el establishment teatral nacional, o han perdido un contacto directo con la comunidad (dicho sea de paso, muchos de ellos son de clase media, justamente la clase que parece más condenada a la desaparición en el sistema que vivimos).
¿Pueden seguir conviviendo estos tres circuitos? ¿Hay algo de malo en que lo hagan? Aunque quisiera recordar la tradición de Palma, la del perro, pericote y gato comiendo de un solo plato, eso fue solo un milagro literario. Mi hipótesis es que de todas maneras las exigencias de movilidad social y representatividad cultural pondrán en conflicto no pocas veces a estos circuitos. La pregunta sería: ¿qué modelo de circuito se ajustará mejor al futuro, qué modelo logrará ser más representativo? Seguramente el panorama se aclarará con el tiempo.


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Cuando me vine a Minnesota, uno de mis hermanos teatrales me gastó una broma: "nomás no te vayas a volver como esos tíos que se alucinan (sic) con un teatro peruano que está solo en su imaginación, y no es el que realmente existe". En este momento he tenido temor de que su broma sea verdad.

lunes, 5 de enero de 2009

Una promesa del año pasado


En julio pasado y con ayuda del Centro Cultural Peruano Japonés, organizamos el Coloquio de estudios Teatrales y Performativos, que reunió gran cantidad y variedad de ponencias. Ahora, el proyecto de investigación que está detrás de todo esto ha puesto en circulación las Actas del Coloquio, con la mayor parte de ponencias para descargar en PDF, libremente. Las actas están alojadas en www.memoriateatral.com, la web de la futura Revista peruana de teatro, drama y performance, que entrará en circulación en unos meses más. Desde ya quedan invitados a darse una vuelta, y leer alkgunos de los trabajos que ya están dispuestos. Seguramente el número de ponencias irà creciendo, y el Segundo Coloquio empezará a madurar para este año
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