martes, 10 de febrero de 2009

Voz y martillo: Bertolt Brecht



111 años, no es poca cosa. Brecht los cumple hoy, sobreviviendo incluso a su propia sombra: ésa que le ha sido construida con el empeñoso trabajo de quienes esgrimen su nombre con propios intereses. Qué más da. También a ellos les sobrevivirá: a sus descendientes, por ejemplo, empeñados en entorpecer la difusión de su obra entre gente que no es capaz de pagar estipendios de copyright y demás yerbas del capitalismo más acendrado. O a los académicos de cerebelo encorsetado en la triste International Brecht Society, que edita un journal aburridísimo y soporta las más dislálicas peroraciones de los exégetas de su obra, como para correr gritando "¡dios libre a dios de los exégetas!".
Sobrevivirá sin duda, a los cuatro mamuts del dogma marxista, empeñados, también, en hallar comunismo a cada línea que pisan (la pisan, no hay duda) del gran autor de Augsburg.
Y por supuesto sobrevivirá a la égida de impulsores de su voz disidente dentro de lo políticamente correcto, dentro de un mundo harto civilizado, edulcorado de ideologías y descafeinado de compromisos sociales, que lo pone en escena en las salas pitucas de todo el mundo para demostrar que se puede ser abierto a todas las ideologías, y que además Brecht al margen de sus ideas "era un gran dramaturgo". Como si se pudiera ser un gran dramaturgo sin grandes ideas, come on.
Creo que el Brecht que sobrevive mejor es el de la apropiación, el Brecht mutable e inatrapable que alguna vez en nuestras vidas ha tocado un nervio sensible. Ese Brecht que es prácticamente solo una voz, que dice a veces, que calla en otras. Una voz que invita a discutir, a mostrar inconformidad y a seguir hurgando en el Valle de las Lágrimas y de las Risas. Ese es mi Brecht, perdonen la huachafería. El que me puso palabras a la boca en "El Soplón", la primera obrita que hice a los doce años, y que de paso me invitó a pelear en cómica batalla con mi viejo director por un cambio de libreto que él había operado. Brecht había empezado a jalarme de las rodillas. Me sobreviven sus frases, que he grabado de obras actuadas o dirigidas, o leídas o intentadas y nunca puestas muy a pesar, y que suelo repetir como si fueran parte de mi habla. "Eso no hizo que el pan se abaratara" (Baden baden), o "Desconfíen de lo aparente, de lo cotidiano" (La excepción y la regla). O mejor estas otras: "¿Por qué hemos de llorar porque el agua y el aceite no se puedan juntar?"(Herr Puntila), "¿Quién es más criminal, el que asalta un banco, o el que lo funda?"(La ópera de tres centavos). Y esa que no sé francamente de dónde es, pero que me repito casi como letanía:
"El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma".

viernes, 6 de febrero de 2009

Los problemas del Fondo Iberescena: Colofón

Hoy circuló por Peruteatro la carta de descargo del Sr. Fernando Torres, director cultural del ICPNA de Lima, sobre los cuestionamientos a su participación como jurado en la entrega de las ayudas de Iberescena, y el financiamiento a la IV Muestra Internacional de Lima.
He colgado la carta aquí, de manera que puede ser discutida con amplitud. Por mi parte puedo decir que algunos cabos me quedan aún sueltos en esta historia, aunque probablemente resulten menores. El Sr. Torres revela que había renunciado a ser miembro del Consejo Consultivo de Iberescena antes de su postulación este año, pero de hecho lo fue en la edición anterior, como consta en esta Acta de Iberescena. El Sr. Torres explica que el fondo entrega ayudas a proyectos y no a instituciones, y finalmente declara que la decisión es tomada por el conjunto de representantes y no por el INC de Perú.
Pero la carta revela cosas más interesantes que yo había olvidado: que la Muestra Internacional de Lima es un proyecto de 17 instituciones culturales, binacionales especialmente, lideradas por el Peruano Norteamericano apoyado por la Alianza Francesa, el CCPUC, el Centro Cultural de España, entre otros. Es decir, para los que no están familiarizados con la actividad teatral peruana, se trata de organizaciones educativas enormes (ICPNA, PUCP), con financiamientos propios mucho más extensos, o centros con dependencia de gobiernos europeos (Francia, España) que sostienen (con gran mérito) el centro de la actividad cultural de Lima. Lo propio hace el Peruano Británico, aunque no está en este consorcio de organizaciones.
Pues bien, basándonos en las aclaraciones del Sr. Torres, diremos que legalmente no parece haber tenido una conducta indebida. Pero he aquí que surge el viejo conflicto entre la legalidad y la moralidad: que el fondo sea concursable por proyectos y por quien sea es una norma incontrovertible, pero que esa norma sea justa para todos los productores teatrales en el Perú es harina de otro costal.
Es necesario observar que -desmiéntame por favor, si estoy errado- Iberescena es el único fondo concursable para artistas escénicos que ofrece indirecta o directamente el nunca suficientemente criticado, Instituto Nacional de Cultura del Perú. Es decir, que a diferencia de Chile, Argentina, Colombia, México, España, etc. Perú no cuenta con fondos estatales concursables otros más que éste, y no existen apoyos públicos a la creación dramática y coreográfica. Muy pero muy lejos estamos del Fondart chileno, del INT argentino, de los fondos bolivarianos para Cultura en Venezuela. Ni hablar de España, donde hasta el más misio ayuntamiento apoya a sus artistas locales. En Perú, prácticamente toda actividad cultural, incluida por supuesto la de los Centros culturales que sostienen la MIT de Lima, es privada, y gestionada toda a pulmón, como dice la canción. Sin fundaciones, sin fondos públicos, regateando a empresas, etc.
Hasta aquí pareciera que mi argumentación justificara que estas instituciones entraran a la competición por estos fondos. Pero no es así. Creo exactamente lo contrario: creo que en el contexto peruano, a pesar de las dificultades que enfrentarían eventualmente, estas instituciones están en cien veces mejores condiciones para organizar un evento internacional que, digamos, un colectivo cultural en Comas, Ayacucho o Lima centro. No digo que los 17 centros culturales sean ricos, pero en el barrio son los más ricos, y por esa misma razón, porque tienen cómo hacer el trabajo de otra forma, no parece mínimamente moral que entren a adjudicarse el único fondo concursable que puede hacer crecer las iniciativas independientes. Especialmente, si estas iniciativas sí se hacen en nombre de una sola nacionalidad, la peruana. Sí, sé que me dirán démodé por hablar así, de forma tan chauvinista, pero es mi sincera opinión: los centros binacionales o cuentan con el capital real de países desarrollados, o con el capital cultural de la potencia más grande del planeta. Pero al Perú y sus peruanos se los está llevando el viento, porque insisto, las instituciones culturales públicas no entregan ayuda alguna.
En mi opinión, repito, nuestro contexto es otro y aunque sea legal que la MIT se lleve los 27 mil dólares (seguiré insistiendo en que Iberescena revele los nombres de los miembros del Consejo Consultivo, este año), no es de equidad social poner a competir en la misma carrera a un atleta con zapatos de clavos, y a uno sin zapatos, a diecisiete empresas gestoras culturales versus grupos de artistas con ingenio mayúsculo pero sin tantos recursos (ni siquiera sedes institucionales).
La pregunta que flotará entonces por largo tiempo es qué tipo de promoción cultural prefiere el fondo Iberescena para financiar, y de qué sirve a un país tan desprovisto de políticas culturales como el nuestro.

martes, 3 de febrero de 2009

Ventosilla, Alarcón y el Idiota que gobierna


Hace pocos días, el dramaturgo peruano afincado en New York Walter Ventosilla, me comentó en un email que su conocida obra de teatro editada en 1985, El Mariscal Idiota (razón por la que me estaba comunicando con él) le había sido pedida por Daniel Alarcón para ser usada como leitmotiv de un cuento que apareció en el famoso New Yorker.
Ventosilla es uno de los autores y directores que con mayor ahínco propuso un teatro independiente y alternativo en el Perú, y con su grupo, Setiembre, estuvo relacionado permanentemente con iniciativas como las del MOTIN (Movimiento de Teatro Independiente del Perú). Por esta misma razón, fue quizás el primero en discutir escénicamente el asunto tabú de entonces (de todavía): la guerra interna peruana que nos azotó desde 1980. Otra de sus obras, La Canción del Soldado, trata también el asunto de la memoria paralela que el arte construye de hechos que la memoria oficial casi siempre desea silenciar.
Lo más interesante del asunto ahora es que el ya célebre Daniel Alarcón, joven escritor peruano de habla inglesa, retome la obra y las circunstancias del trabajo de teatro alternativo o popular que se hacía y se sigue haciendo en zonas desconocidas del Perú, para escribir The Idiot President (fácil de traducir, ¿no?). Y Alarcón logra una imagen tan sobrecogedora con su extraordinario relato, que creo, para cualquier teatrista será una emoción ambivalente leer el magnífico cuento. Una emoción a lo Vallejo, trilce, o sea triste y dulce a la vez.
Si se les viene bien la lengua de Shakespeare, léanlo aquí, como apareció en el New Yorker.
Si prefieren la de Cervantes, aquí va la traducción (un tantito deslucida, para mi gusto) que acaba de publicar el Blog Boomerang**.

**Gracias mis amigos arequipeños del Blog La Torre de las Paradojas por darme el talán (aviso, en peruano) de esta traducción.


Fotos de Ventosilla y Alarcón.

domingo, 1 de febrero de 2009

Los problemas del Fondo Iberescena

El Fondo Iberescena ha sido materia de controversia en las últimas semanas en el Perú. O mejor es decir, que la más reciente designación de ganadores se ha visto discutida por personas no poco atendibles, de manera abierta, y por muchos teatristas, de esa manera tan nacional, o sea sotto voce.
Pero vamos por partes. Iberescena es un proyecto aprobado por ocho países que financian el programa: Argentina, Colombia, Chile, España, México, Perú, República Dominicana y Venezuela, cuyos gobiernos entregan dinero para innovadores proyectos de creación, difusión o formación de artistas performativos (teatro y danza). El Fondo se entrega en cada país, y cada gobierno nombra el ente encargado de administrarlo.
En el caso del Perú, Iberescena ha estado a cargo de funcionarios del Instituto Nacional de Cultura. Supongo que en este punto de mi crónica, los que somos peruanos ya hemos empezado con la suspicacia. Porque si hay una entidad desprestigiada enormemente en el gobierno aprista que dirige Perú en estos aciagos días, es el INC. Se le ha visto como entidad, hacer papelones nacionales e internacionales (como el del reclamo de piezas arqueológicas inexistentes ante Yale University, o la censura a la exposición de Piero Quijano), y se ha hecho varias y documentadas denuncias sobre los manejos ideologizados de la cultura que su directora, Cecilia Bákula, asociada al Opus Dei, ha venido realizando. El asunto ha tenido visos de escándalo, como pueden seguir aquí, y aquí. A tal punto que cuando el gobierno se animó a proponer la necesidad de crear un Ministerio de Cultura en el Perú, paradójicamente mucha gente vinculada a la cultura puso el grito al cielo, porque nadie quiere más burocracia, especialmente de ese tipo, para censar la cultura de un país tan complejo como el nuestro. Y ese desgano de los artistas sonó como música para los oídos de los tacaños del Ministerio de Economía y Finanzas, mientras la plata se quede en la caja mejor, pensaron. Claro, a ver ahora cómo la pierden con la crisis.
Bueno, el punto al que llego es que este fondo paraestatal llamado Iberescena en su más reciente edición fue puesto en entredicho. Todo empezó sotto voce, como siempre, como somos de virreinales en Lima y alrededores, ya saben. La razón del ruido se explica fácil: entre los ganadores (aquí vean todos) aparecía la Cuarta Muestra Internacional de Lima patrocinada desde hace varios años por el Instituto Cultural Peruano Norteamericano de Lima. Fue primero el crítico Luis Paredes quien ilustró el intríngulis de este modo: uno de los miembros del Jurado que entregó los premios Iberescena de este año, fue precisamente Fernando Torres, director de Cultura del ICPNA, y principal gestor de la Muestra Internacional de Lima, y además el ICPNA es una institución casi millonaria que no necesita de los 27 mil dólares que le fueron atribuidos. Otro comentario abierto vino de parte del dramaturgo Juan Rivera Saavedra, quien en pocas palabras propuso a Torres que desmintiera inmediatamente las habladurías, cosa que hasta dónde sé no ha sucedido.
Ahora bien, todas estas comunicaciones las tengo a través de la lista de interés Peruteatro, y que yo sepa aún no han trascendido, como dicen los periodistas huachafines, a los medios masivos. O sea que a nivel macro, aún son sotto voce también. Por eso las he puesto a disposición, aquí y aquí.
Por mi parte, he querido dejar pasar tiempo en este asunto, aunque lo conozco desde fines de 2008. ¿La razón? Quería verificar, y a 6000 km de distancia eso es muy difícil. Y en el país de la suspicacia, siempre estos premios y fondos son controversiales o discutidos, porque a nadie le gusta perder, y menos ver ganar a otros. Por ejemplo, ya el año anterior surgió el cuestionamiento de que curiosamente padres e hijo de una misma familia recibieron dos premios Iberescena (bueno, tal vez fue una confabulación de la genética y la probabilística).
Pero lo que tengo hasta aquí, para este año, respecto a la intervención de Fernando Torres en Iberescena son varios comentarios privados de amigos, gestores, profesores, teatristas, casi todos en el mismo sentido: la premiación al Festival del ICPNA huele muy, muy raro. Por otro lado, ni Rivera Saavedra ni Luis Paredes son personas que anden armando escándalos ni mucho menos, así es que mi impresión del caso se inclina bastante hacia la de ellos.
¿Qué hacer? Pues escribo esto para pedir a alguien de buena voluntad, y buena voz, que exija (es nuestro derecho, es nuestro dinero, es público, señores) al INC una declaración divulgando los nombres de los jurados (a propósito, el año pasado la web de Iberescena los publicó, este año no lo hace aún). O sea, expreso en mi lejana voz, que ojalá estas cosas estén meridianamente claras en breve, y que la corrupción, esa hermana siamesa de la política, se mantenga bien alejada de los predios escénicos de mi país.
Sí, ya sé que es casi una utopía, pero es lo que quisiera: que no haya garcías, ni leones ni faenones en el magro reparto de dinero del teatro peruano. Y que no haya sotto voce, por favor, que en este caso sería el verdadero escándalo: que nadie más se anime a pronunciarse para ver si el año siguiente el gran bonetón les cae a ellos. Espero que no.

domingo, 25 de enero de 2009

Pero, ¿existe el teatro latinoamericano? (2)

La amable respuesta del profesor Oscar G. Brockett de la Universidad de Texas en Austin nos ahorra bastante tiempo: simplemente, no. El libro que aludo es History of the Theatre**. Otra vez, se trata de una referencia casi obligada para quien estudia artes performativas en la Academia norteamericana, y me temo que también para más de un distraído instructor en un país latinoamericano que lo querrá invocar como natural autoridad en la materia.
No recorreré los temas del libro de Brockett, más que para mencionar que su tesis central es descubrir a lo largo de los siglos el derrotero que condujo a considerar el arte de la representación como una profesión. No duda en considerar el factor comercial-profesional el asunto central a la hora de dividir las aguas del teatro respecto al no-teatro. Se detiene por supuesto en la España del siglo XVII, como debe ser, para luego compararlo con el movimiento teatral británico y concluir que cuando estos últimos iniciaron el camino de un teatro comercialmente viable, se abrió paso lo que hoy llamamos institución moderna del teatro. No le voy a restar importancia: creo que Brockett tiene razón, salvo por el hecho de que tal vez fue el teatro español del Siglo de Oro el modelo central que los ingleses copiaron, pero eso ni siquiera vendría al caso discutirlo.
El tema básico es que en esta Historia tampoco estamos, muchachos, ni de broma. Hasta los intentos más burdos del teatro de los Estados Unidos a fines del XVIII están, pero ni Lima, ni Buenos Aires, ni México tuvieron teatro en los siglos XIX y XX para nuestro académico citado. Y de ahí en adelante la cosa parece haber ido en picada para nosotros.
No me extraña: una anécdota lo ilustra todo. Uno de mis profesores en Minnesota, célebre autoridad mundial en un director polaco que no es Grotowski, dijo en amena conversación, ante la solicitud de una de las Salas de Teatro de la U of M para presentar al grupo teatral más famoso de Perú, ¿pero, es que hay teatro profesional en esos países?
Había leído a Brockett estoy seguro.

**Consulto la 7a. edición, y ahora sé que en la 10ma. en colaboración otro autor, Brockett ha hecho una edición Internacional que abre como temas el teatro en "Continental Europe and Latin America", en apartados específicos. Como quiera que aún no la tengo conmigo, queda pendiente revisar nuevamente este texto.

jueves, 22 de enero de 2009

¿La ceremonia, el rito o solo el espectáculo más grande del mundo?

Como muchos, no compré mi ticket el martes pasado: solo encendí la tele para ver una coronación de Rey al que se llama Presidente Obama, cabeza de un Imperio que tiene como característica curiosa autodenominarse una democracia ejemplar. Pensé en varias cosas, en especial en cómo serían las grandes coronaciones romanas, el fasto de los emperadores chinos, o hasta cómo sería el acto en que el Inca se ceñía la Mascaypacha. Y me pregunto, simplemente, ¿qué ha cambiado? Bueno, diré primero qué no ha cambiado: no ha cambiado el tránsito del poder, la instauración de una estructura que vertebra el ejercicio contenido de la fuerza. eso no ha cambiado, sea por creerse hijos del Sol, destinados porque Dios les habla para liberar, o descendientes directos de Rómulo, la estructura central se repite: seres humanos, cuerpos y mentes, inician el encargo de conducir, de mandar. ¿Necesidad de la manada que aún llevamos, instinto gregario que nos obliga a imponernos reglas y
cumplirlas? No lo sabemos.

Lo que sí me llama la atención es que esa necesidad de fuerza conductora se instaure con alguna forma de reunión de pautas concretas, generalmente tradicionales, particularmente públicas. Ceremonias o ritos o espectáculos. Todo depende del efecto que produzcan. En mi perspectiva hay una diferencia de grado entre los tres. Del rito básico, necesidad cuasi animal, deriva la ceremonia construida básicamente por tradición religiosa o política. De la ceremonia religiosa se deriva el espectáculo, el que aislado de su contenido tradicional y sagrado, aparece reconvertido en institución social de entretenimiento.
Pero sigue siendo el rito el lenguaje madre, pues el rito surte efectos de conversión en los oficiantes, y se reconvierte a la vez. Y no olvidemos que los oficiantes de un rito son todos. En la ceremonia hay oficiantes y oficiados, procesos de conversión unidireccional. En el espectáculo tenemos conductores y público separados por una invisible pared de ficción, el público que observa juega a creer, pero no cree como en la ceremonia; juega a cambiar, pero no cambia como en el rito. El espectáculo es el rito completamente degradado.
¿Qué veíamos los treinta y ocho millones de televidentes, y los cientos de millones de espectadores por otros medios electrónicos aquel día: un rito, una ceremonia o un espectáculo?
Dicen los japoneses que la ficción siempre está en los ojos del que ve. Supongo que esto puede llevarnos a responder con algo de simpleza: cada quien vio lo que quiso, o mejor, vivió lo que quiso. Algunas muchedumbres asistían como a un evento deportivo, en que todos ganaban. Alguna gente se halló invadida de sentimientos de profunda y triste alegría, llanto por el sueño americano que se pierde. Otros me imagino que fueron solo a escuchar la música. Y otros solo observábamos, tal vez fue mi caso, con la frialdad del que no cree, simplemente porque la fe no es mi fuerte.
Tal vez lo del martes tuvo algo de todo, mezclado y desacompasado. Después de todo, el talento mayor de la nación más poderosa de la Tierra es la improvisación, el delicado equilibrio (Albee) entre lo sagrado y puritano, lo serio y pragmátco, y lo melodramático y banal. Una muestra acabada de teatralidad de una nación que quizás no tiene rostro detrás de su máscara.

**Vean esta infografía que hizo El País, interesante para sacar conclusiones performativas.

***Para ejemplificar el conficto entre el ceremonial y la improvisación, el Juez Roberts cambia el orden de un adverbio y todo debe hacerse de nuevo tras bastidores:

lunes, 19 de enero de 2009

Pero, ¿existe el teatro latinoamericano? (1)

Empiezo una serie de tres posts de algo que quiero escribir hace tiempo: la imagen del teatro latinoamericano en publicaciones dedicadas al teatro -en general- en el mundo anglosajón.
Me interesa vernos a través de otras visiones, sí, pero además, cuestionarme sobre la importancia de la validación que da el conocimiento "universal" que se maneja fuera del continente.
Pero vamos al grano, ahora me ocuparé del librito de texto que leen los estudiantes de teatro en muchas universidades americanas, titulado Theatre, por el profesor Robert Cohen. En los siguientes posts revisaré cómo aparecemos en la canónica History of the Theatre que propone Oscar Brockett, otro libro de consulta casi obligatoria en la Academia europea y de de los EEUU, para finalizar con un comentario sobre la mentada Oxford Encyclopedia of Theatre and Performance que editara hace unos pocos años Dennis Kennedy en Gran Bretaña.
Comencemos. Lo primero para sorprenderse: el libro de Cohen se llama Theatre, pero debería llamarse Teatro de los Estados Unidos (y algo de otros cuatro países destacables: Gran Bretaña, Francia, Alemania y, el cuarto lugar que se lo dividan los otros 200 países). Las fotos de las puestas son en Broadway, off Broadway, off off Broadway, non-profit theatre, hasta teatro universitario y escolar, pero básicamente americano. Si alguien tiene dudas sobre el ombliguismo que ataca a los estadounidenses (que los lleva a invadir países cuando no escriben libros de texto), dése una vuelta por este volumen. Incluso cuando debe ocuparse de las tradiciones no occidentales (West vs. East) habla de la Opera de Pekin, KathaKhali, Noh, o sea, lo de tradicional de exportación que un turista compraría por distracción. Nada que ver con una revisión de las expresiones modernas del teatro en China o Japón. La India no existe performáticamente en este texto. Oriente no ha evolucionada desde que lo visitó Marco Polo. África solo es revalorada por una foto inmensa de Athol Fugard actuando frente a una adolescente negra que baila, pero todo muy superficial, por supuesto, muy políticamente correcto. Y lo curioso, perdonen la machacada, es que el texto se pretende una guía del teatro en general. O sea, que lo que Cohen está diciendo, si mi mente no desvaría, es que EL teatro es como lo hacemos aquí. EL teatro es aquí. Period, como dirían ellos mismos.
Pero ahora vamos a la anécdota que inspira estos posts: América Latina. Cohen, inocultablemente sorprendido sin toalla fuera de la ducha, dice (mi traducción, of course):
"El teatro de América Latina es, de acuerdo a muchos observadores, tan rico y diverso como en todo el mundo" (320)
Después de tamaña simpleza, acto seguido, el archirreconocido profesor de la UC Irvine detalla que desde México hasta Chile hay gran diversidad y calidad, hay compromiso político y social, para luego afirmar contundentemente que el teatro de Brasil es el que más destaca por su reconocidos directores (¿estaba Cohen pensando en que oyó hablar de unos tales Boal o Gerald Thomas?). Pero lo que corona la faena es mencionar que muchas de las glorias teatrales de América Latina son llevadas al festival de Teatro Hispánico de Miami, que supongo debe ser éste. Y que hay uno igual en Cádiz, que hace lo mismo para los europeos. Entonces ya conocemos sus filtros.
Por lo demás, EL ÚNICO PÁRRAFO en 400 páginas dedicado a liquidarnos (y la única foto, de una puesta costarricense) dejan claro que "bueno, también hay teatro en esa región del mundo".

De hecho, al margen de la tonta manera de encarar la información que exhibe el texto, puntualicemos algunas reflexiones y preguntas, y a ver si se animan a conversarlo un poco:

¿Existe realmente algo que podamos llamar latinoamericano, como espacio cultural? Es decir, ¿existimos como unidad cultural, o es América Latina solo una entelequia creada por descarte: somos los otros, los de más abajo de Texas, los de más allá de las Canarias?
Hay alguna identificación entre nosotros, latinoamericanos, que nos permita colegir que somos una colectividad con una cultura propia, o somos un promontorio de desechos culturales que llegan como llega el muerto en El Ahogado más Hermoso del mundo, el cuento de García Márquez.
Que yo sepa conocemos bien poco a nuestros vecinos, y probablemente lo hacemos solo por el propio interés de los artistas latinoamericanos en circular, no por una política de integración.
De otro lado, el término Latinoamericano es siempre irregular: son latinos los brasileños, claro que no sé si ellos lo aceptan del todo, ¿pero lo son también los jamaiquinos, los haitianos? Y los migrantes Latino USA que hablan español, ¿qué son, y qué teatro producen?

Además, ¿valen de algo para construir ese espacio cultural propio todas estas canonizaciones librescas o críticas, especialmente llegadas desde el extranjero? ¿Es acaso cierto que los artistas latinoamericanos viven ebrios del reconocimiento internacional, para volver a casa y restregárselo por la cara al Estado que no los apoya, o al público que no los acompaña, o a sus colegas? ¿Sirve de algo decir: "pero yo estuve de gira por Europa y el teatro Disney y tú no"?

Hace un tiempo colaboré en editar un libro sobre el Festival de Cádiz, famosa vitrina del teatro latinoamericano en España. Mi conclusión general: los grupos que llegan a ir lo hacen casi de manera anecdótica, sin mediar intervención de los Estados (salvo México, tal vez) para enviar muestras representativas de su vida cultural. Y el de Miami es, seamos claros, un festival igual de anecdótico.

No sé lo que les parezca a ustedes, pero creo que las imágenes del teatro latinoamericano que pintan estas publicaciones son además de liliputienses, manoseadas.

martes, 13 de enero de 2009

Clarinada de alerta de un crítico



Nota: Luis Paredes no necesita mayor presentación en el teatro peruano, pero la hago para mis lectores extranjeros. Luis es uno de los críticos teatrales más respetados y constantes en la escena nacional, al mismo tiempo que uno de los más mesurados. Su relación con el teatro ha sido siempre plural, y lo he visto con igual empeño asistir a los grandes fastos teatrales como a festivales de escolares y universitarios adonde era invitado, tratando de tener un mapa completo de lo complejo, es decir, del Perú teatral. este mérito lo tiene sin mediar relación permanente con ninguna publicación. En mi opinión, junto a Santiago Soberón, son quienes más teatro peruano han visto, y con mayor amplitud de registros y criterios, y por ello creo que sus opiniones son siempre atendibles.

El otro día, Lucho dejó este mensaje como comentario en una de mis entradas:

"Hola Carlos aquí te mando la carta que mandé al Comercio y hasta ahora no la publican. Puedes añadir tus comentarios por favor.

Un abrazo. Lucho"

Lucho, mis comentarios son performativos: primero, me tomo la libertad de difundir tu documento, pues creo que debe iniciar una postergada discusión en el teatro peruano: la de la inclusividad, y ojalá llevarnos a la abolición de las malas costumbres de la prensa nacional. Y segundo, discrepo en tu diagnóstico: no es miopía, es ceguera.


PRINCIPIOS DE MIOPÍA O LA MIOPÍA COMO PRINCIPIO
Escribe: Luis Paredes


En el balance de fin de año de El Comercio de Enrique Planas, hay una serie de ausencias tan enormes e imperdonables que hacen pensar en un preocupante mal de miopía en su autor. No es posible que algunos de los más importantes hitos de la actividad teatral del 2008 terminen ninguneados por quien pretende un “balance” de fin de año.

Cualquier periodista medianamente informado, para eso basta revisar los archivos o al menos bucear en la Internet para refrescar la memoria, no puede dejar de mencionar uno de los eventos escénicos más importantes del año: el III Festival Internacional de Teatro de la UCSUR, donde se presentaron más de 20 espectáculos de teatro (grupos limeños, de provincias y extranjeros de altísima calidad). Un esfuerzo que aportó al medio teatral la posibilidad de encuentro cultural con artistas de otros países. Ese esfuerzo de una joven universidad privada se ha ganado el respeto de toda la comunidad de teatristas y público que pudo asistir sin pagar entrada a las funciones inolvidables. Hoy por hoy es frecuente que se hable del siguiente festival UCSUR y anoche mismo en una presentación de un libro de teatro (algo que ha empezado a ser frecuente en Perú pero de lo que tampoco se ocupa Planas) varios teatreros conversaban sobre la convocatoria y sus expectativas para el cuarto festival en preparación. No por gusto contó y cuenta con el apoyo de otras universidades con sus escenarios y sus elencos. Y con el aval de la Municipalidad de Lima y de la UNESCO. ¿No pudo ir a ninguna de las 20 funciones el señor Planas?, ¿Le desanimó la masiva concurrencia de públicos populares al teatro Segura o a la ciudad de la UNMSM? ¿Por ello no existió para él esta fiesta que duró 8 días consecutivos en la ciudad? ¿Tan severa es su miopía?

Pero su ninguneo imperdonable también abarca al FITECA que lleva 7 (siete) años realizando su Festival de Calles Abiertas en Comas. Allá también llegan grupos extranjeros y el público de la zona lo espera como parte de su agenda anual. Los estrenos del grupo Maguey: tanto Las Crónicas innominadas como INTICHA... ¿ha pisado este periodista que pretende tener voz en asuntos teatrales este importante espacio alguna vez? Ni tampoco anota el surgimiento de nuevos espacios teatrales: La nueva casa de Espacio Libre...Los montajes que se han realizado en ella. Los montajes del Centro Cultural José María Arguedas (Cafae-SE). Los montajes de La ENSAD y mucho más. Bueno, es lamentable que un periodista que tiene todo el derecho a sus preferencias, se arrogue el derecho a publicar arbitrariamente su “canon” sin incluir lo que él no estuvo en capacidad (pero sí en la obligación) de conocer y valorar. Creo que debe renunciar a su pretensión de ser quien guíe a los lectores en actualidad teatral por principios de miopía para no imponer la miopía como principio.


Luis Paredes
DNI: 06082181


04-ene-2009 21:59:00

viernes, 9 de enero de 2009

Por si acaso, no veo telenovelas


Pero no voy a venir aquí a negar mi pasado: junto a mi hermano tuvimos una gran adicción por las telenovelas, en especial en nuestras adolescencias. Nos soplábamos horas de horas de (ahora los llamo así) bodrios mexicanos, venezolanos y brasileños. Una que otra era peruana, por ejemplo Carmín. Pero la mayor parte venían del país charro. Pero no se piense que éramos público del todo acrítico y dado a la lloriqueada: lo que más nos atraía de las TN era juzgar las actuaciones, escuchar a los engolados, reconocerlos, y claro, ver una que otra buena presencia. Olvidaba decir que ese tiempo coincidió con nuestros inicios (de ambos, pobres mis padres) en el mundo del teatro, en el grupo teatral de la ANEA en Arequipa.
Estos recuerdos me han venido a propósito de los resultados de una encuesta que no debe ser curiosa para nadie: las 10 telenovelas más influyentes de Latinoamérica. Ignoro cómo y con qué fidelidad se hizo el ranking, pero la noticia la corrió AP hace una semana. Ahora han borrado el dato, pero encontré un resumen bueno en este enlace.
No soy quién para declararla correcta o no, solo puedo decir que es arbitraria, como todas las listas. Pero hay varias allí que fueron parte de mis adicciones, por ejemplo Cuna de Lobos, para ver a una estereotipada pero igual extrañanamente macabra María Rubio haciendo de la madre posesiva. O Isaura la Esclava, donde los brasileños empezaron su larga y prolífica idea de usar buenas obras de la literatura para un público masivo. Lo repitieron con Tieta, por ejemplo. Y experimentaron más que nadie. Isaura fue un éxito, Rubens de Falco otro malo de antología. Por supuesto vi Los Ricos también lloran, cómo no, nos gustaba la Verónica Castro a todos. Y la soñada movilidad social, tantas veces postergada en América Latina, que ya se darán cuenta, es tal vez el macrodiscurso de la telenovela latinoamericana.
Ya no vi la Quinceañera, ya eso fue demasiado idiota para mi gusto, y a Betty la fea no le pude seguir el paso, aunque los avances siempre parecían chistosos. Claro, es el patito feo que los adultos sí nos atrevemos a gozar en público, ya saben, el mito de que la belleza física lo es todo.
Faltan montones, claro, novelas hay para cubrir los cielos. Y es sin duda el género por excelencia de América Latina, nuestro sello cultural. Y además soy de los que cree que hay que leerlas transversalmente: muchas dicen por lo que quieren callar, describen por ironía, reclaman por temas sin querer. Tal vez eso explique que estén tan adentro del alma colectiva del continente.
Pero siempre me impresionaron más algunas brasileñas: mejores libretos, mejor dirección de actores, mayor riesgo. Recuerdo Dancing Days, La próxima víctima, El clon, entre otras. De Venezuela, que me perdonen, casi no me atrapó nada, salvo una de gitanos que no recuerdo el nombre. Y entre las argentinas me he visto completas varias, porque vamos, son tamaños actores en general, como los brasileños, no tan acartonados como los mexicanos. Con las peruanas nunca tuve una relación muy amical, tal vez allí el criticón que llevo dentro me impedía engancharme con nada, salvo, tal vez, un poco con Natacha, o quizás Los de arriba y los de abajo, aunque ahora que la pienso me suena bastante caviar e irreal.
Ya más viejo las telenovelas -aunque no puedo seguirlas, en general por aburrimiento- me han dado un placer extraño, que no sé cómo va a sonar aquí: me ha permitido ver a a algunos actores a los que no podría ver nunca (o con frecuencia) en el teatro. Hombres de tablas que daba gusto escucharlos aunque sea recitando esos libretos generalmente escritos para dislálicos o lobotomizados. Y ver ese esfuerzo, el de los grandes actores, como toreros dignos y desesperados a la vez ante tan pobres astados. Pienso en una telenovela mexicana en que todo mi interés era cazar las escenas del gran Nacho López Tarso, o ver a Libertad Lamarque, o a Augusto Benedico decir unas líneas aunque se en la Colorina, o recibir una clase actuación con el maestro Sergio Jiménez en cualquier papel que le tocara, cualquiera, especialmente cuando de segundón se robaba la novela. Qué privilegio. Más cercano en el tiempo me sucede lo mismo con mi compatriota Ricardo Blume, afincado en México, diestro en hacer creer que se la cree, y bueno hasta en sus malos papeles, como cuando hacía del Sr. Huamán. En Venezuela corría detrás de las lecciones de Roberto Moll, y en Brasil (José Wilker!!) y en Argentina, bueno casi de todos, casi de todos.
Pero por supuesto, oficialmente ya no veo telenovelas.

jueves, 8 de enero de 2009

Perú teatral: un mapa por completar

Aunque -como saben- me quedo fuera de mi país la mayor parte del año, vivo pendiente de él, de sus gentes, en especial las de teatro, y en especial las gentes de teatro que son mis amigos. Desde lejos, como me recordó uno de aquellos amigos, las cosas se ven distorsionadas. Diferentes, corregiría inmediatamente. El caso es que la perspectiva sobre los hechos varía enormemente si se está dentro o fuera del escenario, y eso me recuerda mi seminal vocación de director de escena. Ver al Perú (teatral y no teatral) desde lejos, y entrar por momentos, me recuerda ese dulce placer que siento cuando dirijo una pieza en que por alguna razón me toca actuar. Pero la distancia gobierna a un director, y siempre sirve alguien que mira desde afuera, como decía uno de mis maestros de teatro.

Escribo este post a inicios de un año que sigue a uno que me ha sido difícil de terminar. Uno que duró demasiado. (De un tiempo a esta parte, cuando paso varios meses en el Perú, la noción que tengo del tiempo tiende a ensancharse, y a veces me parece vivir 24 meses en un año, o algo así).

Decía que escribo empezando el 2009, para tomar distancia y aire y tratar de decir lo que me pareció ese año pasado, en aspectos teatrales y algunos no tan teatrales.
Entonces, a la distancia, si alguien me preguntara qué me pareció el teatro peruano del 2008, mi réplica inmediata sería: depende, depende de qué teatro peruano estemos hablando. Es decir, si hay algo que se me aparece cada vez con mayor claridad que una Cordillera, es que en el espectro de propuestas performativas peruanas se mueven muy diversos, muy heterogéneos registros, cada uno de los cuales apunta a públicos distintos, genera sus formas de circulación, consumo o consumación, y desde luego genera sus espacios críticos o de prestigio. Es en el contraste de los públicos y no de los mensajes, de los consumidores y no de los productos, del costo de las entradas, que yo encuentro mejores argumentos para hablar de diferencias.

Así, en mi opinión hay al menos tres grandes fuerzas centrípetas en el quehacer teatral peruano:
Una que tiende a un teatro modernizante, de modelo occidental y aliento cosmopolita, especialmente de teatro de autor. Esta es la más visible forma teatral, pues acapara en general el interés de los medios, y es cada vez más profesional y sofisticada en sus medios de producción. Por profesional y sofisticado aludo dos cosas bastante relativas, por supuesto: los medios a través de sus críticos consagran la profesionalidad y la sofisticación de acuerdo a estándares discretos, creados por tradición. Esta forma teatral circula por las salas de teatro de Lima (las cuatro, y no es broma: La Plaza ISIL, el Británico, la Alianza Francesa y ahora el Teatro de la BNP).

Hay una segunda fuerza, algunos creen que en desintegración, que nuclea el teatro experimental o de grupo, y el teatro de autor (paradójicamente, sobre todo autor peruano) que se estrena en salas medianas y pequeñas y en ciudades de menor prestigio cultural. Otra vez, tómese el término prestigio cultural como el resultado del esfuerzo de una clase privilegiada por canonizar solo ciertos productos culturales, pues responden mejor a sus intereses de clase o rango. El teatro de este segundo circuito es de vanguardia, experimental, sea de grupo o de autor, y es mucho más arriesgado en todo sentido: arriesga, para comenzar, trabajando con muy poco, muy poco apoyo institucional. Algunos de estos grupos tienen salas, festivales y algunos de estos autores tienen aventuras como gestores de salas, encuentros y hasta ediciones, pero es claro que no gozan de la consagración completa reservada al primer circuito, sea por su juventud o por rango social diferenciado. A pesar de su riqueza estética, este circuito se ha modelado en la mente del espectador solo como una alternativa al teatro hegemónico, en función del cual no pocas veces es visto solo como "el otro teatro".

Y hay un tercer circuito, que veo en ciernes aún, y que me animaría a llamar comunitario (popular, sería el otro término que usaría, sino fuera por lo manoseado ideológicamente que está). Este circuito comunitario existe en los dos grandes conos de Lima, Villa y Comas especialmente, por ejemplo, donde tiene su propia lógica de intervención en la problemática comunal, y tiende a organizarse por su cuenta propia siguiendo otra "política cultural". Sin embargo, es arriesgado llamarlo subterráneo o marginal. No es marginal un festival en Comas que cuenta con mucho público y donde están inmiscuidas autoridades y organizaciones establecidas. No es marginal tampoco pues sus gestores tienen gran experiencia y formación, y no tienen temor de establecer relaciones con productos culturales de los dos primeros circuitos, especialmente del segundo, y hasta del extranjero, sin por ello casarse con lo experimental o lo foráneo. Lo veo con mayor claridad en Lima, y muy poco en otras ciudades, tal vez porque no cuenta aún con suficiente repercusión en medios.

Algo para notar en este mapeo forzado que hago: estos circuitos teatrales no comparten las mismas experiencias históricas. Yo diría que el tercer circuito, el comunitario, ha nacido como una reacción de los herederos del teatro experimental y contestatario alternativo, quienes ahora tienen una más clara identidad de comunidades, pues realmente pertenecen a ellas. El teatro político anterior, el que se reclamaba popular, por ejemplo, muchas veces era solo el servicio social obligatorio de una clase media progresista. De igual forma, mucho del teatro establecido como privilegiado en el Perú de hoy nació de experiencias independientes de grupo, especialmente de las que se estructuraron a la manera de compañías.
Por otro lado, y es algo para discutir largamente de seguro, el tercer circuito claramente parece estar usando matrices culturales de relación parateatral como la fiesta y el ritual andinos, como parte de su herencia cultural, de su identidad. Esta vez lo andino no está solo en la temática, sino en el formato de relación cultural (el mecanismo de circulación, el costo de las entradas, si las hay, las alianzas con organizaciones comunales).
Mientras el teatro establecido se hace cada vez más rico en recursos y más globalizado en temáticas, el teatro comunitario negocia su necesidad de modernizarse con una mayor consideración de la gente real -migrantes, andinos, menos favorecidos social o económicamente- a la que se dirigen sus espectáculos.

Conclusiones previas de esta visión:
¿Se trata de compartimentos estancos? No, hay contactos, pero ellos no logran quebrar las separaciones que están ancladas muchas veces, me apena escribir esto, en nociones de raza y clase inexpugnables en un país traspasado de colonialidad como el Perú.
¿Puede el tercer circuito volverse dominante? Si juzgamos por audiencia, capacidad de influencia, sí; si juzgamos por relevancia social en los medios, no. Aún se sigue viendo estos circuitos como curiosidades de una ciudad multicultural, ya saben, ese nombrecito en quela clase dominante oculta que somos un país deshecho por las desigualdades.
¿Es cierto que el teatro alternativo, segundo circuito, tiende a disgregarse? Tal vez sí, debido a que algunos de sus grandes líderes generacionales, grupos históricos, se han afincado en el establishment teatral nacional, o han perdido un contacto directo con la comunidad (dicho sea de paso, muchos de ellos son de clase media, justamente la clase que parece más condenada a la desaparición en el sistema que vivimos).
¿Pueden seguir conviviendo estos tres circuitos? ¿Hay algo de malo en que lo hagan? Aunque quisiera recordar la tradición de Palma, la del perro, pericote y gato comiendo de un solo plato, eso fue solo un milagro literario. Mi hipótesis es que de todas maneras las exigencias de movilidad social y representatividad cultural pondrán en conflicto no pocas veces a estos circuitos. La pregunta sería: ¿qué modelo de circuito se ajustará mejor al futuro, qué modelo logrará ser más representativo? Seguramente el panorama se aclarará con el tiempo.


*******
Cuando me vine a Minnesota, uno de mis hermanos teatrales me gastó una broma: "nomás no te vayas a volver como esos tíos que se alucinan (sic) con un teatro peruano que está solo en su imaginación, y no es el que realmente existe". En este momento he tenido temor de que su broma sea verdad.

lunes, 5 de enero de 2009

Una promesa del año pasado


En julio pasado y con ayuda del Centro Cultural Peruano Japonés, organizamos el Coloquio de estudios Teatrales y Performativos, que reunió gran cantidad y variedad de ponencias. Ahora, el proyecto de investigación que está detrás de todo esto ha puesto en circulación las Actas del Coloquio, con la mayor parte de ponencias para descargar en PDF, libremente. Las actas están alojadas en www.memoriateatral.com, la web de la futura Revista peruana de teatro, drama y performance, que entrará en circulación en unos meses más. Desde ya quedan invitados a darse una vuelta, y leer alkgunos de los trabajos que ya están dispuestos. Seguramente el número de ponencias irà creciendo, y el Segundo Coloquio empezará a madurar para este año
.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Una mirada ahora lejana: Pinter


Pero como no quiero creer en la muerte de las palabras, dispongo gracias al crítico teatral peruano Luis Paredes, de una traducción del discurso que Pinter grabara como aceptación del premio Nobel de 2005. Qué digo discurso, es un manifiesto, un cuestionamiento ético, artístico y político (vamos, qué pleonasmo) solo para valientes: teatristas del éxito abstenerse, intelectuales de café hacerse a un lado.
Bueno, gracias a Lucho otra vez, va el texto.
Y gracias a la fundación Nobel, puedo enviarlos a ver el video de la performance que el propio Pinter grabó para enviar a Suecia aquella vez que no pudo asistir. Este es el enlace, cierto que está hablado en inglés, pero también está hablado en voz y cuerpo, y eso sí que se puede leer de manera universal.



Harold Pinter: Discurso de agradecimiento del Nobel de Literatura

En 1958, escribí lo siguiente:
'No hay grandes diferencias entre realidad y ficción, ni entre lo verdadero y lo falso. Una cosa no es necesariamente verdadera o falsa; puede ser al mismo tiempo verdadera y falsa.'
Creo que estas afirmaciones aún tienen sentido, y aún se aplican a la exploración de la realidad a través del arte. Así que, como escritor, las mantengo, pero como ciudadano no puedo; como ciudadano he de preguntar: ¿Qué es verdad? ¿Qué es mentira?

La verdad en el arte dramático es siempre esquiva. Uno nunca la encuentra del todo, pero su búsqueda llega a ser compulsiva. Claramente, es la búsqueda lo que motiva el empeño. Tu tarea es la búsqueda. De vez en cuando, te tropiezas con la verdad en la oscuridad, chocando con ella o capturando una imagen fugaz o una forma que parece tener relación con la verdad, muy frecuentemente sin que te hayas dado cuenta de ello. Pero la auténtica verdad es que en el arte dramático no hay tal cosa como una verdad única. Hay muchas. Y cada una de ellas se enfrenta a la otra, se alejan, se reflejan entre sí, se ignoran, se burlan la una de la otra, son ciegas a su mera existencia. A veces, sientes que tienes durante un instante la verdad en la mano para que, a continuación, se te escabulla entre los dedos y se pierda.


Me han preguntado con frecuencia cómo nacen mis obras teatrales. No sé cómo explicarlo. Como tampoco puedo resumir mis obras, a menos que explique qué ocurre en ellas. Esto es lo que dicen. Esto es lo que hacen.


Casi todas las obras nacen de una frase, una palabra o una imagen. A la palabra le sigue rápidamente una imagen. Os daré dos ejemplos de dos frases que aparecieron en mi cabeza de la nada, seguidas por una imagen, seguidas por mí.


Las obras son 'The Homecoming' (La vuelta a casa) y 'Old times' (Viejos tiempos). La primera frase de 'The Homecoming' es “¿Qué has hecho con las tijeras?" La primera frase de 'Old times' es “Oscuro”.


En ninguno de los casos disponía de más información.


En el primer caso alguien estaba, obviamente, buscando unas tijeras, y preguntaba por su paradero a otro de quien sospechaba que probablemente las había robado. Pero, de alguna manera, yo sabía que a la persona interrogada le importaban un bledo tanto las tijeras como el interrogador.


En 'Oscuro', tomé la descripción del pelo de alguien, el pelo de una mujer, y era la respuesta a una pregunta. En ambos casos me encontré obligado a continuar. Ocurrió visualmente, en una muy lenta graduación, de la sombra hacia la luz.

Siempre comienzo una obra llamando a los personajes A, B y C.
En la obra que acabaría convirtiéndose en 'The Homecoming', ví a un hombre entrar en una habitación austera y hacerle la pregunta a un hombre más joven sentado en un feo sofá con un periódico de carreras de caballos. De alguna forma sospechaba que A era un padre y que B era su hijo, pero no tenía la certeza. Esta posibilidad se confirmaría sin embargo poco después cuando B (que más adelante se convertiría en Lenny) le dice a A (más adelante convertido en Max), “Papá, ¿te importa si cambiamos de tema de conversación? Te quiero preguntar algo. Lo que cenamos antes, ¿cómo se llama? ¿Cómo lo llamas tú? ¿Por qué no te compras un perro? Eres un chef de perros. De verdad. Crees que estas cocinando para perros.” De manera que como B le llama a A “Papá” me pareció razonable asumir que eran padre e hijo. A era claramente el cocinero y su comida no parecía ser muy valorada. ¿Significaba esto que no había una madre? Eso aún no lo
sabía. Pero, como me dije a mí mismo entonces, nuestros principios nunca saben de nuestros finales.



'Oscuro'. Una gran ventana. Un cielo al atardecer. Un hombre, A (que se convertiría en Deeley) y una mujer, B (que luego sería Kate) sentados con unas bebidas. ¿Gorda o flaca?, pregunta el hombre. ¿De quién hablan? Pero entonces veo, de pie junto a la ventana, a una mujer, C (que sería Anna), iluminada por una luz diferente, de espaldas a ellos, con el pelo oscuro.



Es un momento extraño, el momento de crear unos personajes que hasta el momento no han existido. Todo lo que sigue es irregular, vacilante, incluso alucinatorio, aunque a veces puede ser una avalancha imparable. La posición del autor es rara. De alguna manera no es bienvenido por los personajes. Los personajes se le resisten, no es fácil convivir con ellos, son imposibles de definir. Desde luego no puedes mandarles. Hasta un cierto punto, puedes jugar una partida interminable con ellos al gato y al ratón, a la gallina ciega, al escondite. Pero finalmente encuentras que tienes a personas de carne y hueso en tus manos, personas con voluntad y con sensibilidades propias, hechas de partes que eres incapaz de cambiar, manipular o distorsionar.



Así que el lenguaje en el arte es una ambiciosa transacción, unas arenas movedizas, un trampolín, un estanque helado que se puede abrir bajo tus pies, los del autor, en cualquier momento.



Pero, como he dicho, la búsqueda de la verdad no se puede detener nunca. No puede aplazarse, no puede retrasarse. Hay que hacerle frente, ahí mismo, en el acto.
El teatro político presenta una variedad totalmente distinta de problemas.. Hay que evitar los sermones a toda costa. Lo esencial es la objetividad. Hay que dejar a los personajes que respiren por su cuenta. El autor no ha de confinarlos ni restringirlos para que satisfagan sus propios gustos, disposiciones o prejuicios. Ha de estar preparado para acercarse a ellos desde una variedad de ángulos, desde un surtido amplio y desinhibido de perspectivas que resulten. Quizá, de vez en cuando, cogerlos por sorpresa, pero a pesar de todo, dándoles la libertad para ir allí donde deseen. Esto no siempre funciona. Y, por supuesto, la sátira política no se adhiere a ninguno de estos preceptos. De hecho, hace precisamente lo contrario, que es su auténtica función.



En mi obra 'The Birthday Party' (La fiesta de cumpleaños) creo que permito el funcionamiento de un amplio abanico de opciones en un denso bosque de posibilidades antes de concentrarme finalmente en un acto de dominación.
'Mountain Language' (El lenguaje de la montaña) no aspira a esa amplitud de funcionamiento. Es brutal, breve y desagradable. Pero los soldados en la obra sí que se divierten con ello. Uno a veces olvida que los torturadores se aburren fácilmente. Necesitan reírse de vez en cuando para mantener el ánimo. Este hecho ha sido confirmado naturalmente por lo que ocurrió en Abu Ghraib en Bagdad. 'Mountain Language' sólo dura 20 minutos, pero podría continuar hora tras hora, una y otra y otra vez, repetirse de nuevo lo mismo de forma continua, una y otra vez, hora tras hora.
'Ashes to ashes' (Polvo eres), por otra parte, me da la impresión de que transcurre bajo el agua. Una mujer que se ahoga, su mano que emerge sobre las olas intentando alcanzar algo, que se hunde y desaparece, buscando a otros, pero sin encontrar a nadie, ya sea por encima o por debajo del agua, encontrando únicamente sombras, reflejos, flotando; la mujer es una figura perdida en un paisaje que las aguas están cubriendo, una mujer incapaz de escapar de la catástrofe que parecía que sólo afectaba a otros.
Pero, de la misma forma que ellos murieron, ella también ha de morir.



El lenguaje político, tal como lo usan los políticos, no se adentra en ninguno de estos territorios dado que la mayoría de los políticos, según las evidencias de que disponemos, no están interesados en la verdad sino en el poder y en conservar ese poder. Para conservar ese poder es necesario mantener al pueblo en la ignorancia, que las gentes vivan sin conocer la verdad, incluso la verdad sobre sus propias vidas. Lo que nos rodea es un enorme entramado de mentiras, de las cuales nos alimentamos.
Como todo el mundo aquí sabe, la justificación de la invasión de Irak era que Sadam Hussein tenía en su posesión un peligrosísimo arsenal de armas de destrucción masiva, algunas de las cuales podían ser lanzadas en 45 minutos y provocar una espeluznante destrucción. Nos aseguraron que eso era cierto. No era cierto. Nos contaron que Irak mantenía una relación con Al Quaeda y que era en parte responsable de la atrocidad que ocurrió en Nueva York el 11 de Septiembre de 2001. Nos aseguraron que esto era cierto. No era cierto. Nos contaron que Irak era una amenaza para la seguridad del mundo. Nos aseguraron que era cierto. No era cierto.
La verdad es algo completamente diferente. La verdad tiene que ver con la forma en la que Estados Unidos entiende su papel en el mundo y cómo decide encarnarlo.
Pero antes de volver al presente me gustaría mirar al pasado reciente, me refiero a la política exterior de Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Creo que es nuestra obligación someter esta época a cierta clase de escrutinio, aunque sea de una manera incompleta, que es todo lo que nos permite el tiempo que tenemos.



Todo el mundo sabe lo que ocurrió en la Unión Soviética y por toda la Europa del Este durante el periodo de posguerra: la brutalidad sistemática, las múltiples atrocidades, la persecución sin piedad del pensamiento independiente. Todo ello ha sido ampliamente documentado y verificado.



Pero lo que yo pretendo mostrar es que los crímenes de los EEUU en la misma época sólo han sido registrados de forma superficial, no digamos ya documentados, o admitidos, o reconocidos siquiera como crímenes. Creo que esto hay que solucionarlo y que la verdad sobre este asunto tiene mucho que ver con la situación en la que se encuentra el mundo actualmente. Aunque limitadas, hasta cierto punto, por la existencia de la Unión Soviética, las acciones de los Estados Unidos a lo ancho y largo del mundo dejaron claro que habían decidido que tenían carta blanca para hacer lo que quisieran.



La invasión directa de un estado soberano nunca ha sido el método favorito de Estados Unidos. En la mayoría de los casos, han preferido lo que ellos han descrito como “conflicto de baja intensidad”. Conflicto de baja intensidad significa que miles de personas mueren pero más lentamente que si lanzases una bomba sobre ellos de una sola vez. Significa que infectas el corazón del país, que estableces un tumor maligno y observas el desarrollo de la gangrena. Cuando el pueblo ha sido sometido -o molido a palos, que viene a ser lo mismo– y tus propios amigos, los militares y las grandes corporaciones, se sientan confortablemente en el poder, tú te pones frente a la cámara y dices que la democracia ha prevalecido. Esto fue lo normal en la política exterior de los Estados Unidos durante los años de los que estoy hablando.



La tragedia de Nicaragua fue un ejemplo muy significativo. La escogí para exponerla aquí como un ejemplo claro de cómo ve Estados Unidos su papel en el mundo, tanto entonces como ahora.



Yo estuve presente en una reunión en la embajada de los EEUU en Londres a finales de los 80.



El Congreso de Estados Unidos estaba a punto de decidir si dar más dinero a la Contra para su campaña contra el estado de Nicaragua. Yo era un miembro de una delegación que venía a hablar en nombre de Nicaragua, pero la persona más importante en esta delegación era el Padre John Metcalf. El líder del grupo de EEUU era Raymond Seitz (por aquel entonces el ayudante del embajador, más tarde él mismo sería embajador). El Padre Metcalf dijo: “Señor, dirijo una parroquia en el norte de Nicaragua. Mis feligreses construyeron una escuela, un centro de salud, un centro cultural. Vivíamos en paz. Hace unos pocos meses un grupo de la Contra atacó la parroquia. Lo destruyeron todo: la escuela, el centro de salud, el centro cultural. Violaron a las enfermeras y las maestras, asesinaron a los médicos, de la forma más brutal. Se comportaron como salvajes. Por favor, exija que el gobierno de EEUU retire su apoyo a esta repugnante actividad
terrorista.”



Raymond Seitz tenía muy buena reputación como hombre racional, responsable y altamente sofisticado. Era muy respetado en los círculos diplomáticos. Escuchó, hizo una pausa, y entonces habló con gravedad. "Padre", dijo, "déjame decirte algo. En la guerra, la gente inocente siempre sufre". Hubo un frío silencio. Le miramos. Él no parpadeó.
La gente inocente, en realidad, siempre sufre.



Finalmente alguien dijo: "Pero en este caso 'las personas inocentes' fueron las víctimas de una espantosa atrocidad subvencionada por su gobierno, una entre muchas. Si el Congreso concede a la Contra más dinero, tendrán lugar más atrocidades de esta clase. ¿No es así? ¿No es por tanto su gobierno culpable de apoyar actos de asesinato y destrucción contra los ciudadanos de un estado soberano?"


Seitz se mantuvo imperturbable. "No estoy de acuerdo con que los hechos tal como han sido presentados apoyen sus afirmaciones" . dijo.


Mientras abandonábamos la embajada, un asistente estadounidense me dijo que había disfrutado con mis obras. No le respondí.



Debo recordarles que el entonces presidente, Reagan, hizo la siguiente declaración: "La Contra es el equivalente moral a nuestros Padres Fundadores". .



Los Estados Unidos apoyaron la brutal dictadura de Somoza en Nicaragua durante 40 años. El pueblo nicaragüense, guiado por los sandinistas, derrocó este régimen en 1979, una impresionante revolución popular.



Los sandinistas no eran perfectos. Tenían una claro componente de arrogancia y su filosofía política contenía un cierto número de elementos contradictorios. Pero eran inteligentes, racionales y civilizados. Se propusieron conseguir una sociedad estable, decente y plural. La pena de muerte fue abolida. Cientos de miles de campesinos pobres fueron librados de una muerte segura. A unas 100.000 familias se le dieron títulos de propiedad sobre tierras. Se construyeron dos mil escuelas. Una notable campaña educativa redujo el analfabetismo en el país a menos de una séptima parte. Se establecieron una educación y un servicio de salud gratuitos. La mortalidad infantil se redujo en una tercera parte. La polio fue erradicada.



Los Estados Unidos denunciaron estos logros como una subversión marxista/leninista. Desde el punto de vista del gobierno de los Estados Unidos, se estaba estableciendo un ejemplo peligroso. Si a Nicaragua se le permitía fijar normas básicas de justicia social y económica, si se le permitía incrementar los niveles de salud y educación y alcanzar una unidad social y un respeto nacional propio, los países vecinos se plantearían las mismas cuestiones y harían lo mismo. En ese momento había por supuesto una feroz resistencia al status quo en el Salvador.



He hablado anteriormente de "un entramado de mentiras" que nos rodea. El presidente Reagan describía habitualmente a Nicaragua como un "calabozo totalitario" . Esto fue aceptado de forma general por los medios, y por supuesto por el gobierno británico, como un comentario acertado e imparcial. Pero lo que ocurre es que, bajo el gobierno sandinista, no estaba documentada la existencia de escuadrones de la muerte. No había constancia de torturas. No estaba probada la existencia de una brutalidad sistemática u oficial por parte de los militares. Ningún sacerdote fue asesinado en Nicaragua.. De hecho, había tres sacerdotes en el gobierno, dos jesuitas y un misionero Maryknoll. Los calabozos totalitarios estaban en realidad muy cerca, en El Salvador y en Guatemala. Los Estados Unidos habían hecho caer en 1954 al gobierno elegido democráticamente en Guatemala y se calcula que unas 200.000 personas habían sido víctimas de las sucesivas dictaduras
militares.



Seis de los más eminentes jesuitas del mundo fueron asesinados brutalmente en la Universidad de Centro América en San Salvador en 1989 por un batallón del regimiento Alcatl entrenado en Fort Benning, Georgia, USA. Un hombre extremadamente valiente, el arzobispo Romero, fue asesinado mientras se dirigía a la gente. Se calcula que murieron 75.000 personas. ¿Por qué fueron asesinadas? Fueron asesinadas porque creían que una vida mejor era posible y que debía conseguirse. Esta creencia los convirtió de forma inmediata en comunistas. Murieron porque se atrevieron a cuestionar el status quo, la interminable situación de pobreza, enfermedad, degradación y opresión que habían recibido como herencia.



Los Estados Unidos finalmente hicieron caer el gobierno Sandinista. Tardaron varios años y hubo una resistencia considerable, pero una persecución económica implacable y 30.000 muertos al final minaron la moral del pueblo nicaragüense. Exhaustos y condenados a la pobreza una vez más. Los casinos volvieron al país, la salud y la educación gratuita se acabaron. Las grandes empresas volvieron en mayor número. La 'Democracia' había prevalecido.



Pero esta 'política' no se limitó, de ninguna manera, a Centroamérica. . Se realizó a lo largo y ancho del mundo. No tenía final. Y ahora es como si nunca hubiese sucedido.
Los Estados Unidos apoyaron y en algunos casos crearon todas las dictaduras militares de derechas en el mundo tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Me refiero a Indonesia, Grecia, Uruguay, Brasil, Paraguay, Haití, Turquía, Filipinas, Guatemala, El Salvador, y, por supuesto, Chile. El horror que los Estados Unidos infligieron a Chile en 1973 no podrá ser nunca purgado ni olvidado.



Cientos de miles de muertes tuvieron lugar en todos estos países. ¿Tuvieron lugar? ¿Son todas esas muertes atribuibles a la política exterior estadounidense? La respuesta es sí, tuvieron lugar y son atribuibles a la política exterior estadounidense. Pero ustedes no lo sabrían.



Esto nunca ocurrió. Nunca ocurrió nada. No ocurrió ni siquiera mientras estaba ocurriendo. No importaba. No era de interés. Los crímenes de Estados unidos han sido sistemáticos, constantes, inmorales, despiadados, pero muy pocas personas han hablado de ellos. Esto es algo que hay que reconocerle a los Estados Unidos. Han ejercido su poder a través del mundo sin apenas dejarse llevar por las emociones mientras pretendían ser una fuerza al servicio del bien universal. Ha sido un brillante ejercicio de hipnosis, incluso ingenioso, y ha tenido un gran éxito.



Os digo que Estados Unidos son sin duda el mayor espectáculo ambulante. Pueden ser brutales, indiferentes, desdeñosos y bárbaros, pero también son muy inteligentes. Como vendedores no tienen rival, y la mercancía que mejor venden es el amor propio. Es un gran éxito. Escuchen a todos los presidentes de Estados Unidos en la televisión usando las palabras, “el pueblo americano”, como en la frase, “Le digo al pueblo americano que es la hora de rezar y defender los derechos del pueblo americano y le pido al pueblo americano que confíe en su presidente en la acción que va a tomar en beneficio del pueblo americano”.



Es una estratagema brillante. El lenguaje se usa hoy en día para mantener controlado al pensamiento. Las palabras “el pueblo americano” producen un cojín de tranquilidad verdaderamente sensual. No necesitas pensar. Simplemente échate sobre el cojín. El cojín puede estar sofocando tu inteligencia y tu capacidad crítica pero es muy cómodo. Esto no funciona, por supuesto, para los 40 millones de personas que viven bajo la línea de pobreza y los dos millones de hombres y mujeres prisioneras en los vastos “gulags” de las cárceles, que se extienden a lo largo de todo Estados Unidos.



Estados Unidos ya no se preocupa por los conflictos de baja intensidad. No ven ningún interés en ser reticentes o disimulados. Ponen sus cartas sobre la mesa sin miedo ni favor. Sencillamente les importan un bledo las Naciones Unidas, la legalidad internacional o el desacuerdo crítico, que juzgan impotentes e irrelevantes. Tienen su propio perrito faldero acurrucado detrás de ellos, la patética y supina Gran Bretaña.
¿Qué le ha pasado a nuestra sensibilidad moral? ¿La hemos tenido alguna vez? ¿Qué significan estas palabras? ¿Se refieren a un término muy raramente utilizado estos días, conciencia? ¿Una conciencia para usar no sólo con nuestros propios actos sino para usar también con nuestra responsabilidad compartida en los actos de los demás? ¿Está todo muerto? Mirad Guantánamo. Cientos de personas detenidas sin cargos a lo largo de tres años, sin representació n legal ni un juicio conveniente, técnicamente detenidos para siempre. Esta estructura totalmente ilegal se mantiene como un desafío a la convención de Ginebra. Esto no es sólo tolerado sino que es difícilmente planteado por lo que se llama 'la comunidad internacional' . Esta atrocidad criminal la comete un país, que se declara a sí mismo 'el líder del mundo libre'. ¿Pensamos en los habitantes de la bahía de Guantánamo? ¿Qué es lo que dicen los medios? Lo reseñan ocasionalmente
– una pequeña mención en la pagina seis. Ellos han sido consignados a una tierra de nadie de la que, por cierto, puede que nunca regresen. En la actualidad muchos están en huelga de hambre, alimentados a la fuerza, incluidos los residentes británicos. No hay sutilezas en estos procesos de alimentación. Ni sedaciones ni anestésicos. Solo un tubo insertado en tu nariz y dentro de tu garganta. Tú vomitas sangre. Esto es tortura. ¿Qué ha dicho la Secretaría Británica de Exteriores sobre esto? Nada. ¿Qué ha dicho el primer ministro británico sobre esto? Nada ¿Por qué no? Porque los Estados Unidos han dicho: criticar nuestra conducta en la bahía de Guantánamo constituye un acto poco amistoso. O estáis con nosotros o contra nosotros. Así que Blair se calla.



La invasión de Irak ha sido un acto de bandidos, un evidente acto de terrorismo de estado, demostrando un desprecio absoluto por el concepto de leyes internacionales. La invasión fue una acción militar arbitraria basada en una serie de mentiras sobre mentiras y burda manipulación de los medios y, por consiguiente, del público; un acto con la intención de consolidar el control económico y militar de Estados Unidos sobre Oriente Medio camuflado –como ultimo recurso, todas las otras justificaciones han caído por ellas mismas– como una liberación. Una formidable aseveración de la fuerza militar responsable de la muerte y mutilación de cientos y cientos de personas inocentes.
Hemos traído tortura, bombas racimo, uranio empobrecido, innumerables actos de muerte aleatoria, miseria, degradación y muerte para el pueblo Iraquí y lo llamamos “llevar la libertad y la democracia a Oriente Medio”
¿Cuánta gente tienes que matar antes de ser considerado un asesino de masas y un criminal de guerra? ¿Cien mil? Más que suficiente, habría pensado yo. Por eso es justo que Bush y Blair sean procesados por el Tribunal Penal Internacional. Pero Bush ha sido listo. No ha ratificado el Tribunal Penal Internacional. Por eso si un soldado o político americano es arrestado, Bush ha advertido que enviaría a los marines. Pero Tony Blair ha ratificado el Tribunal y por eso se le puede perseguir. Podemos proporcionarle al Tribunal su dirección si está interesado. Es el número 10 de Downing Street, Londres.



La muerte en este contexto es irrelevante. Ambos, Bush y Blair, colocan la muerte bien lejos, en los números atrasados. Al menos 100.000 iraquíes murieron por las bombas y misiles americanos antes de que la insurgencia iraquí empezase. Estas personas no existen ahora. Sus muertes no existen. Son espacios en blanco. Ni siquiera han sido registrados como muertos. "No hacemos recuento de cuerpos", dijo el general americano Tommy Franks.



Al inicio de la invasión se publicó en la portada de los periódicos británicos una fotografía de Tony Blair besando la mejilla de un niño iraquí. "Un niño agradecido", decía el pie de foto. Unos días después apareció una historia con una fotografía, en una página interior, de otro niño de cuatro años sin brazos. Su familia había sido alcanzada por un misil. Él fue el único superviviente. "¿Cuándo recuperaré mis brazos?", preguntaba. La historia desapareció. Bien, Tony Blair no lo tenía en sus brazos, tampoco el cuerpo de ningún otro niño mutilado, ni el de ningún cadáver ensangrentado. La sangre es sucia. Ensucia tu camisa y tu corbata cuando te encuentras dando un discurso sincero en televisión.
Los 2000 americanos muertos son una vergüenza. Son transportados a sus tumbas en la oscuridad. Los funerales son discretos, fuera de peligro. Los mutilados se pudren en sus camas, algunos para el resto de sus vidas. Así los muertos y los mutilados se pudren, en diferentes tipos de tumbas.



He aquí un extracto del poema de Pablo Neruda: 'Explico Algunas Cosas':




Y una mañana todo estaba ardiendo
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego,
pólvora desde entonces,
y desde entonces sangre.
Bandidos con aviones y con moros,
bandidos con sortijas y duquesas,
bandidos con frailes negros bendiciendo
venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños
corría simplemente, como sangre de niños

Chacales que el chacal rechazaría,
piedras que el cardo seco mordería escupiendo,
víboras que las víboras odiaran!

Frente a vosotros he visto la sangre
de España levantarse
para ahogaros en una sola ola
de orgullo y de cuchillos!

Generales traidores:
mirad mi casa muerta,
mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo
en vez de flores,
pero de cada hueco de España
sale España,
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,
pero de cada crimen nacen balas
que os hallarán un día el sitio
del corazón.

Preguntaréis por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas,
de los grandes volcanes de su país natal?

Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles!



Quisiera dejar claro que citando el poema de Neruda no estoy comparando de ninguna manera la República Española con el Irak de Saddam Hussein. Cito a Neruda porque en ningún otro sitio de la lírica contemporánea leí una descripción más insistente y cierta del bombardeo contra civiles.



He dicho antes que los Estados Unidos están ahora siendo totalmente francos poniendo las cartas sobre la mesa. Éste es el caso. Su política oficial es hoy en día definida como 'Dominio sobre todo el espectro'. Ése no es mi término, es el suyo. 'Dominio sobre todo el espectro' quiere decir control de la tierra, mar, aire y espacio y todos sus recursos.
Los Estados Unidos ahora ocupan 702 bases militares a lo largo del mundo en 132 países, con la honorable excepción de Suecia, por supuesto. No sabemos muy bien como han llegado a estar ahí pero de hecho están ahí.
Los Estados Unidos poseen ocho mil cabezas nucleares activas y utilizables. Dos mil están en sus disparaderos, alerta, listas para ser lanzadas 15 minutos después de una advertencia. Están desarrollando nuevos sistemas de fuerza nuclear, conocidos como 'destructores de búnkeres'. Los británicos, siempre cooperativos, están intentando reemplazar su propio misil nuclear, Trident. ¿A quién, me pregunto, están apuntando? ¿A Osama Bin Laden? ¿A ti? ¿A mí? ¿A mi vecino? ¿China? ¿París? Quién sabe. Lo que sí sabemos es que esta locura infantil -la posesión y uso en forma de amenazas de armas nucleares- constituye el meollo de la actual filosofía política de Estados Unidos. Debemos recordarnos a nosotros mismos que Estados Unidos está en una continua misión militar y no muestra indicios de aminorar el paso.
Muchos miles, si no millones, de personas en los propios Estados Unidos están demostrablemente asqueadas, avergonzadas y enfadadas por las acciones de su gobierno, pero, tal y como están las cosas, no son una fuerza política coherente, todavía. Pero la ansiedad, la incertidumbre y el miedo que podemos ver crecer cada día en los Estados Unidos no es probable que disminuya.
Sé que el presidente Bush tiene algunos escritores de discursos muy competentes pero quisiera prestarme voluntario para el puesto. Propongo el siguiente discurso breve que él podría leer en televisión a la nación. Le veo solemne, con el pelo cuidadosamente peinado, serio, confiado, sincero, frecuentemente seductor, a veces empleando una sonrisa irónica, curiosamente atractiva, un auténtico macho.
"Dios es bueno. Dios es grande. Dios es bueno. Mi dios es bueno. El Dios de Bin Laden es malo. El suyo es un mal Dios. El dios de Saddam también era malo, aunque no tuviera ninguno. Él era un bárbaro. Nosotros no somos bárbaros. Nosotros no decapitamos a la gente. Nosotros creemos en la libertad. Dios también. Yo no soy bárbaro. Yo soy el líder democráticamente elegido de una democracia amante de la libertad. Somos una sociedad compasiva. Electrocutamos de forma compasiva y administramos una compasiva inyección letal. Somos una gran nación. Yo no soy un dictador. Él, sí.. Yo no soy un bárbaro. Él, sí. Y aquel otro, también. Todos lo son.. Yo tengo autoridad moral. ¿Ves mi puño? Esta es mi autoridad moral. Y no lo olvides"
La vida de un escritor es extremadamente vulnerable, apenas una actividad desnuda. No tenemos que llorar por ello. El escritor hace su elección y queda atrapado en ella. Pero es cierto que estás expuesto a todos los vientos, alguno de ellos en verdad helados. Estás solo, por tu cuenta. No encuentras refugio, ni protección -a menos que mientas- en cuyo caso, por supuesto, te habrás construido tu propia protección y, podría decirse, te habrás vuelto un político.
Me he referido un par de veces esta tarde a la muerte. Voy a citar ahora un poema mío llamado "Muerte"




¿Dónde se halló el cadáver?
¿Quién lo encontró?
¿Estaba muerto cuando lo encontraron?
¿Cómo lo encontraron?

¿Quién era el cadáver?

¿Quién era el padre o hija, o hermano
o tío o hermana o madre o hijo
del cadáver abandonado?

¿Estaba muerto el cuerpo cuando fue abandonado?
¿Fue abandonado?
¿Quién lo abandonó?

¿Estaba el cuerpo desnudo o vestido para un viaje?

¿Qué le hizo declarar muerto al cadáver?
¿Fue usted quien declaró muerto al cadáver?
¿Cómo de bien conocía el cadáver?
¿Cómo sabía que estaba muerto el cadáver?

¿Lavó el cadáver?
¿Le cerró ambos ojos?
¿Enterró el cuerpo?
¿Lo dejó abandonado?
¿Le dio un beso al cadáver?


Cuando miramos un espejo pensamos que la imagen que nos ofrece es exacta. Pero si te mueves un milímetro la imagen cambia. Ahora mismo, nosotros estamos mirando un círculo de reflejos sin fin. Pero a veces el escritor tiene que destrozar el espejo -porque es en el otro lado del espejo donde la verdad nos mira a nosotros.
Creo que, a pesar de las enormes dificultades que existen, una firme determinación, inquebrantable, sin vuelta atrás, como ciudadanos, para definir la auténtica verdad de nuestras vidas y nuestras sociedades es una necesidad crucial que nos afecta a todos. Es, de hecho, una obligación.
Si una determinación como ésta no forma parte de nuestra visión política, no tenemos esperanza de restituir lo que casi hemos perdido - la dignidad como personas.

viernes, 19 de diciembre de 2008

El mundo de teatro que hicimos

Este mapa medio borroso refiere las alrededor de 22 mil y tantas entradas que a este blog se han dado durante el año que tiene en circulación, y que debo agradecer encarecidamente. Este Blog comenzó casi por curiosidad, por afán de hablar de un tema que apasiona a muchos, eso creo, pero del que se habla poco, o se deja todo librado al sentimiento o al momento sensorial. Creo que hacer teatro, en general, no solo en el ámbito profesional, es una forma de levantarse en el mundo (y contra él, algunas veces), e indagar las razones de nuestro periplo por este lugar.
Porque este Blog también empezó por eso, por nostalgia, nostalgia de sentarme a charlar un rato sobre teatro, y prolongar la ceremonia. ¿Qué otra cosa mejor ofrece el mundo? Sentarse a dejar pasar las cosas para encontarrles una forma.
Ahora estoy pensando en qué más puede ser este Blog, y he hablado ya con alguna gente para que se sumen y posteen junto con este servidor. Es algo de lo que hablaré un poco adelante. ¡Mientras tanto, otra vez, les ofrezco ver el dibujo sobre el mapamundi que hicimos juntos este año pasado!

lunes, 10 de noviembre de 2008

Cuando el barco hace agua



Nota casi de disculpas: Sí, sé que me di vacaciones sin previo aviso, y agradezco el creciente número de lectores que llegaron a este Blog mientras estuve fuera. Es como si lo hiciera mejor mientras menos escribo, gulp! Prometo regularidad.


Ni la victoria de Obama ni la alegría de saber que se fue Del Castillo me dan buenos augurios para el futuro, nacional o mundial. El asunto ése de la crisis financiera ha empezado ya a carcomer muchas de las instituciones culturales más célebres de los EEUU, como reseña inmejorablemente aquí El País. Esta nación, que en el plano cultural se había acostumbrado a vivir del donativo está empezando a poner en jaque a sus artistas. Solo quedarán en pie los presupuestos que se ajusten mejor al mercado, y eso, los peruanos lo sabemos bastante bien, es la invitación a que se instale la francachela y la estupidez que vende mejor. Ahora bien, con lo mucho que me interesa, el tema no me llega a preocupar: diré con refinado egoísmo que esa manera de practicar la cultura, las artes en general, están condenadas a lo que pueda ofrecer un sistema como el capitalista, lo que quiera y como quiera. Diríamos que el sistema capitalista se comporta con los artistas como lo hace Herr Puntila con su criado Matti (en la célebre obra que Brecht le robó a la Wuolijocki): en épocas de estrechez, sobriedad, ni una sonrisa; en épocas de derroche y borrachera, muchos recursos.
Al margen de ello, no sería nada despreciable echar una miradita a la cantidad de dinero que Lehmann y Brothers dieron a la cultura americana de estos últimos años. Y luego pasar a preguntarse si el papel de la cultura como conciencia social y comunitaria es poco menos que una broma de mal gusto cuando se halla tan supeditada a los vaivenes de los poderosos. Así, de nada vale preguntarse por el to-be-or-not-to-be, ni mirar con lúcido pesimismo beckettiano el mundo: el mundo real se burla de los artistas porque ellos han dejado de ser la conciencia de este sistema, hace mucho, mucho tiempo.

P.S. Cuando hace agua el barco... Esta nota lo ilustra todo.

lunes, 13 de octubre de 2008

La crisis, Bird and Fortune

Sí, pues ni siquiera de este mundo de teatro la crisis financiera mundial pudiera estar alejada. En poco tiempo todos la tendremos en la punta de los labios como los actores novatos aprenden su única línea en escena: fue culpa de la crisis. Bueno, pero no quiero ponerme ni de lado de los apocalípticos ni de los integrados, sino de los simples. ¿Qué otra cosa hacer con esto? ¡¡Comedia!! La mejor solución desde Aristófanes y Plauto ante el descalabro que se arma por todo lado con la anuencia del misterio que ahora llaman, pa´ponerse científicos, "efecto mariposa".

Bueno basta de cháchara: hallé este magnífico sketch de los celebradísmos cómicos británicos Brenmer, Bird and Fortune, un show con largos años en la Tv londinense. En ella se satiriza, claro, pero se explica asombrosamente bien la payasada (con perdón de los payasos) que está costando millones de vidas condenadas al hambre. O sea que hay disfrute y hay lecciones que aprender, ¿qué más pedir? Tiene subtítulos. Ojalá les guste.


jueves, 2 de octubre de 2008

Boadella, a todo vapor


Entre lo poco que hay para leer sobre teatro en los medios de nuestra lengua (que valga la pena, digo) me encontré con esta copia de un chat de Albert Boadella en El Mundo, en España. Boadella es el fundador de Els Joglars, el famoso grupo de Cataluña, y en este pingpong mediático, como es característico con él, se despacha a su gusto. Altamente recomendable. Algunas preguntas son muy de contexto español, pero varias son sabias máximas sobre este mundo de teatro y la profesión de cómicos que muchos hemos elegido -dentro y fuera del escenario.
Aquí está el enlace, disfrútenlo. Y para los que quieran más, este enlace los conduce a la Página de Els Joglars.